MARU BERNAL Y EL ULTIMO DÍA DE UN HEROE GRIEGO

Quienes
tuvimos la suerte de leer otros poemarios de Maru Bernal como “No todos
volvimos de Troya” o “Rumores yámbicos” celebramos este breve pero intenso “cuaderno”
gijonés de 2026 que es el "Heracles del monte Eta”. La poesía, la mitología
y la reflexión filosófica sobre el azar, la vida y el modo en que nos alcanzan
sin aviso los cambios y las desgracias, conviven aquí con gran hermosura y
delicadeza. Porque apenas "ayer nos sentíamos exaltados" –escribe la
autora- pero la vida "te zarandea, te desgarra, te devora a mordiscos y
sigue su camino sin mirar atrás". Como suele ocurrir en las obras de esta
poeta, filóloga clásica, profesora y actriz (nacida en Barcelona, pero afincada
en Cantabria desde hace muchos años), la palabra dice y suena de verdad también
a lo largo de este breve texto que condensa la esencia de su escritura, su
propia y habitual mirada intensa y certera, diríamos “visionaria”. Las imágenes
nos llegan, nos abordan, nos apelan, nos habitan por unos instantes
invitándonos a un hermoso viaje a lugares remotos y sagrados, donde encontramos
tanta belleza como dolorosa sabiduría.En esa mezcla se dirime todo, como en el
regalo envenenado que recibe Heracles, ese manto sobre los hombros que se le ajusta
tan bien al cuerpo mientras él se cree aún capaz de conquistar y de
"asediar", ignorante de la venganza que se ha urdido o del advenimiento del que será
su último día. El bello ropaje queda descrito nada menos que como "las costuras del
sudario". La historia que aquí se cuenta no se ciñe a la caída en
desgracia de un héroe griego, sino que la trasciende y nos afecta. Nos apela. Se
proyecta en nosotros como si nos advirtiese e incluyese como seres humanos, mortales que
habitamos este mundo. No es casual que afirme Maru Bernal en su introducción: “Solemos
recordar con precisión de orfebre el día en que se desencadena la tragedia en
nuestras vidas”.