domingo, 14 de julio de 2013

Figuras de la literatura alemana contemporánea. Judith Hermann


Figuras de la literatura alemana contemporánea
JUDITH HERMANN, una casa de verano y una tal Alice 

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Parece que cada vez que regreso a Alemania, regreso también a los libros de Judith Hermann (Berlín, 1970). He releído estos días su Sommerhaus, später (Casa de verano, más tarde), primero de sus libros de relatos, aparecido en 1998. El verano anterior había hecho lo mismo con Alice (2010). Miro mis notas sobre ambas obras y algunas de mis “consideraciones literarias” me recuerdan a las de los catadores de vinos. Leo cosas como: Prosa alemana limpia y clara. Delicada y poética, pero con una dureza y aspereza de fondo que evita cualquier tentación de cursilería. Judith Hermann está en el mundo. De ahí su lucidez.

No sé si porque mantuve una breve correspondencia (vía facebook) con la autora argentina Samanta Schweblin al respecto de Hermann (ambas iban a coincidir en ciclo de conferencias en Berlín), o simplemente porque llevaba tiempo queriendo hacerlo, intento ahora “montar” y desarrollar esos apuntes para dar una idea de lo que me parecen las coordenadas fundamentales en las que se mueve/escribe esta interesante autora contemporánea.

Debería empezar por destacar su afinada capacidad de observación. Su precisión al analizar los sentimientos de pareja, la incomunicación de fondo que se da incluso entre las personas aparentemente más unidas, la imposibilidad última de conocerse.  A veces Alice observa a Raymond (como en el lago) con una especie de curiosidad distante de entomólogo. Son mundos tan compartidos como separados.

En Alice, escenas aparentemente leves, se erigen de golpe y estallan ante el lector con todo su dramatismo (como en ese fragmento en que la monja de hospital, curiosa, pregunta a la protagonista a qué se había dedicado el moribundo Micha, algo demasiado largo y complejo para resumírselo en unas palabras): “Alice hatte gedacht, dass diese Nonne niemals mehr sehen würde, wie Micha gewesen war, wie er ausgesehen, gesprochen, geflucht und gelächelt hatte, wie er durchs Leben gegangen war. Sie sah nur den Sterbenden. Entging ihr etwas?” (Alice había pensado que esa monja nunca vería como había sido Micha, qué aspecto tenía, cómo hablaba, maldecía y sonreía, cómo había sido su paso por la vida. La monja veía sólo al moribundo. Se le escapaba a ella algo?

También en la segunda historia del libro, Conrad, aparece esa incapacidad de describir del todo, con justicia,  a quien acaba de dejarnos.

Judith Hermann sabe lograr intensidad y buen suspense a partir de lo cotidiano. Mucho suspense hay en el encuentro de hotel entre Alice y el anciano Friedrich. O bien deja lugar a lo conmovedor: el misterioso tío Malte muere y Alice nace un mes después. Traduzco ese párrafo : “Alice no conoció a Malte. Malte hubiera sido su tío de no haberse quitado la vida en un día de marzo de hace cuarenta años. Alice vino al mundo en abril, a la vida. Un mes después. Pero para entonces ya estaba Malte bajo la hierba verde. Piedras, jazmín y rododendros sobre su tumba. Tú eres la luz en nuestra oscuridad, había escrito la abuela de Alice, madre de Malte, en su calendario con caligrafía clara y consciente”. Impresiona el final de ese relato, “Malte”, donde la protagonista parece diluirse con gusto entre los pasajeros de estación, difuminarse hasta desaparecer.

Por otro lado, es una autora que te permite pensar, no cierra del todo lo dicho. Queda abierto un “por decir”. Lo sugerido, lo esbozado, lo prometedor… Hay enumeraciones tan eficaces como la de la pag. 160 de la edición alemana en el cuento “Raymond”: el mundo que surge y parece regresar y colarse en el presente a partir de una vieja chaqueta de quien ya murió. Algunas historias sólo se apuntan desde fragmentos o se van dejando ver. El lector puede hacerse su propia composición. No es necesario saber TODO lo que ocurrió en esa vieja historia de amor entre Alice y Micha.

En Hermann hay destellos de Virginia Woolf, de Ingeborg Bachmann o de Alice Munro, pero es, al mismo tiempo, “muy personal”. Produce inesperados aciertos, sorpresas eficaces. (De verdad que la mujer viuda que empaqueta los objetos de su marido para la Cruz Roja podría ser un personaje de Munro). Todas las historias del libro “Alice” son un ejercicio sobre la perplejidad de la pérdida.

Logradas son las mezclas de pasado y futuro. Otras edades, otro tiempo. Los signos que se intercambian entre los textos. El fértil experimento de volver ancianos a los personajes de Alice y Raymond en el último cuento, donde exhibe un narrar sabio y reposado.

 

                                               (2)

Quizá la gran experiencia de fondo en la lectura de esta autora berlinesa consista en ese permitir asomarnos sin ruido a una serie de vidas cotidianas y en percibir los detalles sutiles de lo que nos ofrece. Ella no obstaculiza, no es ella la que se presenta y vive delante de nosotros, sino sus personajes. Describe con maestría un tipo de pareja muy alemana, pero también muy europea-contemporánea y extendida en el mundo occidental: hombres y mujeres que conviven de uno u otro modo, a los que ella acerca su “cámara”. Por mucho amor que haya entre ellos, por mucha intimidad o distancia corta, son siempre entidades separadas, incomunicables, en lo más íntimo de su ser. Pienso ahora en las historias de la colección Sommerhaus später y recuerdo, por ejemplo, la frialdad y pasividad extrema del amante medio ruso (y medio pisciforme) de esa gran historia que es Rote Korallen. Como pienso en lo que, simultáneamente, sucede y no sucede en esa isla de Hurrikan. Con esa manera de ser tan geistesabwesend, tan ausente en espíritu, de Christine en este relato. Porque hay una irrealidad de fondo en todo lo que sucede en privado. De ahí que la mujer de Corales rojos perciba cómo “Die Tage waren still und wie unter dem Wasser” (Los días transcurrían tranquilos y como bajo el agua”) Pero, por encima de todo, el MAGISTRAL cuento Sonja: esa criatura misteriosa y delicada (y desconocida del todo), que está y no está, al mismo tiempo, en la vida del pintor berlinés protagonista desde el primer momento en que se encuentran  y conocen en el  ICE (tren de alta velocidad), regresando ambos de Hamburgo a Berlín. Una vez que se tratan, la atractiva pero extraña Sonja (y la mera posibilidad de una vida futura en común) llega a inspirarle miedo, miedo de una persona reservada que no habla apenas, que no quiere quedarse a dormir con él, que lo mira con grandes ojos admirados en su estudio de pintor, pero que, de algún modo, no se deja querer, o no del todo.

            A veces Hermann nos habla de mujeres jóvenes desvalidas (como en Ende von Etwas/ Final de algo) a las que les cuesta aceptar los achaques de salud y la crueldad de una abuela en el tramo final de su vida, una abuela que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. La historia nos llega desde una cafetería donde la protagonista se la confía a un buen amigo.

En otras ocasiones la incapacidad real de quererse y comunicarse, o el estado helado, errante y vulnerable en el que uno queda tras la separación, se presenta al hilo del mundo superficial y salvaje de las fiestas nocturnas del mundo cultural berlinés, entre drogas de diseño, alcohol y sexo rápido. Es el caso de Bali-Frau, la mujer de Bali. La protagonista desea, pero ya no puede, recuperar su relación anterior. Se deja llevar a una de esas fiestas, y, el hecho de conocer a otros, dejarse llevar hacia una nueva relación, es algo que uno ya haría casi sólo como autómata o fantasma. La irrealidad y el frío recorren este hermoso y desesperado relato.

Grande y poderosa también la historia de ese hotel-residencia de ancianos en Hunter Tompson Musik, con la compasión tardía e ineficaz por el anciano solitario de uno de los apartamentos, pues los muros del tiempo, la distancia con la muchacha joven, es del todo imposible de salvar o recorrer. Hermann nos presenta todo el micromundo de ese hotel neoyorkino venido a menos, la dialéctica feroz entre los huéspedes que lo habitan. El regalo imposible, la comunicación imposible entre dos generaciones tan alejadas como el anciano y la chica joven, la sensación de él de haber quedado fuera de juego, como también le ocurre a su viejo amigo Lenny de la tienda, con sus objetos y electrodomésticos anticuados, detenidos en otro tiempo, que nadie ya busca (“Ich sitze hier nur noch. Ich verkaufe nichts mehr” (Tan sólo me siento y ya no vendo nada). Cuánta intensidad en ese final, con la espera y el “legado” del anciano a la joven en forma de viejos casetes favoritos y una puerta entre ambos, infranqueable, hecha de lejanía y con todo el grosor de montañas y toneladas de tiempo.

Esa misma intensidad la encontramos en la relación de la mujer y el taxista Stein, en el cuento que da título a la colección. Ella, su viejo amor, arrastrada (física y emocionalmente) por la agresividad y locura del hombre (pero también por su poesía, por su fijación amorosa casi infantil). De nuevo el invierno del corazón, el frío del exterior y del interior. Porque, tal como se dice en el cuento Dieseits der Oder: “En el recuerdo siempre el invierno” (In der Erinnerung immer Winter). Dentro de ese frío también se guarda el secreto. Por eso todo el tiempo te preguntas qué fue lo que le había hecho Anna a Koberling en el pasado, cuál fue el origen de su trastorno, de su desinterés y casi odio, cuando ella se presenta de visita en la casa de campo por sorpresa quince años después, como si nada hubiese ocurrido. Porque J. Hermann sabe también bucear en aquello que hace morbosas las relaciones sentimentales. Ese es –para terminar- el asunto de Camera Obscura, donde nos coloca ante la fascinación (atracción-repulsión) de la actriz Marie por un fotógrafo tan influyente y poderoso en el medio cultural, como diminuto, feo y maltrecho. Pero sobre todo inquietante. Ahí, ser amada parece equivaler a ser fagocitada por el pequeño monstruo, a dejarse ir hasta convertirse en víctima del sacrificio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Comentario muy acertado y empático. Gracias, Luisa Callejón

Autores de los que me ocupé en la Revista "Quimera" entre 2001 y 2006

  • Álvaro Pombo, W. G. Sebald, Günter Grass, Paul Theroux, A.S. Byatt, David Leavitt, Marcos Giralt, Martin Amis, Ian McEwan

Colaboraciones con "Nueva Revista" 2001-2002

  • Traducción del alemán del artículo de Richard Herzinger El consumo como meta (Endziel Konsum, Die Zeit, 2-11-00) que en Nueva Revista aparece como La americanización del globo, pp. 47-55 (mayo-junio 2001)
  • Traducción del alemán del discurso anual berlinés (Berliner Rede) del presidente alemán Johannes Rau, dedicado a los límites de la biopolítica, que tiene por título ¿Irá todo bien? Por un progreso a escala humana. (Wird alles gut? Für einen Fortschrift nach menschlichem Mass). Nueva Revista, pp. 46-64 (julio-agosto 2001)
  • Artículo publicado en la sección Literatura, titulado: Álvaro Pombo: la exaltación y el Reino. pp. 131-137 (Sep-Oct. 2001)
  • Traducción del alemán del relato de E.T.A Hoffmann titulado Haimatochare. Nueva Revista, pp. 158-171 (julio-agosto 2002)

Colaboración en Revista de Occidente (Oct. 2007)

  • Artículo titulado "Lo que el corazón lleva", acerca de la novela de Luis Mateo Díez "La piedra en el corazón"(Galaxia Gutemberg, Círculo de lectores. Barcelona, 2006)