"Creía que pretendías algo más de la vida- dijo Irene-. Eso dijiste la primera noche que nos acostamos. Dijiste que querías que la literatura fuera solamente la mitad de tu vida". Quien haya leído a Bernard Malamud, sabrá que pocas veces se ha descrito tan bien y tan terriblemente la destrucción propia y ajena a la que puede conducir la vida obsesiva de un escritor atormentado y enfangado exclusivamente en su obra. Me refiero a la novela Los inquilinos y a su protagonista, el escritor judío neoyorquino Harry Lesser, que siente que tiene entre manos una obra de primer nivel, pero, a la vez, que "escribe contra acantilados de resistencia". Las reflexiones de Malamud parecen especialmente adecuadas para todos aquellos que nos dedicamos a escribir. El protagonista de su novela se permite una mañana dar un paseo hasta el Museo de Arte Moderno, dando vueltas a sus bloqueos a la hora de avanzar en el texto ("¿Qué estoy haciendo aquí, tan lejos del libro que he de terminar?"). En un momento de lucidez, comenta: "Para espantar de su cráneo aquel pájaro vomitante, disipar el desconsuelo que le impide trabajar, no tiene más que volver a su mesa y sentarse con la pluma en la mano; sin preguntar qué le dará o le dejará de dar lo que escribe. De acuerdo, no es la totalidad de la vida, ¿pero quién es capaz de contener la totalidad de la vida entre las manos? El arte es una esencia, no la esencia de todo.... Si volvía a trabajar tranquilo, calmado, aquel misterioso final, cualquiera que fuera o pudiese ser, este llegaría solamente mientras trabajaba... Ningún ángel se introduciría volando en su habitación con un rollo de pergamino... Un día escribiría una palabra, otro otra, y al tercero, el final".
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martes, 23 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
Bernard Malamud y "lo revelador"
Supongo que cada uno tiene una idea de en qué reside que un autor sea, aparte de grande, "revelador". Leo estos días a Bernard Malamud, autor que falleció en 1986, y no dejo de pensar en una especie de polifonía que surge de una trama aparentemente sencilla. Dicho de otra manera: de cuántas cosas es capaz de hablar a partir de un argumento aparentemente sencillo y cuántas líneas de fuerza nacen de su manera humilde de estar y escribir en el mundo.
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| Bernard Malamud (Nueva York, 1914-1986) |
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martes, 9 de octubre de 2012
Bernard Malamud y la dignidad del escritor
"Lesser, cuando escribía, era a veces como una ruidosa locomotora, con todos los vagones enganchados, a excepción del furgón del maquinista, que chirriaba a lo largo de las vías retintinantes hacia una región cuya topografía sospechaba pero no conocía hasta llegar a ella".
Leo estas palabras acerca de cómo el autor va descubriendo sobre la marcha -como un explorador- la obra que escribe, en las primeras páginas de LOS INQUILINOS de BERNARD MALAMUD (El Aleph Editores, 2012), una novela de 1971 a la que yo llego ahora, con tanto retraso. Tengo la sensación de estar llegando con retraso a demasiados autores (Malamud es uno de ellos) y de que no todo depende de que haya "demasiados" autores y nuestras fuerzas y tiempo sean limitados. Una persona muy cercana, que conoce bien la obra de Malamud, me había hablado de él y de su "superioridad" respecto a su discípulo Philip Roth. Me había recomendado obras como "El dependiente" o "El reparador". Leo "Los inquilinos" y me va pareciendo prodigioso, inteligente, lúcido, serio y divertido a un tiempo. Asisto al esfuerzo del protagonista, el escritor Lesser, último inquilino de un inmueble neoyorquino amenazado, un resistente que tiene entre manos una tercera novela, que aspira a que sea la mejor de las suyas, y que en la dureza de sus condiciones de vida muestra toda su dignidad: "Las cosas podían ir peor y de hecho habían ido peor, pero Lesser seguía siendo un escritor que escribía... Quiero que los demás opinen que soy alguien consciente y no un frívolo que ha disparado todos sus cartuchos... Tengo que justificarme ante mí mismo con una obra de primera clase".
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