sábado, 2 de mayo de 2015

Vargas Llosa en un cine

Al salir del cine (Plaza de los Cubos, aquí en Madrid), ayer por la tarde, caminaba delante de mí Mario Vargas Llosa en el vestíbulo acristalado. Él había visto otra película. Iba acompañado, llevaba un elegante traje azul marino que nadie sabría lucir como él, de la misma forma que nadie es tan pulcro ni sonríe como él hace, ni luce un pelo blanco como el suyo. Si no me equivoco, pronto cumplirá 80 años. Sujetó la puerta a un par de personas antes de permitirse salir. Yo iba apenas a un paso, con mi mujer y mi hija, y percibí su aura, su gran aura, y tuve al mismo tiempo una especie de revelación que sentiría ganas de escribir con mayúscula: que (más allá del gusto literario o la consideración en que uno tenga a este maestro) nunca yo tendría una milésima de su fama ni sería capaz de escribir del modo constante y torrencial que él ha demostrado, ni aunque cambiara mi forma de vida y el escribir se convirtiese en una parte fundamental y casi agónica. Mi hija quería tomar un "frapuccino" porque sus amigas suelen tomarlo y ella aún no lo había probado y era cuestión además de selfie por compartir en sus redes. Yo no sabía lo que era esa bebida, ni dónde ir, y ella me dijo ¡papá, es aquí mismo, en la plaza, en el Starbucks! ¿Es el escritor más conocido de todo el planeta? -me preguntó mientras le iban preparando en el vaso, con su nombre, Candela, el combinado cremoso de chocolate y xxxxxxx y helado italiano-. La revelación se me hacía, entretanto, presente, se completaba en la cafetería mientras observaba al camarero esmerarse. Incluía la idea de que Ernesto Calabuig sería para siempre un escritor de relato más o menos breve, capaz de emocionar y profundizar y ser preciso con las palabras y los sentimientos. Y hasta ahí. Y uno debería estar contento de llegar a esa media distancia y perfeccionarse y sacar de sí las historias que giran en su cabeza y le son propias. Los alemanes no tienen problema en mostrar respeto a los grandes con un simple pero sincero "Respekt!". Pues eso, respeto.

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Autores de los que me ocupé en la Revista "Quimera" entre 2001 y 2006

  • Álvaro Pombo, W. G. Sebald, Günter Grass, Paul Theroux, A.S. Byatt, David Leavitt, Marcos Giralt, Martin Amis, Ian McEwan

Colaboraciones con "Nueva Revista" 2001-2002

  • Traducción del alemán del artículo de Richard Herzinger El consumo como meta (Endziel Konsum, Die Zeit, 2-11-00) que en Nueva Revista aparece como La americanización del globo, pp. 47-55 (mayo-junio 2001)
  • Traducción del alemán del discurso anual berlinés (Berliner Rede) del presidente alemán Johannes Rau, dedicado a los límites de la biopolítica, que tiene por título ¿Irá todo bien? Por un progreso a escala humana. (Wird alles gut? Für einen Fortschrift nach menschlichem Mass). Nueva Revista, pp. 46-64 (julio-agosto 2001)
  • Artículo publicado en la sección Literatura, titulado: Álvaro Pombo: la exaltación y el Reino. pp. 131-137 (Sep-Oct. 2001)
  • Traducción del alemán del relato de E.T.A Hoffmann titulado Haimatochare. Nueva Revista, pp. 158-171 (julio-agosto 2002)

Colaboración en Revista de Occidente (Oct. 2007)

  • Artículo titulado "Lo que el corazón lleva", acerca de la novela de Luis Mateo Díez "La piedra en el corazón"(Galaxia Gutemberg, Círculo de lectores. Barcelona, 2006)