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lunes, 30 de marzo de 2020

AGAMBEN


1) Mi amigo Gustavo Nielsen me pone sobre la pista de una polémica reciente: las críticas al filósofo italiano GIORGIO AGAMBEN por su "derrape" a la hora de juzgar el alcance que iba a tener esta pandemia. Le restó importancia en los inicios (dicho sea de paso, como muchos de nosotros). En cambio, creo que -admitiendo todos que es necesario y fundamental este encierro- Agamben ha apuntado hacia algo sobre lo que merece la pena reflexionar: si no ocurrirá que, al haberse puesto la prioridad en proteger a toda costa la "vida desnuda" (la pura vida biológica), terminen aprovechando los poderes para limitar y controlar de aquí en adelante nuestros movimientos y nuestras libertades, nuestra vida social, nuestros secretos...
2) Dándole vueltas a la filosofía de Agamben, cada vez que leo sus libros, pienso que él si ha conseguido algo que no logró su férreo y cuadriculado maestro HEIDEGGER. Heidegger se pasó la última parte de su vida diciendo que había que "pensar de otra manera", y, cuando le apuraron mucho, dijo que eso consistiría en un pensar emparejado con la poesía, un pensar poético. Para mí eso es lo que ejemplifica el culto, refinado y civilizado Agamben: un modo poético (italiano, romano) del pensar, un modo que te adentra de verdad por "caminos de bosque" y "por sendas perdidas" sin que todo estuviese antes germánicamente estructurado y pactado con uno mismo para darse la razón como quien choca su mano derecha con su izquierda. No hay un "dejarse llevar" real en Heidegger, pero sí en Agamben, donde uno a veces se pierde, pero otras encuentra recompensas.

viernes, 14 de junio de 2013

La "Hannah Arendt" de Margarethe von Trotta

 
Ayer por la tarde me "escapé" al 15º Festival de cine alemán, para ver en el Palafox la película "Hannah Arendt",  de Margarethe von Trotta. Tenía dudas acerca de sí quería o no ir a este estreno. Tengo mi propia imagen de Arendt desde los tiempos en los que leía y estudiaba sus obras en la Facultad de Filosofía. Me daba un poco de miedo saber qué clase de película se podía hacer acerca de una pensadora tan monumental. Mereció la pena. Más allá de la excelente actuación de Barbara Sukowa (otra de las musas de Fassbinder, como Schygulla o la propia directora, Margarethe von Trotta), creo que el ángulo era el correcto: en lugar de contar "biográficamente" la vida de Hannah Arendt, se eligen esos años del juicio de Eichmann en Jesusalén -al que la filósofa asiste-, sus artículos peligrosamente polémicos en New Yorker, su círculo de amistades y enemistades neoyorkinas y algunos medidos saltos atrás para dar cuenta de su relación con Heidegger (en los tiempos en que él era su profesor en Alemania, y también tras la guerra, cuando el filósofo ya es anciano y ella lo visita). El asunto de "la banalidad del mal", el asunto de qué ocurre si los seres humanos corrientes renuncian a pensar (a su conciencia y a su "razonamiento moral") y obedecen sólo la ley imperante o las medidas de sistema, recorre toda la película, que a mí me pareció extraordinaria.