viernes, 31 de octubre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
domingo, 5 de octubre de 2014
"Caminos anfibios" en Revista Mercurio
Alejandro Luque escribe esta breve pero hermosa pincelada sobre mis "Caminos anfibios" en el número de octubre de Mercurio:
http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/fotografias-movidas/
http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/fotografias-movidas/
martes, 30 de septiembre de 2014
Una buena presentación
Creo que el diálogo con Javier Morales el jueves pasado en la librería Rafael Alberti, en la presentación de sus "Ocho cuentos y medio", mereció de verdad la pena. No siempre las presentaciones salen como uno quiere, pero en ésta hubo un ambiente cálido, natural, y una conversación que -pienso- dio bastante juego. Cuelgo aquí unas pocas fotos:


martes, 16 de septiembre de 2014
Mis "Caminos anfibios" recorridos por Miguel Ángel Muñoz
Esta es la profunda y fina reflexión de Miguel Ángel Muñoz en El Síndrome Chejov acerca de mis relatos de "Caminos anfibios":
http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2014/09/caminos-anfibios-ernesto-calabuig.html
http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2014/09/caminos-anfibios-ernesto-calabuig.html
lunes, 15 de septiembre de 2014
viernes, 15 de agosto de 2014
BOLAÑO y su "Estrella distante"
Me gustaría decir que “releo” la Estrella distante de Bolaño, pero en realidad esta es mi primera -y
muy tardía- lectura. Por mucho que uno lea, siempre llega tarde a la cita con
libros importantes. La suerte es que este tipo de obras saben esperarnos y no
nos reprochan la demora, siguen intactas, disponibles, dispuestas para
recibirnos. En el caso de Estrella distante, queriendo brillar para hacernos
partícipes, desde las primeras páginas, del emerger de la figura diabólica del
supuesto poeta autodidacta Ruiz-Tagle (Carlos Wieder) en tiempos de pre-golpe
chileno, de los destellos crecientes del monstruo, del torturador disfrazado en
aquel entonces aún de joven artista. No tarda en llegar la densidad narrativa
que siempre logra Bolaño (sí, sigue logrando, no cabe aquí el pretérito imperfecto),
su misterioso talento sobreabundante que desborda los límites de sus historias
como si le faltara espacio y, sobre todo, tiempo. Porque la de Bolaño –después
supimos- era una carrera veloz, agónica, para darlo todo, para expresar pronto,
como si lo volcara, lo mucho que tenía dentro. Pero estamos en medio de unos talleres de poesía. Es
1973. Y en medio del grupo –entre gente libre y llena de sueños, gente capaz de
amar- crece entre palabras la sombra del teniente-aviador Carlos Wieder, de la
Fuerza Aérea Chilena. El supuesto aviador-poeta. Pronto llegará el Golpe. Años
después, la búsqueda emprendida por el amigo Bibiano, su seguir las pistas de
Juan Stein y de Soto en el exilio (poetas profesores de aquellos talleres),
recuerda en la lejanía a otra desesperada búsqueda, la del
escurridizo/fantasmal Archimboldi en 2666.
Cómo explicar todo lo que Roberto Bolaño va abriendo frente a tus ojos, y en tu
mente, mientras lo lees, ese despliegue a la vez humano y sobrehumano, contingente
y necesario. A veces los monstruos son capaces de inquietar y superar a sus propios hermanos de armas y sangre. Así Wieder –tras la exhibición aérea por el cielo de
Santiago entre nubes de tormenta- con su macabra exposición fotográfica en una
pequeña sala donde se entra en fila de uno: el puro horror fotografiado, la
constancia seriada de lo inhumano. Y Bolaño encaminándonos hacia el giro final:
dar con el paradero del criminal Carlos Wieder una vez que aparece esa figura
necesaria, Romero, el sagaz ex policía en otro tiempo condecorado por Allende. Cuando
ya piensas que Bolaño se ha perdido por digresiones acerca del submundo del
cine porno y una profusa relación de revistas literarias de la extrema derecha…
de nuevo te ves en la persecución del macabro Wieder y ya nada va a distraerte.
Han pasado veinte años de la barbarie, pero los verdugos siguen teniendo sus
horas de tomar café por mucho que se encuentren bien lejos. Y todo tenía y
tiene, pues, sentido en la narración, y ya no parece haber una palabra de más ni de menos: nada
falta, nada sobra, porque ese tramo final es simplemente adecuado, justo,
perfecto.
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lunes, 4 de agosto de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
Teoría de la supercompensación
Cuando yo era un joven atleta, corredor de mediofondo, tuve un entrenador, Antonio Postigo, que estaba absolutamente obsesionado por la "teoría de la supercompensación". Básicamente significa no conformarse con entrenar suave, sino, al contrario, sobrecargar el cuerpo, exigirse. La teoría es: el que entrena lento se queda lento. El que entrena a ritmo duro recibe, en cambio, la recompensa de un cuerpo veloz, preparado para sorpresas de cambios de ritmo en la competición, etc. Con aquellos entrenamientos salvajes, progresábamos deprisa, pero también muchos se quedaban, o nos quedábamos, por el camino (o llegabas a fin de temporada roto). Me pregunto qué será en literatura algo parecido a la supercompensación. Es obvio que no se trata de escribir una novela o dos al año por una suerte de inercia de "escritor profesional" (eso ya lo hacen Pombo, Reverte, Luis Mateo Díez... y tantos otros grafómanos que cumplen su contrato editorial incluso sin tener mucho o nada nuevo por decir). Como dijo Eliot, One can write too much. Creo que la supercompensación literaria tiene más que ver con no soltar el hueso de la creación, con ser un instrumento abierto y afinado, y un lector voraz, casi enfermo, como lo era Bolaño.
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miércoles, 16 de julio de 2014
"Caminos anfibios" reseñado por Guillermo Busutil en la prensa de Málaga
Guillermo Busutil escribió el pasado sábado un poético artículo en La opinión de Málaga sobre mis "Caminos anfibios". Y si yo fuese un hombre tecnológico como Dios manda, sabría subir un PDF aquí para compartirlo en condiciones. Gracias de corazón, Guillermo.
(Este es el texto, publicado con el título Ángeles de Wenders):
"Muchos libros se abren con una cita. Una frase rotunda que viene a ser la atmósfera de lo que el lector va a encontrarse dentro. El espíritu de las historias que desarrollan esa cita. ¿Como se escoge una cita? ¿Es primero la poética o el escritor es el que determina la búsqueda de una frase? Hay veces que una cita es suficiente. En cambio, otras, se puede contraponer otra idea diferente, la opción de otra poética. Y también es razonable que sean varias citas las que se complementen, igual que si fuesen los versos de un poema. El listado de aquello que el autor no va a traicionar dentro. No le he preguntado a Ernesto Calabuig qué opina al respecto. Tampoco por qué no ha colocado citas en el porche de su tercer libro de relatos Caminos anfibios, finalista del Premio Ribera de Duero. Tal vez ha sido su habitual timidez la que le ha empujado a poetizar el alma de su libro en el tercer relato (igual que el corredor de medio fondo que suele esconderse las primeras vueltas) abierto por estas citas. “El pasado nunca deja de moverse aunque parezca inmóvil. Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.” Rodrigo Fresán. “Porque lo que está nos habla y lo que no está nos interroga”. Claudia Piñerio. La poesía de sus espléndidas narraciones perfectamente descritas. Sus personajes latiendo como una sombra bajo el agua. La vida en unas líneas. Dos hermosas maneras de sintetizar el alma de las trece historias acerca del pasado, del recuerdo, de la literatura, protagonizadas por unas criaturas que son ángeles de Wenders que no saben del camino sobre el hielo. Los únicos capaces de hacerlo con éxito son Herzog y Kinski. Dos caras de la misma locura con la que un personaje de Calabuig no puede competir cuando una llamada de teléfono reactiva su pasado. Ángeles de Wenders que también observan lo que están a punto de perder, la identidad que se perturba o resbala en el aire. Y también el amor de cerca y a distancia, tentados o cayendo en su vértigo, sin saber si el amor es un secreto hasta que se descifra su publicidad engañosa, hasta que se reduce a una mínima pulsera azul de cuentas árabes o a un esquema pausado, amistoso y tranquilo hasta que irrumpe el deporte.
(Este es el texto, publicado con el título Ángeles de Wenders):
"Muchos libros se abren con una cita. Una frase rotunda que viene a ser la atmósfera de lo que el lector va a encontrarse dentro. El espíritu de las historias que desarrollan esa cita. ¿Como se escoge una cita? ¿Es primero la poética o el escritor es el que determina la búsqueda de una frase? Hay veces que una cita es suficiente. En cambio, otras, se puede contraponer otra idea diferente, la opción de otra poética. Y también es razonable que sean varias citas las que se complementen, igual que si fuesen los versos de un poema. El listado de aquello que el autor no va a traicionar dentro. No le he preguntado a Ernesto Calabuig qué opina al respecto. Tampoco por qué no ha colocado citas en el porche de su tercer libro de relatos Caminos anfibios, finalista del Premio Ribera de Duero. Tal vez ha sido su habitual timidez la que le ha empujado a poetizar el alma de su libro en el tercer relato (igual que el corredor de medio fondo que suele esconderse las primeras vueltas) abierto por estas citas. “El pasado nunca deja de moverse aunque parezca inmóvil. Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.” Rodrigo Fresán. “Porque lo que está nos habla y lo que no está nos interroga”. Claudia Piñerio. La poesía de sus espléndidas narraciones perfectamente descritas. Sus personajes latiendo como una sombra bajo el agua. La vida en unas líneas. Dos hermosas maneras de sintetizar el alma de las trece historias acerca del pasado, del recuerdo, de la literatura, protagonizadas por unas criaturas que son ángeles de Wenders que no saben del camino sobre el hielo. Los únicos capaces de hacerlo con éxito son Herzog y Kinski. Dos caras de la misma locura con la que un personaje de Calabuig no puede competir cuando una llamada de teléfono reactiva su pasado. Ángeles de Wenders que también observan lo que están a punto de perder, la identidad que se perturba o resbala en el aire. Y también el amor de cerca y a distancia, tentados o cayendo en su vértigo, sin saber si el amor es un secreto hasta que se descifra su publicidad engañosa, hasta que se reduce a una mínima pulsera azul de cuentas árabes o a un esquema pausado, amistoso y tranquilo hasta que irrumpe el deporte.
EL CINE, LA TELEVISIÓN, los mundos postizos y los confortables, los que a pesar de su rutina un día inquietan -como aprendió de Handke- o se convierten en una canción de Hilario Camacho susurrando recuerdos en segundo plano a los que los personajes tienen que enfrentarse, son las atmósferas de estas piezas en las que cada protagonista y su envés abordan la angustia de enfrentarse a las rachas de viento del destino, al alarido Sternezeinchen de un mago iluminando zonas oscuras dentro de un sueño, dentro también de la vida que uno esconde, como si hubiese olvidado que somos responsables de nuestra identidad, de sus defectos y frustraciones, de la vida de la que una vez huimos. Lo aprendió Calabuig de Max Frisch. Lo mismo que sabe las razones que asolan actualmente al mundo de los escritores, de los editores, de los artistas incapaces de reinventarse, de hacer que vuelva a importar la calidad y el trabajo bien hecho. Que de vez en cuando hace falta que un tipo duro, consecuente y honesto, como Lou Grant o Ed Asner, atrone la voz e imponga un basta de lo mediático y lo comercial para regresar a lo educativo y cultural. No se esconde Calabuig en sus cuentos. Puede que alguno de sus personajes no sea consciente del todo de los efectos secundarios del coqueteo, que ignore que la memoria es una tienda de campaña a la que escaparse de vez en cuando a solas en medio de cualquier parte. Son gente austera, sienten la culpa, saben que a veces la imaginación es como una trinchera en medio de la guerra. Son humanos ángeles de Wenders. Por eso Calabuig los quiere y los salva, y cuando se sienten más perdidos, entre el barro de la orilla, la tormenta turbia del agua y el gris grueso del viento, la voz suave de la memoria les cosquillea al oído: regresa, aún te queda por hacer".
sábado, 28 de junio de 2014
"CAMINOS ANFIBIOS" visto por ÁNGEL ZAPATA
Que un escritor como ÁNGEL ZAPATA diga en facebook esto de mi último libro, significa MUCHO MUCHO para mí:
"Caminos anfibios, de Ernesto Calabuig García, comunica ese placer de la buena conversación que encontramos siempre en la literatura clásica, y es un libro reposado, maduro, bien construido, que ofrece a sus lector@s el trabajo de un autor seguro de sus recursos, y en posesión de una sensibilidad fina y matizada, que no evade, en cambio, las zonas crepusculares y los atolladeros que son propios de la subjetividad contemporánea. Sé que últimamente los elogios a un libro tienen que superar lo hiperbólico para que sean percibidos como tales. Pero no voy a caer en eso. Caminos anfibios es nada menos que un BUEN libro: el trabajo inspirado y riguroso de un escritor de verdad. Llevaba días con ganas de decirlo. Así que dicho queda."
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"Caminos anfibios" visto por ÁNGEL ZAPATA
viernes, 27 de junio de 2014
De Jorge Eduardo Benavides
"En mi cuarto, recostado en la cama y viendo tras la ventana mecerse los árboles de un parque cercano, elaboré la novela perfecta (...) intenté un inicio (aunque sería más justo decir que inicié un intento)".
Jorge Eduardo Benavides ," La paz de los vencidos"
Jorge Eduardo Benavides ," La paz de los vencidos"
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miércoles, 25 de junio de 2014
Idioteces ortográficas
Para los genios de la nueva ortografía que le quitaron la tilde al sólo cuando equivale a solamente: que alguien me explique cómo saber si
"Firmaba solo mi último libro" significa que lo firmaba en soledad, o más bien que, de toda una obra, firmaba en exclusiva la última creación (y no las anteriores). Qué triste me suena este nuevo "comía solo unas patatas", qué aislado me imagino al tipo, o qué ascético en sus costumbres, ve a saber. Gracias RAE (limpia-fija-y-da esplendor) por simplificar y abaratar nuestro lenguaje.
"Firmaba solo mi último libro" significa que lo firmaba en soledad, o más bien que, de toda una obra, firmaba en exclusiva la última creación (y no las anteriores). Qué triste me suena este nuevo "comía solo unas patatas", qué aislado me imagino al tipo, o qué ascético en sus costumbres, ve a saber. Gracias RAE (limpia-fija-y-da esplendor) por simplificar y abaratar nuestro lenguaje.
domingo, 22 de junio de 2014
Descubrir a Victor Klemperer
Por una pura casualidad una amiga nos presta un libro ayer por la tarde. Empiezo a echarle un vistazo sobre la mesa de la cocina, en principio rápido, pero a las pocas líneas ya empieza a parecerme absolutamente revelador. Se trata de "LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo". El autor es VICTOR KLEMPERER (1881-1960), alemán, judío, hijo de rabino, que salvó milagrosamente la vida sin huir de Alemania . Estaba casado con una mujer "aria", de verdad heroica, que veló por él y por su obra. Victor Klemperer, era primo del famoso director de orquesta Otto Klemperer. Victor era catedrático de Literatura francesa en Dresden hasta que las "leyes raciales" lo echan de la universidad. Siempre acudimos al tópico de que el lenguaje nunca es inocente, pero en este "LTI" no sólo vemos cómo el nacionalsocialismo manipuló las palabras del lenguaje alemán, sino, sobre todo, cómo ese nuevo lenguaje y su consiguiente indoctrinación sustentó y sirvió de apoyo y motor para la barbarie. Si eras un joven alemán, finalmente sólo querías ser "kämpferisch" (combativo), heroico. Klemperer hace ver cómo el verdadero heroísmo estaba del otro lado, del lado de las víctimas, que nunca se colgarían medallas ni tendrían tentación de vanidad. Uno se pregunta cómo alguien puede componer una obra como esta en circunstancias en que los demás nos esconderíamos en un sótano esperando que vengan y derriben la puerta y todo termine, con suerte rápido. Lo mejor es que no se trata de un sesudo análisis filológico sino de un libro absolutamente ameno y profundamente humano y anecdótico. Hila tan fino, es tan civilizado y bienhumorado en tiempos tan oscuros... (En español, el libro está publicado en Editorial Minúscula).
viernes, 20 de junio de 2014
EL CULTURAL reseña mis "CAMINOS ANFIBIOS"
Hoy, en El Cultural, junto a otras muchas cosas, esta reseña de mis "Caminos anfibios" hecha por Santos Sanz Villanueva:
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/34868/Caminos_anfibios
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/34868/Caminos_anfibios
lunes, 16 de junio de 2014
Fin de Feria 2014. "Caminos anfibios"
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Feria del libro 2014
martes, 10 de junio de 2014
ENTREVISTA SOBRE "CAMINOS ANFIBIOS" EN EL CULTURAL DE EL MUNDO
Esta mañana me he despertado con un Buenos días muy especial: esta entrevista que me ha hecho Nuria Azancot para EL CULTURAL de EL MUNDO, que comparto con vosotros y que espero os guste:
http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/5740/Ernesto_Calabuig
http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/5740/Ernesto_Calabuig
lunes, 9 de junio de 2014
Entrevista sobre "Caminos anfibios"
Ayer domingo me levanté con la alegría por esta entrevista que me ha hecho la periodista Concepción Martín Moreno para LIBROS, NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA.
http://www.luisbarga.net/2014/06/libros-caminos-anfibios-de-ernesto.html
http://www.luisbarga.net/2014/06/libros-caminos-anfibios-de-ernesto.html
"Caminos anfibios" en Revista Quimera
Gracias a la redacción de la revista Quimera por incluir mis "Caminos anfibios" entre las recomendaciones del mes de junio!:
http://quimerarevista.wordpress.com/author/redaccionquimera/
http://quimerarevista.wordpress.com/author/redaccionquimera/
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Caminos anfibios recomendado,
Revista Quimera
martes, 3 de junio de 2014
Las palabras de una amiga
Cosas que dice mi amiga, la periodista Concepción Martín Moreno en facebook tras la lectura de mis "Caminos anfibios" y que me alegran la mañana, el día y el corazón:
Intentando "desencoger" mi corazoncito. Ernesto Calabuig García: cuidado con lo que (y cómo lo) escribes. Puede ser perjudicial para la salud sentimental. Para quienes aún tengan sangre en las venas y no quieran convertirse en máquinas "que pierden calor", busquen y lean "Caminos anfibios".
miércoles, 28 de mayo de 2014
Las palabras de un amigo
Vendrán pronto reseñas y comentarios a mi nuevo libro, "Caminos anfibios", pero pocas palabras me harán tanta ilusión y tanta gracia como las que el otro día, tan tempranas y por sorpresa, me dedicó en una entrada de facebook mi buen amigo, el escritor valenciano Pepe Cervera:
"Recomiendo un libro. Este: Caminos anfibios ¿Por qué? Bueno, primero porque el autor es mi amiguete, y segundo, es un libro cojonudo. ¡Collonut! es exactamente lo que he soltado después de leerlo; y ser algo collonut, aquí, en Valencia, es ser algo grande, qué digo grande, es ser ENORME, más allá de collonut yo no sé lo que hay. Cuando un amigo escribe un libro como éste, el orgullo de uno crece y crece hasta no caber en el pecho, pero también, lo admito, también crece la rabia, la rabia más rabiosa que podáis imaginar. A ver, Ernesto, si a correr no te gano, a alto, tampoco, y ahora vas y escribes esto, pues, a ver, a ver, Ernesto, si vamos a tener que llegar a las manos."
| Fernando Valls, Pepe Cervera y E. C |
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lunes, 19 de mayo de 2014
Javier Sáez de Ibarra y su "Bulevar"
Bulevar. Javier Sáez de Ibarra (Páginas de Espuma)
Leo estos días los relatos de “Bulevar”,
de Javier Sáez de Ibarra y me encuentro con su complejidad y una riqueza de
planos y ángulos que lo vuelven (afortunadamente) irreductible para el lector o
crítico que pretendiese “cosificarlo”, extraer una esencia o latido único, o
fijarlo en el corcho, ya sin vida, después de su captura y clasificación
tranquilizadora en un expositor que se cierra con llave. Es de justicia, pues
si en algo se afana este autor es en huir de los cerramientos y las cerrazones.
Sáez de Ibarra deja que te asomes a sus detalladas y perfiladas historias y que
saques, como en la vida misma, tus propias conclusiones y diversas lecturas.
Entre otras cosas porque aquí se trata a menudo con largas incomprensiones de la
vida y miradas lúcidas que implican y conllevan sentimientos (interpretables).
De entre todas las propuestas que el autor hace en esta colección, me encuentro
con cuatro cuentos que son para mí extraordinarios, no sólo por su capacidad de
conmover e incluso conmocionar al lector, sino también por el ángulo austero,
tranquilo y visionario desde el que se nos desgranan estas historias y se
atiende (a) y reproduce la realidad cotidiana. Se trata de “Fuerza”, “La reina”,
“Termina primero” y, por último, esa joya lograda e impecable que lleva por
título “El señor Remáser”. En él, a Sáez de Ibarra le basta con situarnos ante la
figura de un padre ingresado en el hospital tras una repentina dolencia
cardiaca, ante el anciano de la cama vecina y la visita de los dos hijos del
primero, para instalarnos en el curso auténtico de la realidad y de lo que
pueden dar de sí existencias que se viven a menudo como fallidas.
J. S de Ibarra sabe establecer dialécticas
fuertes entre hombres débiles, o mejor: entre hombres y mujeres como cada uno
de nosotros, atrapados a menudo en nuestro propio carácter, con sus debilidades
y obstinaciones. A veces se trata –como en “Termina primero”- de un profesor y
un alumno en un violento malentendido de instituto, otras veces de los dos buenos
amigos de “Fuerza”, tan unidos como separados por un secreto y un favor impagable que se
guarda con celo hasta convertirse en elemento tóxico. “La reina” nos sitúa, como
en sordina, pero de modo magistral, ante la irresoluble incomunicación entre un
padre y un hijo. Y, al hacerlo, parece hablarnos a cada uno de nosotros de las
incesantes tentativas vanas de entenderse y de franquear la opacidad de unos
progenitores encerrados, como “carceleros de sí mismos” en sus propias evidencias
y terquedades innegociables. No es casual que se emplee la imagen del ajedrez, pues en el fondo se trata de una partida en tablas, cuyo tablero acumula polvo de años, y que nadie -ni con las mejores intenciones- puede desbloquear.
Sáez de Ibarra sabe dar cuenta del
discurrir minucioso e inaprensible de acontecimientos y sentimientos que con
frecuencia nos sobrepasan o forman parte de un bulevar que se fragmenta y
deforma a nuestro humano y modesto
paso, porque no hay significado único, ni la vida es una calle de trazado
perfecto.
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viernes, 16 de mayo de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
NOTICIAS DEL FRENTE
Uno de mis momentos favoritos de la semana pasada fue asistir en Madrid a la presentación del libro "Noticias del frente", de GUILLERMO BUSUTIL, en la librería Tipos infames. Las piezas que componen la obra, entre el periodismo literario y el puro relato, nos hablan, entre otras cosas, de que aún es posible, necesario y justo resistir y dar un paso adelante en los convulsos tiempos que corren. Tal vez no se ganen guerras -comentaba el autor, junto a Isaac Rosa y Óscar Sipán- pero sí todavía batallas en las que está implicado y amenazado lo mejor y más digno del ser humano. En Busutil vimos al escritor y periodista de buena escuela, pero también al púgil de un ring clásico a blanco y negro, al escurridizo miembro de la resistencia francesa en un bosque húmedo, al borde de una vía férrea, y, cómo no, al niño también rebelde que fue, al "Estrella sin ley" de su hermoso libro "Vidas prometidas".
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lunes, 5 de mayo de 2014
De unas líneas de Carlos Labbé
Leo en "Piezas secretas contra el mundo" (Ed. Periférica), del chileno Carlos Labbé, una frase que me parece metáfora (acuática) de cómo nos sostienen los relatos, las historias, las palabras, en nuestros naufragios personales, e incluso cuando todo está perdido, o se va perdiendo, y nos vamos lentamente a pique: "El bote que cruza las aguas del olvido se desarma con la lluvia. Una posibilidad es usar las palabras como remos hasta que sólo queda en el horizonte la vastedad del lago".
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miércoles, 30 de abril de 2014
Fernando Clemot y su "Cómo armar y desarmar un relato"
Tan acostumbrado a hacer reseñas exhaustivas donde intentas que nada se te escape, acorralando al pobre o rico texto, subrayando, anotando, atravesándolo casi con un alfiler en un corcho imaginario hasta que te pide e implora "déjame ser" o "No me conoces. Yo soy de otra manera". Esta tarea nuestra debería considerarse en cierto modo abuso o crimen. Por eso me gusta la libertad de acudir a una presentación como la de ayer, del libro de Fernando Clemot en la Escuela de escritores (a cargo de Ángel Zapata, Javier Sagarna y David Aliaga) y quedarme con detalles casi casuales que quedan en mi memoria: la concepción de la literatura como hecho civilizatorio, capaz de reflejar la barbarie pero no de defenderla (algo que supo subrayar Ángel Zapata) , la apertura de ese manual no dogmático que es "Cómo armar y desarmar un relato", las preocupaciones narrativas de Clemot (acercándonos, por ejemplo, al misterio del "decir oral" o del por qué, entre dos personas o testigos concretos, hay sólo uno capaz de conmovernos al narrar un acontecimiento), la reflexión sobre la necesidad de expresar y presentar con detalle y corrección, precisamente porque el mundo es arduo y va por otros derroteros...
martes, 8 de abril de 2014
El verdugo de Ana Bolena
Así de eficazmente describe el mexicano Álvaro Enrigue, en "Muerte súbita", a Jean Rombaud, el verdugo francés que ejecutó a Ana Bolena: "Se arreglaba con un gusto inesperado para alguien con el oficio de ángel asesino: portaba anillos caros, calzones entallados con brocados excesivos, camisas de terciopelo azul real que no correspondían a su condición de hijo de puta, literal en todos los casos (...) Nadie sabía si era silencioso por inteligente o por imbécil".
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miércoles, 19 de marzo de 2014
La velada en Benicarló. Azaña y su doctor Lluch
Releo "La velada en Benicarló", de Manuel Azaña, esta vez en la bonita edición que ha preparado la editorial Reino de Cordelia. Cada vez que me enfrento a este hermoso y trágico libro escrito en 1937 (y publicado en el 39 en Buenos Aires y París), veo hasta qué punto Azaña sabía (como Allende en el caso de Chile o como Haroldo Conti en la Argentina de los setenta) que el regreso de la democracia y las libertades sería un asunto a larguísimo plazo y que ahora vendrían años de plomo, tan oscuros como ese "invierno de nuestro descontento" del Ricardo III de Shakespeare. Tintes shakespeareanos alcanzan las palabras de Manuel Azaña en boca de su lúcido Dr. Lluch: "Veo el naufragio de agresores y agredidos. La misma resaca se los lleva a todos. Cadáveres, muchos cadáveres en olas de sangre". Los españoles se aniquilaban y en el texto nos habla hasta de ¡cuatro Españas! Vuelvo a subrayar frases que subrayé en mi vieja versión del libro y que nos hablan y advierten precisamente a nosotros: "En tiempos venideros, variados los nombres de las cosas, esquilmados muchos conceptos, los españoles comprenderán mal por qué sus antepasados se han batido entre sí más de dos años; pero el drama subsistirá, si el carácter español conserva entonces su trágica capacidad de violencia apasionada".
lunes, 17 de marzo de 2014
Camerata del Eco una tarde de domingo
![]() |
| Dibujo para el programa: Remedios Díaz |
sábado, 15 de marzo de 2014
Entrevista
Esta es la "entrevista capotiana" que me hizo Toni Montesinos:
http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/
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miércoles, 12 de marzo de 2014
Schumann, Eichendorff, Gerhaher y Huber
¿Por qué quedarse con un solo Lied de Schumann?, pero si tuviera que elegir entre los que anoche cantó en Madrid (Teatro de la Zarzuela) Christian Gerhaher, acompañado del pianista Gerold Huber (qué gran tándem) pienso que sería el Auf einer Burg (En un castillo) del Liederkreis. Gerhaher nombra, convoca, a ese viejo caballero adormecido, petrificado en su atalaya mientras descarga la tormenta sobre él y sobre el bosque. Hace guardia en ese mismo lugar desde cientos de años y allá abajo, junto al Rin, transcurre esa inquietante boda en la que una novia llora sin que nada más se explique... Y al nombrarlo, convocarlo y cantarlo (con la autenticidad y la sobriedad propias de este cantante alemán) el caballero anciano, su dolor, y toda la breve historia del poema de Eichendorff aparece de nuevo ante nosotros siglos después, para seguir diciendo. Sólo a veces vemos de nuevo (o "nos hacen ver" de nuevo) y sólo a veces el arte es verdad.
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lunes, 10 de marzo de 2014
SGALAMBRO
Me dice mi hermano Alejandro, que ha muerto, a los 89 años, el filósofo italiano Manlio Sgalambro, que algunos recordarán como letrista y acompañante de Franco Battiato. Me ha venido a la cabeza cómo era capaz de subir al escenario, en los descansos, con su cara seria de catedrático y su voz de radio antigua, a cantar -sin complejos- el Me gusta... de Manu Chao, con gruesos auriculares y bailando a uno y otro lado entre las de chicas del coro. También me he acordado de que al salir de un concierto en el Teatro María Guerrero de Madrid hace muchos años, justo en la puerta, una estudiante de periodismo muy nerviosa quería entrevistarlo (Sgalambro con grandes gafas de montura antigua y una espantosa cazadora de cuero marrón claro anaranjado, de mafioso napolitano de teleserie) y terminé haciendo de improvisado traductor de español- italiano para ellos mientras la periodista le lanzaba preguntas absurdas (no tenía nada preparado) como: "¿Cree Ud que Platón era pesimista?". Me lancé a traducir porque estaba pasando vergüenza y porque la chica me preguntó si no hablaba yo italiano para echarle una mano. Uno debería poder ser recordado con su mejor yo: sin tristezas y tal vez haciendo el ganso de anciano mientras cantas, lejos de las aulas y los tratados, "Me gusta marihuana, me gustas tú".
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lunes, 3 de marzo de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
El tema central de Kafka
A veces hay frases omniexplicativas que parecen resumir o contenerlo casi todo en unas palabras, como estas de Canetti al nombrar el tema central de Kafka como "el miedo ante la supremacía del prójimo". Añade que el modo de librarse de ella es para Kafka o sus protagonistas "volverse pequeño".
lunes, 10 de febrero de 2014
MUCHNIK Y LA MEMORIA
En el último libro de MARIO MUCHNIK, "Ajuste de cuentos" (El Aleph Editores), la deriva de una de las historias lo conduce a uno de los muchos episodios terribles de la dictadura argentina, en este caso la represión en el ingenio azucarero Ledesma en la población de Libertador General San Martín, donde un policía, Kairuz (antiguo jugador de la primera división) se ocupó de comandar secuestros, asesinatos y torturas. Vivió con total impunidad y sin enfrentarse a la justicia ¡hasta 2005! La lucha de los familiares de los asesinados, la conversación de uno de ellos (un hijo) con Muchnik, propicia una hermosa frase: "no contaban con nuestra forma de tener memoria".
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lunes, 3 de febrero de 2014
La crisis según Volpi
Se ha explicado ya de mil maneras el asunto de la actual crisis económica y sus causas. Hay también formas literarias de contarlo, y a mí esta de Jorge Volpi en "Memorial del engaño" (Alfaguara), en términos de una gran y prolongada desvergüenza, me gusta:
"Un contagio sin precedentes o, mejor dicho, la mayor transferencia de capitales jamás orquestada desde la clase media hacia los multimillonarios (...) Lucraron con la crisis igual que antes lucraron con la burbuja y, salvo unos cuantos chivos expiatorios, conservaron sus primas astronómicas, sus paracaídas dorados, sus mansiones en los Hamptons y la Riviera, sus bacanales hollywoodenses y sus autos deportivos (...) Otros pagaron por su ambición y sus errores: 'ustedes'. La masa anónima que durante dos décadas vivió a crédito, los pobres diablos que se creyeron el cuento de que poseer una casa equivale a ser el amo del castillo. Ustedes sí lo perdieron todo. Primero les arrebataron sus casitas y sus ahorros, luego su dignidad y al cabo hasta los infames servicios públicos (...) Los amonestaron los políticos de derechas y de izquierdas: 'gastaron demasiado, soñaron torpemente".
"Un contagio sin precedentes o, mejor dicho, la mayor transferencia de capitales jamás orquestada desde la clase media hacia los multimillonarios (...) Lucraron con la crisis igual que antes lucraron con la burbuja y, salvo unos cuantos chivos expiatorios, conservaron sus primas astronómicas, sus paracaídas dorados, sus mansiones en los Hamptons y la Riviera, sus bacanales hollywoodenses y sus autos deportivos (...) Otros pagaron por su ambición y sus errores: 'ustedes'. La masa anónima que durante dos décadas vivió a crédito, los pobres diablos que se creyeron el cuento de que poseer una casa equivale a ser el amo del castillo. Ustedes sí lo perdieron todo. Primero les arrebataron sus casitas y sus ahorros, luego su dignidad y al cabo hasta los infames servicios públicos (...) Los amonestaron los políticos de derechas y de izquierdas: 'gastaron demasiado, soñaron torpemente".
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martes, 28 de enero de 2014
Presentación de "FIZ. PURO MARATÓN"
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| Con Martín Fiz y Alejandro Calabuig |
Ayer, en la Cineteca del Matadero (Plaza de Legazpi, 8), asistí al estreno en Madrid de la película "Fiz. Puro maratón", dirigida por Rodrigo Moro y con guión de mi hermano, Alejandro (Alex) Calabuig. Mucho más que un documental al uso sobre la vida de este campeón europeo y mundial en maratón, la película sabe reflejar la emoción, el entusiasmo y la épica de todo un tiempo en el que nos acostumbramos a ver como algo normal que Fiz, Antón, Cacho... ganasen una competición tras otra al más alto de los niveles. La cinta nos habla de su esfuerzo, su entereza, su superación desde un origen humilde, toda una manera digna, honesta y generosa de estar en el mundo... Allí estaban,, acompañando al protagonista, los propios Abel Antón y Fermín Cacho, junto con otros atletas míticos españoles: Antonio Prieto, Alberto Juzdado, Mayte Zúñiga y, como suele decirse "un largo etcétera" del atletismo español de toda una época dorada. Si os animáis a verla, aún queda un pase esta tarde en el mismo lugar a las 8 y media de la tarde.
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martes, 21 de enero de 2014
ESCRIBIR LA VIDA. Eloy Tizón
Escribir la vida. Eloy
Tizón
Muchos registros y maneras de contar contienen
las “Técnicas de iluminación” de ELOY TIZÓN. Esa es una de sus muchas riquezas:
que, en esta colección de relatos, su autor ha medido de modo paciente el cómo y el desde dónde quería acercarse a cada uno de los asuntos, con el
tratamiento personal y literario que parecía corresponder en cada caso. Es la adecuación del pintor no precipitado, que
da un paso atrás y medita, sabiendo que las prisas o las expectativas propias y
ajenas arruinarían, en este caso, no uno, sino diez lienzos: las diez historias
en las que Tizón se embarca en estas Técnicas, que consiguen iluminar al final
del camino. Bien saben los que meditan que nunca se parte de la iluminación,
sino que la iluminación, de haberla, se encuentra
en todo caso al final del camino. De ahí que la visión del mundo que subyace y
emerge en estas páginas proviene de un autor tan ambicioso (implacablemente exigente
consigo mismo) como humilde, al que sólo
le interesa el hallazgo esforzado de la buena literatura, sin presunciones, ruidos adjuntos, o filigranas trilladas de escuela que recuerden
a ese mismo traje de temporada demasiadas veces visto en los escaparates de
ciudades tan parecidas, ese que se presenta una y otra vez como novedad. Así,
en Fotosíntesis, primero de los
textos, entramos suavemente en la particular mirada del escritor como
obedeciendo a una invitación cordial porque él había dejado la puerta de casa
abierta. Y enseguida acompañamos el caminar nómada de Robert Walser, acompasando
nuestros pasos a los suyos (“Uno lleva el sendero en la sangre, nació con
ello”). La verdadera vida es movimiento, se dice ahí. Y circundamos el mundo y
los temas de Walser (la soledad extrema, la posibilidad/ imposibilidad de ser felices)
desde la voz y la mirada poética de un narrador amigo, un admirador que también
añora su ausencia y el hueco que dejó al morir. Sentimos con él la orfandad y
la magnitud de una pérdida semejante, como una grieta que se abre en el suelo
nevado de un camino imposible o demasiado grande para los hombres. Walser era
un caminante, un Wanderer schubertiano,
y también el asunto del caminar sin descanso (del perderse y del escapar sin
saber si se va o se regresa, por paisajes vivos, o desolados como zonas de
guerra y pesadilla) ocupa las páginas de la segunda pieza, “Merecía ser
domingo”, evocación con notas surrealistas y líneas de fuga del mejor César
Aira (pues también hay un Aira “malo”, estéril o fallido) en torno a los complejos de
adolescencia, a la timidez y el temor al ridículo por el modo propio de ser o
de vestir. Tizón describe con viveza esa particular soledad aprendida en esos
años, que tal vez nos acompaña ya para siempre. En medio de la prosa, como
flores raras que son hallazgos reflexivos y verbales, emergen esas
consideraciones que parecen confesiones personales en el oído del lector: “Y yo
ya no puedo retroceder en el tiempo para defenderme y decirles que no, que yo
no era tan impresentable, os lo juro (…) Busco una cabina de teléfono con línea
directa al pasado. Si levanto el auricular, escucharé hablar en latín”. En esa
inquietante región de la desemejanza, algunos lugares parecen manifestarse con
signo cambiado: un bosque en el que los árboles se hayan vuelto, para los
protagonistas en fuga, barrotes de jaula. Uno de los grandes cuentos es, sin
duda, Ciudad dormitorio, con esa
chica sola en un tren de cercanías yendo y regresando de su trabajo. Parece
atravesar, de paso, las entrañas mismas de la propia ciudad y sus suburbios de
droga, violencia y sueños que vienen demasiados grandes. En medio de la
seriedad de la historia (el misterio sobre lo que ocurrió en un centro
comercial que ve cada día a lo lejos, y en el que ella trabajó), desliza Tizón
un humor landeriano: “La megafonía del tren estaba mal sincronizada, por lo que
anunciaba a destiempo nombres de estaciones que ya habíamos dejado atrás, otras
que correspondían a una línea distinta, o bien anticipaba con énfasis la
llegada de destinos inexistentes, con nombres que parecían inventados por
humoristas: Surtidor, Limonares, República”. Hay una “mirada social” en este
relato de Tizón, una capacidad, a pie de calle, para saber qué tipo de personas
pueden habitar calles y vagones de metro a ciertas horas, sus usos y sus
costumbres, sus destinos arrastrados como pesadas cargas. Nos conmueve la
soledad extrema del desdichado señor Toler, asomándonos a una insignificante tarde
de domingo en su domicilio: “limpiando con un trapito húmedo el mando a
distancia del televisor”. Y junto a esa percepción fina de la realidad, se
superpone con frecuencia una hiperpercepción expresada en raras imágenes al
otro lado de la ventanilla: masas de bosques de “violenta espuma verde” donde
encontramos verosímil que los árboles hiervan o eructen pájaros. En el purgatorio
urbano del mundo, resulta coherente la firme convicción de su protagonista:
“Cuando nosotras nacimos, todo el amor del planeta se había gastado ya.
Liquidado. Exhausto. Exprimido (…) El poco amor que quedaba estaba dicho en los
libros, en las películas, en los telefilmes…” Y si se habla aquí de realidad e hiperrealidad
funcionando juntas sin descarrilamientos, habría que atender a todo lo que
surge y crece dentro de las narraciones de Eloy Tizón: el despliegue de las
ocurrencias desborda y revienta las costuras del texto escueto o de su lograda
técnica. Es entonces cuando, además de hacer literatura, el libro entero proclama
vida literaria. El misterio de la trama puede quedar esbozado, difuminado,
sugerido, como pendiente de resolución, porque el despliegue (el trayecto por
el que Tizón nos ha conducido) era ya suficiente premio y narración poderosa. Otra
gran pieza es “La calidad del aire”, con el deseo de perderse y desprenderse de
todo de su protagonista, tras abandonar una fiesta en la que hubo un incidente
(sólo apuntado) del que salió con los nudillos rojos y doloridos. Su deriva por
la ciudad nos conduce a reflexionar acerca de la precariedad y la
insignificancia del ser humano una vez que pierde sus objetos y posesiones.
Tanto en Los horarios cambiados como en Manchas solares reflexiona el autor con lucidez sobre las
incomprensiones de pareja, aunque de un modo bien distinto: en el primer caso
aborda más bien el asunto del hastío de pareja una vez que todo parece dicho y
hecho y todas las manías y rutinas confluyen en un insufrible conocimiento
mutuo que suma cero: el “agotamiento de los actores en su décima toma”,
agrediéndose verbalmente de continuo en discusiones estériles. Este relato
propicia fértiles hallazgos descriptivos y enumerativos. En el segundo, en Manchas solares, nos coloca ante el
estupor del marido abandonado que encuentra una nota de despedida de su pareja.
Se trata ahora de cómo rehacer la vida, una vez que ésta nos sitúa de repente,
sin avisos previos, en una posición en la que nos sentimos ridículos (y Tizón
sabe explorar también la parte cómica del asunto). Es el no entender nada y
tener que salir adelante, es también la puesta a prueba de convicciones y estatus
que creíamos inamovibles. Hermoso y doloroso el choque entre expectativas y
realidad en Volver a Oz. Un abismo
que también está presente en la mujer trastornada (o lo que queda de ella tras
ser fagocitada por una poderosa galerista de arte) de El cielo en casa. Difícil quedarse con un relato, digamos como
“favorito”, pero a mí me arrastró, por encima de todas, esa evocación -que
tanto tiene de despedida de un tiempo y de un modo de vida- llamada Alrededor de la boda. Gran cuento, tan
humorístico como conmovedor y triste (y rebosante de fuerza expresiva) en el
que se narra el viaje de tres amigos para la boda en provincias de una alocada
compañera de universidad. Pocas veces se habrá enunciado de forma tan lúcida la
frontera o el paso definitivo a una nueva vida, la ilusión y la preocupación
por un nuevo estado de cosas en gran parte incontrolable: “Dio unos pasos para
irse, pero al momento cambió de idea y volvió, porque casarse era, podía ser,
un lugar oscuro e intimidante, sin traducción simultánea, un vértigo o una
caída, algo incomprensible como esa silla de ahí, no, mejor como aquella otra”.
También ese “nosotros”, esa voz coral que desglosa esta historia, parece estar
disfrutando de una alegría, un amor y una última luz inmerecida (“de un lila
suave, casi alienígena”) antes de ingresar en la seriedad de lo que vendrá en
el futuro: esa vida absolutamente complicada de Manchas solares o Nautilus (con
su desolado científico Almeyda y la pérdida de un hijo), la edad madura donde las lecciones apenas se aprenden o sirven de
utilidad, porque todo se resume en una especie de valeroso “acto de fe” exclusivamente
humano y en una improvisación, un ir “tocando de oído” mientras se vive.
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lunes, 13 de enero de 2014
Acerca de la escritura de Eloy Tizón
Acabo de terminar las "Técnicas de iluminación", de Eloy Tizón. Lo he leído con la calma que, creo, merece un libro como éste. Puedes llamarlo una "calma respetuosa", una calma ceremonial a la altura de la lenta y afinada construcción y desarrollo con que el autor infundió vida y autenticidad a estas diez magníficas historias. Cierro el libro, ese último relato, "Nautilus", con su desolado científico Almeyda, pensando que, a partir de este hombre, Tizón ha sacado la radiografía exacta de nuestro desquiciado mundo contemporáneo: truculento, banal y olvidadizo. Dicen que hoy en día la vida de las publicaciones está condenada a ser corta. Digo yo que dependerá de nosotros: sostener a los buenos y dejar escapar con alivio a los que sólo daban gato por liebre. Hay libros que merecen con razón un destino pasajero. Otros, como éste de Tizón, deberían obtener, en cambio, permanencia. Yo, por si sirve de algo, la reclamo.
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martes, 7 de enero de 2014
Riquezas y pobrezas de nuestro idioma
Que un escritor argentino/a pueda llamar a un patrocinador, "un auspiciante", habla de lo sosos y limitados que somos aquí-acá, pero no allá.
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