miércoles, 14 de enero de 2009

De críticos y Virginia Woolf


Hay críticos que permiten ver a través de ellos (entran en el texto pero dejan al libro y al autor ser) y otros que opacan, entorpecen, no muestran nada, no rozan el libro -ni al autor-salvo para maltratarlo o malentenderlo, o tal vez utilizan la obra para hablar de sí mismos y lucir sus abstrusos e inquietantes conceptos de narratología (dicen "actante" en lugar de personaje, o "analepsis" en vez de salto atrás etc.) Me gustaría pensar que pertenezco al primer grupo y que muestro o ilumino algo. Puedo asegurar que, al menos, me esfuerzo cada vez en ello.
En cualquier caso, nos queda siempre una "deformación profesional". No puedo leer ya un sólo texto sin la compañía de un lápiz y un cuaderno de notas. ¡Ey, pero si esta novela te la regalaron por Reyes (te la trajeron los propios Reyes), no tienes que reseñarla! ¡No la llenes de apuntes y subrayados! Qué le vamos a hacer. Uno subraya y marca hasta libros que no son suyos.
Todo esto es sólo para hablar de una lectura reciente que me recomendó María: un ensayito de Virginia Woolf titulado Estar enfermo, publicado por la universidad Nacional Autónoma de México. (Aunque decir "ensayito" en el caso de Woolf es siempre injusto, como sabe bien quien haya leído esa breve y poderosa obra que es Un cuarto propio. ¿Y quién llamaría "novelita" a la cumbre de La señora Dalloway? Que no engañe la extensión). Bien, pues los críticos a menudo opacan y entorpecen (u opacamos y entorpecemos), y en ese ensayo está hablando Virginia Woolf del modo tan diferente de leer y de relacionarnos con los libros cuando estamos enfermos, a solas con los textos, y yo quiero citar ahora sus palabras: "Precisamente imprudencia es lo que necesitamos para leer a Shakespeare. No es que debamos dormitar al leerlo, sino que cuando estamos conscientes y alertas, su fama intimida y aburre, y todas las opiniones de todos los críticos nublan en nosotros ese trueno de convicción, que, si es una ilusión, sigue siendo una ilusión muy útil, un placer prodigioso, un estímulo muy penetrante al leer a los grandes (...) Con el zumbar de la crítica por todas partes, uno puede aventurar las conjeturas propias en forma privada, hacer anotaciones al margen. Pero saber que alguien ya lo ha dicho antes, o lo ha dicho mejor, le resta entusiasmo. En su majestuosa sublimidad, la enfermedad hace todo eso a un lado y no deja más que a Shakespeare y a uno mismo. Con su petulante poder y nuestra petulante arrogancia, las barreras se derrumban, los nudos se alisan, el cerebro repica y retumba con El rey Lear y Macbeth..."

2 comentarios:

María dijo...

Me alegro mucho de que te haya gustado. Ya sabes: la próxima gripe aprovecha para leer a Shakespeare. Gracias

Ernesto Calabuig dijo...

Gracias a ti por el consejo y por el comentario. Besos

Autores de los que me ocupé en la Revista "Quimera" entre 2001 y 2006

  • Álvaro Pombo, W. G. Sebald, Günter Grass, Paul Theroux, A.S. Byatt, David Leavitt, Marcos Giralt, Martin Amis, Ian McEwan

Colaboraciones con "Nueva Revista" 2001-2002

  • Traducción del alemán del artículo de Richard Herzinger El consumo como meta (Endziel Konsum, Die Zeit, 2-11-00) que en Nueva Revista aparece como La americanización del globo, pp. 47-55 (mayo-junio 2001)
  • Traducción del alemán del discurso anual berlinés (Berliner Rede) del presidente alemán Johannes Rau, dedicado a los límites de la biopolítica, que tiene por título ¿Irá todo bien? Por un progreso a escala humana. (Wird alles gut? Für einen Fortschrift nach menschlichem Mass). Nueva Revista, pp. 46-64 (julio-agosto 2001)
  • Artículo publicado en la sección Literatura, titulado: Álvaro Pombo: la exaltación y el Reino. pp. 131-137 (Sep-Oct. 2001)
  • Traducción del alemán del relato de E.T.A Hoffmann titulado Haimatochare. Nueva Revista, pp. 158-171 (julio-agosto 2002)

Colaboración en Revista de Occidente (Oct. 2007)

  • Artículo titulado "Lo que el corazón lleva", acerca de la novela de Luis Mateo Díez "La piedra en el corazón"(Galaxia Gutemberg, Círculo de lectores. Barcelona, 2006)