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sábado, 13 de febrero de 2010

Aramburu, o la sensatez en tiempos de crisis

Creo que, antes de ésta, han sido ya dos las ocasiones en las que he hablado en este blog del escritor Fernando Aramburu (entradas del 4 y 15 de diciembre). Qué culpa tengo yo si, aparte de ser un autor muy interesante, tiene en su poder el record mundial en la difícil y rara categoría de habla sensata, directa y clara (pan pan y vino vino) en medio de un gremio en el que estas virtudes escasean. Entrevistado esta semana por Nuria Azancot en El Cultural, con motivo de la publicación en Tusquets del nuevo y muy prometedor libro del autor, "Viaje con Clara por Alemania", tiene lugar el siguiente diálogo, que habla por sí solo (y como habla por si solo, ya me callo y me siento con vosotros a escuchar):
--¿Qué puede hacer un escritor contra la crisis económica y social que sufre el mundo?
--Lo mínimo que se puede esperar de él es que nos proporcione textos de calidad. Después, si tiene algo oportuno que decir, por mí que abra el pico en los periódicos y nos dé su aportación, a poder ser sin imponernos el fulgor de su rostro. Por último, si está en sus manos solucionar las crisis colectivas, ¿a qué coño espera?

martes, 15 de diciembre de 2009

Lo que el autor tiene que decir. A propósito de un espacio de radio


Con mucha frecuencia a uno le sorprende lo insuficiente que resulta un escritor al hacer declaraciones acerca de su propia obra. Tanto que llegas a preguntarte: cómo es posible que una persona aparentemente tan plana, titubeante, inestable, incluso falto de vuelo y de gracia... sea el autor del libro X que tanto nos gustó, conmovió, emocionó, dio que pensar. Me lo aplico a mí mismo y a mi extraordinario parecido con Rain Man las pocas ocasiones en las que he tenido que enfrentarme a entrevistas en las que tenía que hablar de mí y de por qué he escrito lo que he escrito. Otra cosa son los formularios que los periodistas envían por Internet, ahí el tiempo y la tranquilidad juegan a favor de uno y hasta acabas resultando algo profundo e inteligente. Javier Marías hace mucho que se refiere a un "pacto con el lector", según el cual lo que uno tenía que decir, su mejor yo, el yo literario, el que debe conocerse y tratarse, está puesto en los libros. Cualquier indagación que vaya más allá, el conocimiento directo del autor, el "abordaje" personal, puede tener serias contraindicaciones y producir una gran desilusión. Hay quien lo tiene tan claro como Fernando Aramburu, del cual hablaba el otro día en mi anterior entrada. Aramburu decía hace tiempo en El País: "Al escritor capaz de expresar la complejidad de la naturaleza humana yo le concedo un gran valor, aunque en su vida privada sea un granuja. Leo sus obras y a él que lo aguante su padre... Una vez terminada la obra, el autor es residuo, peladura, deshecho". Bueno, todas estas reflexiones previas eran sólo para contar que el sábado pasado el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel dedicó un espacio a mi "Un mortal sin pirueta" en su programa de Radio Nacional y yo agradecí infinitamente que no se me escuchara a mí, sino a mi yo literario: Muñoz Rengel leyó con su buena voz un fragmento de mi relato "De nombre artístico Álvaro Labra", dejó que el texto sonara. Y de eso se trata. ¿No?
Este es el enlace del programa. Por si os apetece escucharlo:

viernes, 4 de diciembre de 2009

A propósito de Fernando Aramburu



Descubrí a Fernando Aramburu tarde -gracias a un consejo de Manuel Longares- y por la que quizá sea su obra más célebrada: "Los peces de la amargura". Recuerdo cómo me impresionó su mezcla de sobriedad, dureza, poesía, lucidez, sentido del humor, en esa galería de personajes de una sociedad vasca que él conoce tan bien, a pesar de vivir en Alemania desde 1985, donde trabaja como profesor de español. Aramburu parece directo, sólido y de una pieza, en un mundo (literario y no literario) en el que casi todos nos andamos con tantas chiquitas, disimulos y contemplaciones. Me pareció también rotunda su traducción del alemán de las obras completas de Wolfgang Borchert. No lo conozco personalmente, por mucho que seamos "colegas" de El Cultural de El Mundo y que no me perdiera una sola de sus verónicas en la sección "Pan de higo", tan clara y a pie de calle que lo mismo hubiera podido llamarse "Al pan, pan". Ahora sigo también su sección Gatos Ensartados, y en su artículo de hoy, "Gente y literatura" me parece que da una buena respuesta a algo que yo me preguntaba a menudo: ¿qué, o quién, es lo que hace grande, digna e importante a la literatura? Su reflexión es también una buena cura para aquellos escritores con éxito que a menudo, mientras levitan y se pavonean, olvidan hasta qué punto estan en deuda con sus lectores y dependen de ellos. En el artículo, Aramburu comenta una reunión literaria en torno a "Tokio blues" de Murakami a la que Aramburu asistió, cargado, por cierto, de prejuicios por lo que consideraba defectos formales del libro y del modo de escribir del escritor japonés. Pero la constatación de que la novela (más allá de sus imperfecciones estilísticas) había sido capaz de conmover, emocionar y decir tanto a algunas de las personas que se encontraban a su alrededor en aquel círculo de lectura, conduce a Aramburu a un replanteamiento de sus ideas previas y, sobre todo, a esta hermosa conclusión: "Gente desconocida y sensible dignifica la literatura. Y la hace posible".