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miércoles, 1 de julio de 2015

En recuerdo de Heinrich Mann


Este hombre es Heinrich Mann, mucho más que el hermano mayor de Thomas. La fotografía es de 1949 y él va a morir, en ese exilio californiano, sólo un año después. Está desfondado y quebrado, la vida le ha pasado por encima sin darle respiro. Escribió obras tan importantes como “El súbdito” o “Professor Unrat”, cuya versión cinemátografica (El ángel azul), interpretada por Marlene Dietrich, fue un éxito mundial. En los años treinta del pasado siglo, antes de la pesadilla del nazismo, era un hombre de éxito, al que no le faltaban los honores o el dinero, pero en 1940 era un anciano de 69 años que caminaba y tropezaba penosamente con su atildado traje blanco por senderos de montaña del Pirineo, iba en un grupo, con su segunda mujer, la hermosa Nelly, a la que había conocido en una taberna canalla del viejo Berlín. Escapó hacia Estados Unidos desde Lisboa. En adelante no conocerá el respeto o la admiración, sus obras dejarán de leerse o traducirse, tendrá que vivir de la ayuda económica del gran Thomas en California y soportar la caída en barrena de su alcoholizada Nelly, a la que verá morir (ella se suicidó después de una racha amarga de detenciones policiales y sucesivos altercados y accidentes de tráfico). Heinrich esperaba ser leído en la Alemania del Este, le llegaban unos dólares de derechos de la Unión Soviética. Cuando por fin le envían algo más de dinero y, sobre todo, la invitación para trasladarse de nuevo a Alemania (al Berlín Oriental) como presidente de la nueva Academia Alemana de las Artes, es 1949, es casi un octogenario (su edad en esta foto). Acepta el cargo, proyecta incluso viajar en un vapor polaco… aunque le dice a Thomas Mann, todavía en California: “yo no sabré ya cómo aparecer en escena, hace tanto-tanto- tanto tiempo que ya he perdido la costumbre”. No llegará a viajar. Morirá unos meses después aún en California. Uno de los más grandes escritores en lengua alemana, pero si quieres leerlo en español y pasas por la Casa del Libro aquí en Madrid y preguntas por sus obras, un empleado veinteañero te preguntará “¿Quién?” Y tecleará infructuosamente“Henry” en vez de Heinrich en su teclado, mientras te pregunta quién era ese tal “Thomas” premio Nobel y ese ángel azul y esa Marlene.

lunes, 29 de junio de 2015

Los Mann


Cada vez que vuelvo a los capítulos de esta excelente serie, me sorprende (mucho más que el énfasis en la lucha de Thomas por mantener a raya sus claras tendencias homoeróticas, o el gusto de su refinado hermano Heinrich por las tabernas y clubs de "mala muerte" alternando entre aspirantes a actriz y prostitutas) la crueldad y el desdén de sus hijos -a excepción de la pequeña, Elisabeth, inteligente y compasiva- y, sobre todo, la obsesión de todos ellos por competir o igualar el inalcanzable talento de su padre. Se diría que oportunidades no les faltaron para destacar en la novela, el teatro o la música. Klaus, Erika, Michael... lo tuvieron todo a su favor, incluida la reconocida "tolerancia infinita" de su padre. Creo que "begabt" (dotado, con talento) es la palabra que más se escucha en esta serie, pero es casi una agonía (invivible), un todo o nada por ser, o conseguir, el genio.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Buscando a Heinrich Mann


Estos días atrás había empezado a leer un grueso libro de Heinrich Mann que encontramos a muy buen precio en nuestro veraneo en Berlín: "Zur Zeit von Winston Churchill" (En la época de Winston Churchill). Estaba enterándome, por ejemplo, de cómo el escritor alemán supo cuál era el momento oportuno para abandonar Berlín antes de que los nazis se le echaran encima (el embajador francés le indicó con sutileza que las puertas de su casa en la Pariser Platz estaban abiertas para cuando lo necesitara, etc. Esa misma Pariser Platz que ahora afortunadamente es centro de alegría, acogida y celebraciones). El caso es que la lectura de la exigente prosa alemana de Heinrich Mann me hizo recordar su célebre libro "El súbdito" -que leí en castellano en los tiempos de universidad en una edición de Bruguera que tenía mi hermano y entonces me impresionó mucho-. Así que decidí comprar un ejemplar (no puede uno seguir molestando a los hermanos pasados los cuarenta). Pensé que sería fácil encontrarlo, pues yo lo consideraba uno de esos clásicos que forzosamente se siguen reeditando. Después de mirar y remirar por los imposibles estantes de la Casa del Libro de Gran Vía, tiene lugar este inquietante diálogo con una dependienta de veintitantos (no puedo llamarla "librera" por lo que se verá):
--¿Por favor, tendría "El súbdito", de Heinrich Mann?
--¿Cómo es el nombre?
--Heinrich
--¿Henry?
--No. Heinrich, es alemán. Ya sabe, el hermano de Thomas Mann...
(Esta información no parece decirle gran cosa, me mira con cara de quién será ese tal Thomas). Después de asegurarle que Heinrich Mann es el autor de Profesor Unrat (El ángel azul) y de mencionarle incluso a Marlene Dietrich, le deletreo "H-e-i-n-r-i-c-h" y le indico que Mann "es con dos enes", ella corrige malhumorada sobre la marcha en la pantalla del ordenador y sentencia: "No. No existe. Descatalogado".
Hablo aliviado con libreros de verdad en la librería Alberti de Argüelles (Santi, Miguel y Lola). Santi trata de dar con una reedición en Edaf pero al cabo de unos días me confirma que "El súbdito" se ha vuelto inencontrable. A él también le sorprende que sea así. Tendré que leerlo en alemán, o molestar a mi hermano. En Alemania hasta han rodado una impresionante serie televisiva acerca de esta familia de escritores y artistas. ¿Es posible que los Mann se estén diluyendo?, ¿que estén pasando a peor vida? Camino por la calle Princesa hacia el intercambiador de la Moncloa, nueve de la noche, aire frío, pienso en las pocas librerías de verdad que van quedando en Madrid, pienso también en la dificultad de encontrar buenos CDs de música clásica, hace unos pocos años aún no era así. Pienso en las toneladas de basura televisiva que la gente traga con tanto gusto acerca de las miserias de los famosos: el clan de los no se qué, la herencia de los nosecuantos, el hijo secreto de... Me viene a la cabeza una sola palabra: empobrecimiento.

martes, 24 de marzo de 2009

Sobre la permanencia y el valor de lo que uno escribe


Klaus Mann (1906-1949)
Es una gran noticia que acabe de reeditarse en español "La danza piadosa" (Der fromme Tanz) de Klaus Mann (editorial Cabaret Voltaire), una novela realmente polémica cuando apareció en la Alemania de 1926, en aquella República de Weimar. Sobre la posible permanencia y valor de lo que uno va escribiendo, quiero citar una frase de una carta de este hijo mayor de Thomas Mann. Vivió sólo 43 años y las dos guerras mundiales le pasaron por encima, como a Döblin, como a Stefan Zweig, como a tantos otros. La frase, escrita en el convulso 1936, es ésta: "Tengo casi treinta años y a los quince empecé a vivir consciente y apasionadamente, por lo tanto, en estos quince años he amado y sufrido mucho. También he trabajado mucho. Quién sabe qué permanecerá de todo ello, quién puede arriesgarse hoy (¡hoy!) a decidir; tengo razones para confiar en que no se pierda todo y, en cualquier caso, sé que algunas cosas que he hecho tuvieron la fuerza suficiente para consolar o estremecer a las personas, y que significaron algo para ellas".