Acudir, como hice yo el pasado viernes por la noche a una representación de "Hamlet" (nada menos que por el Globe, aquí, de visita en Madrid, Teatros del Canal) y constatar de nuevo que en Shakespeare estaba todo, no sólo el retrato de las ambiciones, el desgarro del amor, la crueldad y la compasión, la locura, el tormento y cobardías de la conciencia, la fugacidad de la vida (da tiempo a contar hasta uno), la solemnidad y el humor juntos y descalzos como Ofelia en un baile, ... el teatro y el metateatro, o la gran palabra poética, la que designa, expande y conmueve..., sino hasta el pacifismo y la invasión futura de Polonia por un gran ejército. Lo sabían Rilke, Kafka o Cartarescu, lo sabía Platón, que el auténtico poeta de verdad vive entre dos mundos, en lo alto del edificio o de un cosmos, percibiendo y anticipando como un médium, un perro o un niño, al límite de sus fuerzas, mirando con grandes ojos, mientras los demás duermen, o dormimos.
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domingo, 26 de abril de 2015
Hamlet en Madrid
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sábado, 11 de abril de 2015
CARTARESCU
El pasado jueves por la tarde estuve en la Librería Rafael Alberti y pude disfrutar de las palabras de Mircea Cartarescu, traducidas veloz y certeramente por su traductora e intérprete hispano-rumana (Marian Ochoa). Impresiona su austeridad, su visión del proceso de escritura casi como una tarea misional, la de ese "centinela" kafkiano-rilkeano-dostoievskiano que desde lo alto del edificio, dentro y fuera de sí, percibe señales y vigila mientras la mayoría de la Humanidad duerme. La obra de Cartarescu es honda y desbordante de fuerza expresiva. Solemne, visionario, oscuro, y a la vez brillante y con un sentido del humor que dirige también hacia sí mismo: hacia el que fue en los orígenes (de humilde poeta en tiempos de dictadura) y hacia quien es hoy en día. El libro que se presentaba es la novela "El Levante" (Impedimenta).
(Fotografías: Archivo Librería R. Alberti)
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| De izquierda a derecha: Enrique Redel, Marian Ochoa, Cartarescu y Jordi Doce |
lunes, 25 de febrero de 2013
El "lugar en el mundo" de los personajes de ficción
Se ha escrito mucho acerca del modo tan peculiar de existencia que tienen los personajes de ficción. Sin existencia real y, al mismo tiempo, cuando resultan logrados, hablamos de ellos y de sus peripecias, elecciones, errores trágicos, maneras de ver el mundo... como si estuviesen entre nosotros y hubieran "tomado cuerpo". Algunos se quedan, de hecho, con nosotros para siempre o pasan como herencia entre generaciones. En el final del relato "El Ruletista", de Mircea Cartarescu, el autor sale por un momento de la historia que cuenta para considerar esta misma cuestión respecto de su protagonista. Cartarescu comenta:
"A pesar del hecho de que era imposible que él existiera, lo cierto es que ha existido. Hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura. Allí las leyes del cálculo de probabilidades pueden ser infringidas, allí puede aparecer un hombre más poderoso que el azar. El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura (...) Los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es ´leído´. Aunque jamás consiga besar a su amada, el pastor pintado en una urna griega sabe al menos que la va a contemplar eternamente. Esta es mi apuesta y mi esperanza".
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domingo, 17 de febrero de 2013
El recorrido de nuestras historias
De Mircea Cartarescu, "Nostalgia":
"Querrías sacudir el corazón del lector, pero, ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos". Desolador, y, a la vez, en cierta medida, justo. Salvo que te creas el centro del universo o pienses que tu "gran contar" no es una de las muchas maneras de decir.
"Querrías sacudir el corazón del lector, pero, ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos". Desolador, y, a la vez, en cierta medida, justo. Salvo que te creas el centro del universo o pienses que tu "gran contar" no es una de las muchas maneras de decir.
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