lunes, 19 de mayo de 2014

Javier Sáez de Ibarra y su "Bulevar"


Bulevar. Javier Sáez de Ibarra (Páginas de Espuma)
 
Leo estos días los relatos de “Bulevar”, de Javier Sáez de Ibarra y me encuentro con su complejidad y una riqueza de planos y ángulos que lo vuelven (afortunadamente) irreductible para el lector o crítico que pretendiese “cosificarlo”, extraer una esencia o latido único, o fijarlo en el corcho, ya sin vida, después de su captura y clasificación tranquilizadora en un expositor que se cierra con llave. Es de justicia, pues si en algo se afana este autor es en huir de los cerramientos y las cerrazones. Sáez de Ibarra deja que te asomes a sus detalladas y perfiladas historias y que saques, como en la vida misma, tus propias conclusiones y diversas lecturas. Entre otras cosas porque aquí se trata a menudo con largas incomprensiones de la vida y miradas lúcidas que implican y conllevan sentimientos (interpretables). De entre todas las propuestas que el autor hace en esta colección, me encuentro con cuatro cuentos que son para mí extraordinarios, no sólo por su capacidad de conmover e incluso conmocionar al lector, sino también por el ángulo austero, tranquilo y visionario desde el que se nos desgranan estas historias y se atiende (a) y reproduce la realidad cotidiana. Se trata de “Fuerza”, “La reina”, “Termina primero” y, por último, esa joya lograda e impecable que lleva por título “El señor Remáser”. En él, a Sáez de Ibarra le basta con situarnos ante la figura de un padre ingresado en el hospital tras una repentina dolencia cardiaca, ante el anciano de la cama vecina y la visita de los dos hijos del primero, para instalarnos en el curso auténtico de la realidad y de lo que pueden dar de sí existencias que se viven a menudo como fallidas.
J. S de Ibarra sabe establecer dialécticas fuertes entre hombres débiles, o mejor: entre hombres y mujeres como cada uno de nosotros, atrapados a menudo en nuestro propio carácter, con sus debilidades y obstinaciones. A veces se trata –como en “Termina primero”- de un profesor y un alumno en un violento malentendido de instituto, otras veces de los dos buenos amigos de “Fuerza”, tan unidos como separados por un secreto y un favor impagable que se guarda con celo hasta convertirse en elemento tóxico. “La reina” nos sitúa, como en sordina, pero de modo magistral, ante la irresoluble incomunicación entre un padre y un hijo. Y, al hacerlo, parece hablarnos a cada uno de nosotros de las incesantes tentativas vanas de entenderse y de franquear la opacidad de unos progenitores encerrados, como “carceleros de sí mismos” en sus propias evidencias y terquedades innegociables. No es casual que se emplee la imagen del ajedrez, pues en el fondo se trata de una partida en tablas, cuyo tablero acumula polvo de años, y que nadie -ni con las mejores intenciones- puede desbloquear.
Sáez de Ibarra sabe dar cuenta del discurrir minucioso e inaprensible de acontecimientos y sentimientos que con frecuencia nos sobrepasan o forman parte de un bulevar que se fragmenta y deforma a nuestro humano y modesto paso, porque no hay significado único, ni la vida es una calle de trazado perfecto.

viernes, 16 de mayo de 2014

Caja anfibia


Primeros ejemplares de "Caminos anfibios" (Menoscuarto ediciones). Algunas cajas de libros son, para los autores, cofres del tesoro. Escribir es muy serio y también un juego de niños del que no quieres salir. Ojalá que los lectores encuentren entre estas páginas destellos de algo valioso.
 

jueves, 15 de mayo de 2014

Mi nuevo libro, CAMINOS ANFIBIOS

Os presento mi nuevo (y mejor) libro, CAMINOS ANFIBIOS (Menoscuarto ediciones), que ya está llegando a las librerías (Me lo sopló mi amiga Lola Larumbe, dueña estelar de la Librería Rafael Alberti, en Argüelles, Madrid). Ojalá que os decidáis a leerlo, que yo creo que no defrauda.
 

sábado, 10 de mayo de 2014

NOTICIAS DEL FRENTE

 Uno de mis momentos favoritos de la semana pasada fue asistir en Madrid a la presentación del libro "Noticias del frente", de GUILLERMO BUSUTIL, en la librería Tipos infames. Las piezas que componen la obra, entre el periodismo literario y el puro relato, nos hablan, entre otras cosas, de que aún es posible, necesario y justo resistir y dar un paso adelante en los convulsos tiempos que corren. Tal vez no se ganen guerras -comentaba el autor, junto a Isaac Rosa y Óscar Sipán- pero sí todavía batallas en las que está implicado y amenazado lo mejor y más digno del ser humano. En Busutil vimos al escritor y periodista de buena escuela, pero también al púgil de un ring clásico a blanco y negro, al escurridizo miembro de la resistencia francesa en un bosque húmedo, al borde de una vía férrea, y, cómo no, al niño también rebelde que fue, al "Estrella sin ley" de su hermoso libro "Vidas prometidas".
 

lunes, 5 de mayo de 2014

De unas líneas de Carlos Labbé

Leo en "Piezas secretas contra el mundo" (Ed. Periférica), del chileno Carlos Labbé, una frase que me parece metáfora (acuática) de cómo nos sostienen los relatos, las historias, las palabras, en nuestros naufragios personales, e incluso cuando todo está perdido, o se va perdiendo, y nos vamos lentamente a pique: "El bote que cruza las aguas del olvido se desarma con la lluvia. Una posibilidad es usar las palabras como remos hasta que sólo queda en el horizonte la vastedad del lago".

miércoles, 30 de abril de 2014

Fernando Clemot y su "Cómo armar y desarmar un relato"

Tan acostumbrado a hacer reseñas exhaustivas donde intentas que nada se te escape, acorralando al pobre o rico texto, subrayando, anotando, atravesándolo casi con un alfiler en un corcho imaginario hasta que te pide e implora "déjame ser" o "No me conoces. Yo soy de otra manera". Esta tarea nuestra debería considerarse en cierto modo abuso o crimen. Por eso me gusta la libertad de acudir a una presentación como la de ayer, del libro de Fernando Clemot en la Escuela de escritores (a cargo de Ángel Zapata, Javier Sagarna y David Aliaga) y quedarme con detalles casi casuales que quedan en mi memoria: la concepción de la literatura como hecho civilizatorio, capaz de reflejar la barbarie pero no de defenderla (algo que supo subrayar Ángel Zapata) , la apertura de ese manual no dogmático que es "Cómo armar y desarmar un relato", las preocupaciones narrativas de Clemot (acercándonos, por ejemplo, al misterio del "decir oral" o del por qué, entre dos personas o testigos concretos, hay sólo uno capaz de conmovernos al narrar un acontecimiento), la reflexión sobre la necesidad de expresar y presentar con detalle y corrección, precisamente porque el mundo es arduo y va por otros derroteros...

martes, 8 de abril de 2014

El verdugo de Ana Bolena

Así de eficazmente describe el mexicano Álvaro Enrigue, en "Muerte súbita", a Jean Rombaud, el verdugo francés que ejecutó a Ana Bolena: "Se arreglaba con un gusto inesperado para alguien con el oficio de ángel asesino: portaba anillos caros, calzones entallados con brocados excesivos, camisas de terciopelo azul real que no correspondían a su condición de hijo de puta, literal en todos los casos (...) Nadie sabía si era silencioso por inteligente o por imbécil".
 

miércoles, 19 de marzo de 2014

La velada en Benicarló. Azaña y su doctor Lluch

Releo "La velada en Benicarló", de Manuel Azaña, esta vez en la bonita edición que ha preparado la editorial Reino de Cordelia. Cada vez que me enfrento a este hermoso y trágico libro escrito en 1937 (y publicado en el 39 en Buenos Aires y París), veo hasta qué punto Azaña sabía (como Allende en el caso de Chile o como Haroldo Conti en la Argentina de los setenta) que el regreso de la democracia y las libertades sería un asunto a larguísimo plazo y que ahora vendrían años de plomo, tan oscuros como ese "invierno de nuestro descontento" del Ricardo III de Shakespeare. Tintes shakespeareanos alcanzan las palabras de Manuel Azaña en boca de su lúcido Dr. Lluch: "Veo el naufragio de agresores y agredidos. La misma resaca se los lleva a todos. Cadáveres, muchos cadáveres en olas de sangre". Los españoles se aniquilaban y en el texto nos habla hasta de ¡cuatro Españas! Vuelvo a subrayar frases que subrayé en mi vieja versión del libro y que nos hablan y advierten precisamente a nosotros: "En tiempos venideros, variados los nombres de las cosas, esquilmados muchos conceptos, los españoles comprenderán mal por qué sus antepasados se han batido entre sí más de dos años; pero el drama subsistirá, si el carácter español conserva entonces su trágica capacidad de violencia apasionada".
 

lunes, 17 de marzo de 2014

Camerata del Eco una tarde de domingo

Dibujo para el programa: Remedios Díaz
En Franz Kafka revalorado advertía Hannah Arendt de la superabundancia de agoreros y "profetas" de la desgracia, que no dejan de recordarnos, una y otra vez, que el camino natural para el hombre es el de la decadencia y la rendición incondicional a lo que venga. Pero ella añadía: "Lo milagroso es la salvación y no el desastre, pues la primera depende de la voluntad del ser humano y de su capacidad  de modificar el mundo y su evolución natural". Por suerte hay quienes no se instalan en la resignación temerosa y ponen proyectos en pie a lo largo del tiempo hasta una tarde de domingo como la de ayer. Cantaba en Madrid el coro de la Camerata del Eco, dirigido por Ana Ligero, en el pequeño Espacio Pozas de la Cruz Roja, cercano a la calle del Pez. Cantaba en el grupo otra Ana (Garrido), buena amiga. El título del programa, Eros y Thánatos, un asunto "fijo" pero abierto también a la improvisación y disonancia que cabe -y casi exige- un dilema tan inquietante, esa flor inversa hacia la luz y hacia la sombra que ilustraba el programa de mano: todos y nadas entrelazados "después de tanto todo para nada", y lo efímero de las cosas brillantes: "Qué bello, al ir a ser, es haber sido"  Satie, canciones galesas y francesas, Rilke, Shakespeare... piano, violoncello, saxo/clarinete y la voz de un excelente actor-recitador (Carlos Kaniowsky) creando solidez con las palabras de Juan Ramón, Lorca, Cernuda, Neruda o José Hierro. Un domingo por la tarde nada resignado, sino absolutamente creador, pese a la enjundia de asuntos que perturban tanto como el sufrimiento y su raíz a Blas de Otero vuelto voz de un coro, un buen recitador o un todos nosotros.

sábado, 15 de marzo de 2014

Entrevista

Esta es la "entrevista capotiana" que me hizo Toni Montesinos:
http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/

miércoles, 12 de marzo de 2014

Schumann, Eichendorff, Gerhaher y Huber


¿Por qué quedarse con un solo Lied de Schumann?, pero si tuviera que elegir entre los que anoche cantó en Madrid (Teatro de la Zarzuela) Christian Gerhaher, acompañado del pianista Gerold Huber (qué gran tándem) pienso que sería el Auf einer Burg (En un castillo) del Liederkreis. Gerhaher nombra, convoca, a ese viejo caballero adormecido, petrificado en su atalaya mientras descarga la tormenta sobre él y sobre el bosque. Hace guardia en ese mismo lugar desde cientos de años y allá abajo, junto al Rin, transcurre esa inquietante boda en la que una novia llora sin que nada más se explique... Y al nombrarlo, convocarlo y cantarlo (con la autenticidad y la sobriedad propias de este cantante alemán) el caballero anciano, su dolor, y toda la breve historia del poema de Eichendorff aparece de nuevo ante nosotros siglos después, para seguir diciendo. Sólo a veces vemos de nuevo (o "nos hacen ver" de nuevo) y sólo a veces el arte es verdad.

lunes, 10 de marzo de 2014

SGALAMBRO

Me dice mi hermano Alejandro, que ha muerto, a los 89 años, el filósofo italiano Manlio Sgalambro, que algunos recordarán como letrista y acompañante de Franco Battiato. Me ha venido a la cabeza cómo era capaz de subir al escenario, en los descansos, con su cara seria de catedrático y su voz de radio antigua, a cantar -sin complejos- el Me gusta... de Manu Chao, con gruesos auriculares y bailando a uno y otro lado entre las de chicas del coro. También me he acordado de que al salir de un concierto en el Teatro María Guerrero de Madrid hace muchos años, justo en la puerta, una estudiante de periodismo muy nerviosa quería entrevistarlo (Sgalambro con grandes gafas de montura antigua y una espantosa cazadora de cuero marrón claro anaranjado, de mafioso napolitano de teleserie) y terminé haciendo de improvisado traductor de español- italiano para ellos mientras la periodista le lanzaba preguntas absurdas (no tenía nada preparado) como: "¿Cree Ud que Platón era pesimista?". Me lancé a traducir porque estaba pasando vergüenza y porque la chica me preguntó si no hablaba yo italiano para echarle una mano. Uno debería poder ser recordado con su mejor yo: sin tristezas y tal vez haciendo el ganso de anciano mientras cantas, lejos de las aulas y los tratados, "Me gusta marihuana, me gustas tú".

miércoles, 26 de febrero de 2014

El tema central de Kafka

A veces hay frases omniexplicativas que parecen resumir o contenerlo casi todo en unas palabras, como estas de Canetti al nombrar el tema central de Kafka como "el miedo ante la supremacía del prójimo". Añade que el modo de librarse de ella es para Kafka o sus protagonistas "volverse pequeño".

lunes, 10 de febrero de 2014

MUCHNIK Y LA MEMORIA

En el último libro de MARIO MUCHNIK, "Ajuste de cuentos" (El Aleph Editores), la deriva de una de las historias lo conduce a uno de los muchos episodios terribles de la dictadura argentina, en este caso la represión en el ingenio azucarero Ledesma en la población de Libertador General San Martín, donde un policía, Kairuz (antiguo jugador de la primera división) se ocupó de comandar secuestros, asesinatos y torturas. Vivió con total impunidad y sin enfrentarse a la justicia ¡hasta 2005! La lucha de los familiares de los asesinados, la conversación de uno de ellos (un hijo) con Muchnik, propicia una hermosa frase: "no contaban con nuestra forma de tener memoria".

lunes, 3 de febrero de 2014

La crisis según Volpi

Se ha explicado ya de mil maneras el asunto de la actual crisis económica y sus causas. Hay también formas literarias de contarlo, y a mí esta de Jorge Volpi en "Memorial del engaño" (Alfaguara), en términos de una gran y prolongada desvergüenza, me gusta:
 "Un contagio sin precedentes o, mejor dicho, la mayor transferencia de capitales jamás orquestada desde la clase media hacia los multimillonarios (...) Lucraron con la crisis igual que antes lucraron con la burbuja y, salvo unos cuantos chivos expiatorios, conservaron sus primas astronómicas, sus paracaídas dorados, sus mansiones en los Hamptons y la Riviera, sus bacanales hollywoodenses y sus autos deportivos (...) Otros pagaron por su ambición y sus errores: 'ustedes'. La masa anónima que  durante dos décadas vivió a crédito, los pobres diablos que se creyeron el cuento de que poseer una casa equivale a ser el amo del castillo. Ustedes sí lo perdieron todo. Primero les arrebataron sus casitas y sus ahorros, luego su dignidad y al cabo hasta los infames servicios públicos (...) Los amonestaron los políticos de derechas y de izquierdas: 'gastaron demasiado, soñaron torpemente".

martes, 28 de enero de 2014

Presentación de "FIZ. PURO MARATÓN"

Con Martín Fiz y Alejandro Calabuig
Ayer, en la Cineteca del Matadero (Plaza de Legazpi, 8), asistí al estreno en Madrid de la película "Fiz. Puro maratón", dirigida por Rodrigo Moro y con guión de mi hermano, Alejandro (Alex) Calabuig. Mucho más que un documental al uso sobre la vida de este campeón europeo y mundial en maratón, la película sabe reflejar la emoción, el entusiasmo y la épica de todo un tiempo en el que nos acostumbramos a ver como algo normal que Fiz, Antón, Cacho... ganasen una competición tras otra al más alto de los niveles. La cinta nos habla de su esfuerzo, su entereza, su superación desde un origen humilde, toda una manera digna, honesta y generosa de estar en el mundo... Allí estaban,, acompañando al protagonista,  los propios Abel Antón y Fermín Cacho, junto con otros atletas míticos españoles: Antonio Prieto, Alberto Juzdado, Mayte Zúñiga y, como suele decirse "un largo etcétera" del atletismo español de toda una época dorada. Si os animáis a verla, aún queda un pase esta tarde en el mismo lugar a las 8 y media de la tarde.


martes, 21 de enero de 2014

ESCRIBIR LA VIDA. Eloy Tizón


Escribir la vida. Eloy Tizón
 

Muchos registros y maneras de contar contienen las “Técnicas de iluminación” de ELOY TIZÓN. Esa es una de sus muchas riquezas: que, en esta colección de relatos, su autor ha medido de modo paciente el cómo y el desde dónde quería acercarse a cada uno de los asuntos, con el tratamiento personal y literario que parecía corresponder en cada caso.  Es la adecuación del pintor no precipitado, que da un paso atrás y medita, sabiendo que las prisas o las expectativas propias y ajenas arruinarían, en este caso, no uno, sino diez lienzos: las diez historias en las que Tizón se embarca en estas Técnicas, que consiguen iluminar al final del camino. Bien saben los que meditan que nunca se parte de la iluminación, sino que la iluminación,  de haberla, se encuentra en todo caso al final del camino. De ahí que la visión del mundo que subyace y emerge en estas páginas proviene de un autor tan ambicioso (implacablemente exigente consigo mismo)  como humilde, al que sólo le interesa el hallazgo esforzado de la buena literatura, sin presunciones,  ruidos adjuntos,  o filigranas trilladas de escuela que recuerden a ese mismo traje de temporada demasiadas veces visto en los escaparates de ciudades tan parecidas, ese que se presenta una y otra vez como novedad. Así, en Fotosíntesis, primero de los textos, entramos suavemente en la particular mirada del escritor como obedeciendo a una invitación cordial porque él había dejado la puerta de casa abierta. Y enseguida acompañamos el caminar nómada de Robert Walser, acompasando nuestros pasos a los suyos (“Uno lleva el sendero en la sangre, nació con ello”). La verdadera vida es movimiento, se dice ahí. Y circundamos el mundo y los temas de Walser (la soledad extrema, la posibilidad/ imposibilidad de ser felices) desde la voz y la mirada poética de un narrador amigo, un admirador que también añora su ausencia y el hueco que dejó al morir. Sentimos con él la orfandad y la magnitud de una pérdida semejante, como una grieta que se abre en el suelo nevado de un camino imposible o demasiado grande para los hombres. Walser era un caminante, un Wanderer schubertiano, y también el asunto del caminar sin descanso (del perderse y del escapar sin saber si se va o se regresa, por paisajes vivos, o desolados como zonas de guerra y pesadilla) ocupa las páginas de la segunda pieza, “Merecía ser domingo”, evocación con notas surrealistas y líneas de fuga del mejor César Aira (pues también hay un Aira “malo”,  estéril o fallido) en torno a los complejos de adolescencia, a la timidez y el temor al ridículo por el modo propio de ser o de vestir. Tizón describe con viveza esa particular soledad aprendida en esos años, que tal vez nos acompaña ya para siempre. En medio de la prosa, como flores raras que son hallazgos reflexivos y verbales, emergen esas consideraciones que parecen confesiones personales en el oído del lector: “Y yo ya no puedo retroceder en el tiempo para defenderme y decirles que no, que yo no era tan impresentable, os lo juro (…) Busco una cabina de teléfono con línea directa al pasado. Si levanto el auricular, escucharé hablar en latín”. En esa inquietante región de la desemejanza, algunos lugares parecen manifestarse con signo cambiado: un bosque en el que los árboles se hayan vuelto, para los protagonistas en fuga, barrotes de jaula. Uno de los grandes cuentos es, sin duda, Ciudad dormitorio, con esa chica sola en un tren de cercanías yendo y regresando de su trabajo. Parece atravesar, de paso, las entrañas mismas de la propia ciudad y sus suburbios de droga, violencia y sueños que vienen demasiados grandes. En medio de la seriedad de la historia (el misterio sobre lo que ocurrió en un centro comercial que ve cada día a lo lejos, y en el que ella trabajó), desliza Tizón un humor landeriano: “La megafonía del tren estaba mal sincronizada, por lo que anunciaba a destiempo nombres de estaciones que ya habíamos dejado atrás, otras que correspondían a una línea distinta, o bien anticipaba con énfasis la llegada de destinos inexistentes, con nombres que parecían inventados por humoristas: Surtidor, Limonares, República”. Hay una “mirada social” en este relato de Tizón, una capacidad, a pie de calle, para saber qué tipo de personas pueden habitar calles y vagones de metro a ciertas horas, sus usos y sus costumbres, sus destinos arrastrados como pesadas cargas. Nos conmueve la soledad extrema del desdichado señor Toler, asomándonos a una insignificante tarde de domingo en su domicilio: “limpiando con un trapito húmedo el mando a distancia del televisor”. Y junto a esa percepción fina de la realidad, se superpone con frecuencia una hiperpercepción expresada en raras imágenes al otro lado de la ventanilla: masas de bosques de “violenta espuma verde” donde encontramos verosímil que los árboles hiervan o eructen pájaros. En el purgatorio urbano del mundo, resulta coherente la firme convicción de su protagonista: “Cuando nosotras nacimos, todo el amor del planeta se había gastado ya. Liquidado. Exhausto. Exprimido (…) El poco amor que quedaba estaba dicho en los libros, en las películas, en los telefilmes…” Y si se habla aquí de realidad e hiperrealidad funcionando juntas sin descarrilamientos, habría que atender a todo lo que surge y crece dentro de las narraciones de Eloy Tizón: el despliegue de las ocurrencias desborda y revienta las costuras del texto escueto o de su lograda técnica. Es entonces cuando, además de hacer literatura, el libro entero proclama vida literaria. El misterio de la trama puede quedar esbozado, difuminado, sugerido, como pendiente de resolución, porque el despliegue (el trayecto por el que Tizón nos ha conducido) era ya suficiente premio y narración poderosa. Otra gran pieza es “La calidad del aire”, con el deseo de perderse y desprenderse de todo de su protagonista, tras abandonar una fiesta en la que hubo un incidente (sólo apuntado) del que salió con los nudillos rojos y doloridos. Su deriva por la ciudad nos conduce a reflexionar acerca de la precariedad y la insignificancia del ser humano una vez que pierde sus objetos y posesiones. Tanto en Los horarios cambiados como en Manchas solares reflexiona el autor con lucidez sobre las incomprensiones de pareja, aunque de un modo bien distinto: en el primer caso aborda más bien el asunto del hastío de pareja una vez que todo parece dicho y hecho y todas las manías y rutinas confluyen en un insufrible conocimiento mutuo que suma cero: el “agotamiento de los actores en su décima toma”, agrediéndose verbalmente de continuo en discusiones estériles. Este relato propicia fértiles hallazgos descriptivos y enumerativos. En el segundo, en Manchas solares, nos coloca ante el estupor del marido abandonado que encuentra una nota de despedida de su pareja. Se trata ahora de cómo rehacer la vida, una vez que ésta nos sitúa de repente, sin avisos previos, en una posición en la que nos sentimos ridículos (y Tizón sabe explorar también la parte cómica del asunto). Es el no entender nada y tener que salir adelante, es también la puesta a prueba de convicciones y estatus que creíamos inamovibles. Hermoso y doloroso el choque entre expectativas y realidad en Volver a Oz. Un abismo que también está presente en la mujer trastornada (o lo que queda de ella tras ser fagocitada por una poderosa galerista de arte) de El cielo en casa. Difícil quedarse con un relato, digamos como “favorito”, pero a mí me arrastró, por encima de todas, esa evocación -que tanto tiene de despedida de un tiempo y de un modo de vida- llamada Alrededor de la boda. Gran cuento, tan humorístico como conmovedor y triste (y rebosante de fuerza expresiva) en el que se narra el viaje de tres amigos para la boda en provincias de una alocada compañera de universidad. Pocas veces se habrá enunciado de forma tan lúcida la frontera o el paso definitivo a una nueva vida, la ilusión y la preocupación por un nuevo estado de cosas en gran parte incontrolable: “Dio unos pasos para irse, pero al momento cambió de idea y volvió, porque casarse era, podía ser, un lugar oscuro e intimidante, sin traducción simultánea, un vértigo o una caída, algo incomprensible como esa silla de ahí, no, mejor como aquella otra”. También ese “nosotros”, esa voz coral que desglosa esta historia, parece estar disfrutando de una alegría, un amor y una última luz inmerecida (“de un lila suave, casi alienígena”) antes de ingresar en la seriedad de lo que vendrá en el futuro: esa vida absolutamente complicada de Manchas solares o Nautilus (con su desolado científico Almeyda y la pérdida de un hijo), la edad madura donde las lecciones apenas se aprenden o sirven de utilidad, porque todo se resume en una especie de valeroso “acto de fe” exclusivamente humano y en una improvisación, un ir “tocando de oído” mientras se vive.

lunes, 13 de enero de 2014

Acerca de la escritura de Eloy Tizón

Acabo de terminar las "Técnicas de iluminación", de Eloy Tizón. Lo he leído con la calma que, creo, merece un libro como éste. Puedes llamarlo una "calma respetuosa", una calma ceremonial a la altura de la lenta y afinada construcción y desarrollo con que el autor infundió vida y autenticidad a estas diez magníficas historias. Cierro el libro, ese último relato, "Nautilus", con su desolado científico Almeyda, pensando que, a partir de este hombre, Tizón ha sacado la radiografía exacta de nuestro desquiciado mundo contemporáneo: truculento, banal y olvidadizo. Dicen que hoy en día la vida de las publicaciones está condenada a ser corta. Digo yo que dependerá de nosotros: sostener a los buenos y dejar escapar con alivio a los que sólo daban gato por liebre. Hay libros que merecen con razón un destino pasajero. Otros, como éste de Tizón, deberían obtener, en cambio, permanencia. Yo, por si sirve de algo, la reclamo.
 

martes, 7 de enero de 2014

Riquezas y pobrezas de nuestro idioma

Que un escritor argentino/a pueda llamar a un patrocinador, "un auspiciante", habla de lo sosos y limitados que somos aquí-acá, pero no allá.