miércoles, 15 de abril de 2009

Desarraigarse es fácil


Estampa antigua de la Plaza del Ayuntamiento de Valencia

Sólidas raíces. Tener o echar sólidas raíces. Eso debería esperarse de uno, formar parte de una identidad fuera de dudas. Tarde de viento, lluvia y frío en la Playa de la Malvarrosa hace sólo unos días, estos días atrás de Semana Santa. Allí, el comentario de una persona cercana teñido de extrañeza: "¿Pero cómo? Todos estos años he pensado que eras valenciano. Qué decepción. Así que naciste en Madrid". Me veo y siento absurdo en el acto de justificarme, defendiendo una supuesta "valencianidad" básica, un origen, apelando a mi abuelo y padre, ambos como yo Ernestos Calabuig. Mi abuelo, de Xativa, toda mi familia valenciana por parte de padre, allí mismo, habitantes de aquellas tierras desde hace siglos, seres reales, contemporáneos al alcance de la mano, personas de carne y hueso a las que se puede visitar, vivos y difuntos, el recuerdo de tantos veraneos incesantes y semanas santas de mi infancia en aquel apartamento de Cullera... ¿Y qué? ¿Cuánto suman? Yo ya nací en Madrid, soy gato, castizo, efecto de una deriva, consecuencia del traslado de mi abuelo desde la Telefónica de Valencia a la de Madrid en tiempos de posguerra franquista. Dejé de oír el valenciano con continuidad cuando mi abuelo falleció, yo tenía unos diez años. El valenciano es ahora sólo un sonsonete familiar, querido, una lengua-souvenir que yo no hablo, de la que sólo he retenido algunas expresiones y palabras, y que sólo la buena memoria o mi buen oído me permiten imitar. Uno puede imaginar y evocar generaciones consecutivas de valencianos de interior, familiares míos que tal vez hasta "perchaban" en la Albufera y encontraban dificultoso "parlar castellà", pero el comentario del otro día en plena Malvarrosa me vuelve consciente de mi desarraigo y de la perplejidad, el vértigo, de que basten una o dos generaciones y un cierto grado de azar para soltar amarras y ser, por completo, otro.

martes, 24 de marzo de 2009

Sobre la permanencia y el valor de lo que uno escribe


Klaus Mann (1906-1949)
Es una gran noticia que acabe de reeditarse en español "La danza piadosa" (Der fromme Tanz) de Klaus Mann (editorial Cabaret Voltaire), una novela realmente polémica cuando apareció en la Alemania de 1926, en aquella República de Weimar. Sobre la posible permanencia y valor de lo que uno va escribiendo, quiero citar una frase de una carta de este hijo mayor de Thomas Mann. Vivió sólo 43 años y las dos guerras mundiales le pasaron por encima, como a Döblin, como a Stefan Zweig, como a tantos otros. La frase, escrita en el convulso 1936, es ésta: "Tengo casi treinta años y a los quince empecé a vivir consciente y apasionadamente, por lo tanto, en estos quince años he amado y sufrido mucho. También he trabajado mucho. Quién sabe qué permanecerá de todo ello, quién puede arriesgarse hoy (¡hoy!) a decidir; tengo razones para confiar en que no se pierda todo y, en cualquier caso, sé que algunas cosas que he hecho tuvieron la fuerza suficiente para consolar o estremecer a las personas, y que significaron algo para ellas".

lunes, 9 de marzo de 2009

La crítica literaria como reivindicación


El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia

Una de las satisfacciones reales que tiene esta labor de crítico a la que me dedico, es que, de cuando en cuando, tiene uno la posibilidad de reivindicar la valía de textos de autores que hace tiempo nos dejaron, a veces de modo dolorosamente prematuro, dramático, con el silencio de un corte brusco, o con el corte brusco tras el que sólo cabe y queda silencio. Me ocurrió con Ingeborg Bachmann y Sebald (la primera, víctima de un incendio en su apartamento de Roma, el segundo, de un choque de automóvil en una carretera inglesa). También tuve esa experiencia con Haroldo Conti (secuestrado y desaparecido por los esbirros de la dictadura argentina). La pasada semana publiqué en El Cultural de "El Mundo" una reseña del autor mexicano Jorge Ibargüengoitia, que a sus 55 años era pasajero de aquel avión de Avianca que se estrelló en 1983 en su equivocada maniobra de aproximación al aeropuerto de Barajas. Este es el enlace de mi reseña (http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/24873/Revolucion_en_el_jardin ), pero en quinientas y pico palabras nunca cabe todo. La libertad de este blog, me permite ahora citar al azar algunas ocurrencias, a menudo irónicas, de su "Revolución en el jardín", compartirlas con quien por aquí se asome:
  • (De un viaje a Cuba en 1964): "Cerca de la administración (del Hotel Habana Libre) había muchos intelectuales latinoamericanos discutiendo el porvenir de la humanidad, tratando de decidir a qué cabaret iban, o esperando a una señora que había ido al baño".
  • (De ese mismo viaje): "Subimos al coche, que era tan largo que nunca llegué a la punta para averiguar la marca" o "Era (el viceministro) un hombre dinámico y de gran valor. Lástima que haya perdido dos horas conmigo" o "Algunas mujeres se vestían de miliciano, con camisa azul y pantalones verde olivo, con un zipper (cremallera) larguísimo en la parte de atrás. Este zipper provoca en el extranjero el deseo de bajarlo a traición, deseo que se resiste solamente al ver la pistola que generalmente lleva en el cinto la dueña de los pantalones" .
  • "Tomaría precauciones para distinguir la palabra `intelectual´de la palabra `inteligente´".
  • "Todo autor sabe que tiene sus enemigos. Yo me los imagino con la cara borrada y manos amarillentas que les tiemblan cuando leen mi columna".
  • ¿Seré escritor de tercera o genio que está perdiendo el tiempo? Dentro de mí puedo decir: soy el escritor que estaba destinado a ser, ni mejor, ni peor".
  • (Analizando "El ultimo tango en París"): "... sino que (los personajes de Brando y Maria Schneider) salen del apartamento y se meten en sus respectivas vidas, que, dicho sea de paso, resultan mucho más sórdidas que la pornografía".
  • "Unos amigos míos de la infancia, de familia muy devota, tenían como argumento para demostrar la existencia de Dios el siguiente: Sé sincero -le decían al presunto ateo-. ¿Verdad que cuando llega la Navidad te sientes invadido por un calorcillo interior que te llena de felicidad completamente inexplicable? Es que es sobrenatural, Dios la ha puesto en tu corazón".
  • "Me quedé pensando: el pintor, lo mismo que el escritor, no sabe lo que hizo hasta que es demasiado tarde".
  • "`Al que madruga, Dios le ayuda´, que es una afirmación que carece de fundamento histórico".
  • (Comparando otras profesiones con la de escritor): "Un ingeniero se pone Ing. antes del nombre, y cuando su mujer llega a la casa, le pregunta a la criada: -¿Ya llegó el Ingeniero? Ninguna esposa de escritor le ha preguntado nunca a ninguna criada si ya llegó el Escritor. Entre otras cosas, porque lo más probable es que no tenga criada. Y porque sabe que su marido no ha salido: está en su cuarto, frente a la máquina, devanándose los sesos".
  • "El turista, cuando viaja, cree que está volviéndose internacional. El que lo recibe, en cambio, con sólo verlo se vuelve nacionalista".

viernes, 6 de marzo de 2009

Coetzee, Haroldo Conti y "Vals con Bashir": ¿Cómo hablar del mal?







Una de las reseñas que el año pasado escribí para El Cultural de El Mundo trataba de los Cuentos completos de Haroldo Conti, uno de los grandes maestros del relato, que tuvo la desgracia de ser secuestrado en su domicilio en 1976 por los monstruos de la dictadura argentina y “desaparecer” para siempre a la edad de 51 años. Recuerdo cómo me impresionaron algunos de sus cuentos, verdaderas obras maestras, pero también el tremendo efecto que me produjo que la edición de Bartleby editores, estuviera precedida de un prólogo de García Márquez (buen amigo de Conti) que se correspondía con el artículo que el colombiano escribió en El País en 1981, anunciando al mundo la noticia segura de que Conti había sido asesinado. El prólogo, hermoso y terrible, proporcionaba todos los detalles del último día en libertad de Haroldo Conti, las últimas pinceladas del cuento que había estado escribiendo esa misma mañana en su despacho, la ayuda en las tareas escolares a sus hijos, cómo salió al cine con su esposa y al regresar encontraron instalados en su casa a los verdugos, las torturas, las vejaciones, la dolorosa separación… Treinta y tantos años después, el recuerdo minucioso y sin disimulos de lo que ocurrió, producía en nosotros dos sensaciones: por un lado, agradecimiento por lo que es de justicia (que toda la verdad se sepa), por otro: terror, repugnancia, asco por la barbarie de que es capaz el “ser humano”.
Una película reciente (Vals con Bashir) y un libro de Coetzee (Elizabeth Costello) hacen que siga dándole vueltas a este asunto del tratamiento del mal y la necesidad de hacer memoria. La película, israelo-francesa-alemana (que ganó el Globo de Oro y a punto estuvo de conseguir también el Oscar a la mejor película extranjera) cuenta la historia del propio Ari Folman (director), cuando no era un cineasta, sino un joven soldado israelí enviado a tomar parte en la guerra del Líbano a comienzos de los ochenta durante la terrible masacre de Sabra y Chatila. El esquema de la narración: la memoria de Ari parece haberse defendido de aquel horror con el paso de los años borrando inexplicablemente aquellos acontecimientos que a otros dejaron tanta huella. Por ello la película es una investigación, una reconstrucción a partir de los testimonios de quienes allí estuvieron y sí recuerdan e incluso quedaron en adelante desquiciados. Como Edipo, el protagonista quiere a todo trance saber, aunque sus pesquisas no hagan sino acorralarlo conforme revelan la parte de culpa que le correspondió. Asumir la culpa puede ser liberador aparte de angustioso. El director elige para su cinta el formato de un raro comic documental, que subraya el carácter onírico de la experiencia regresiva, pero además parece funcionar como un filtro para el espectador ante el espanto del mal en estado puro.
Quiero ahora referirme a J. M. Coetzee, a su tratamiento del “problema del mal” en la obra Elizabeth Costello. Elizabeth Costello –alter ego del autor en este libro- es una escritora australiana anciana que recibe una invitación para participar en Amsterdam en un ciclo de conferencias en torno al asunto del mal. Ella acaba de leer un libro de Paul West que la ha dejado abatida, acerca del famoso complot de un grupo de oficiales nazis liderados por Von Stauffenberg para atentar contra Hitler. Como se sabe, un intento fallido que les costó muy caro. Las descripciones brutales de Paul West acerca de la salvaje ejecución de los conspiradores, el detalle morboso del ritual y las palabras brutales, vejatorias, que el verdugo dirigió a aquellos ancianos antes de ejecutarlos en aquel sótano de los horrores, hacen que Elizabeth Costello sienta que las palabras de West insuflan nueva vida al mal puro, incluso a lo diabólico. Ella, partidaria de la verdad y del recuerdo, se pregunta, sin embargo, no sólo si era realmente necesario ese lujo “obsceno” de detalles, sino también si es posible que un escritor o un lector salgan indemnes después de relatar o leer algo semejante. Costello no invita a la desmemoria, pero plantea que tal vez sea mejor que los genios malignos reposen para siempre en el interior de su botella. Sobre ese tema versa su conferencia, y la casualidad hace que el mismísimo Paul West esté en la lista de ponentes e incluso se aloje en el mismo hotel que ella. Un espectador dirá tras su charla que lo que le ocurre a Costello es que es un “recipiente débil”, de poco aguante. No puedo, ni quiero ahora desvelar el resto. Como suele decirse, los libros están para leerlos. Me limitaré a citar a modo de enumeración algunos fragmentos que me han impresionado en este asunto de cómo abordar el mal en las narraciones.
“¿Es posible que aquella noche hubiera testigos que (...) antes de que se les borrara la memoria para salvarse a sí misma, escribieran, con unas palabras que debieron de calcinar la página, un relato de lo que habían visto?”
“Obscenidad. Esa es la palabra… significa fuera de escena. Para salvar nuestra humanidad, ciertas cosas que tal vez queramos ver (¡queremos ver porque somos seres humanos!) deben permanecer fuera de escena”
“¿No tendría que ser capaz de oler el mal? ¿A qué huele el mal? ¿A azufre? ¿A pedernal? ¿A Zyklon B? ¿O acaso el mal se ha vuelto incoloro e inodoro, como la mayoría del resto del mundo moral?”
“Tenemos que tener cuidado con los horrores como los que usted describe en su libro. Nosotros los escritores (…) Porque si lo que escribimos tiene el poder de hacernos mejores, seguramente también tiene el poder de hacernos peores”.
“Me tomo en serio el hecho de que los lugares prohibidos están prohibidos. El sótano en que fueron colgados los conspiradores de julio de mil novecientos cuarenta y cuatro es uno de esos lugares. No creo que ninguno de nosotros tengamos que entrar en ese sótano. No creo que el señor West tuviera que ir allí. Y si decide ir a pesar de todo, creo que no deberíamos seguirlo. Al contrario, creo que habría que levantar barrotes frente a la entrada del sótano, poner una placa de bronce que dijera: `Aquí murieron…´ y debajo una lista de los muertos y las fechas de sus muertes y ya está”.
“Si la electricidad del mal saltó realmente de Hitler al verdugo de Hitler y de este a Paul West, seguramente West le mandará alguna señal”.

martes, 24 de febrero de 2009

Un cuénto inédito en "La nave de los locos"




Ayer, 23 de febrero, apareció en La nave de los locos (el blog literario del profesor, crítico y editor Fernando Valls) un breve cuento mío inédito, que yo había dejado fuera de "Un mortal sin pirueta" y que ahora me alegra ver amablemente publicado aquí. Al parecer aún le quedaba vida a este relato, a pesar del desdén y la falta de tacto con que yo lo había tratado a la hora de la "gran selección".
Su título es "Malsueño". Su subtítulo, de tenerlo, sería algo así como "El viajante varado".
Ojalá os guste.
El enlace de mi cuento es:
Y el general del blog de Fernando Valls:

jueves, 29 de enero de 2009

Presentación de mis relatos en la Librería Rafael Alberti

El 28 de enero de 2009 se celebró el acto de presentación de "Un mortal sin pirueta" (Menoscuarto ediciones) en la librería Rafael Alberti del barrio de Argüelles, en Madrid. Un encuentro cálido y cercano, y una tarde muy especial en la que me sentí arropado por mis amigos Lola Larumbe y Álvaro Pombo (que presidieron el acto) y por todos los que acudieron a la sala: familiares y amigos tan generosos como Manuel Longares, Oscar Soto, Pilar Mañas, Sergio Suárez... El tiempo cundió para un diálogo animado e incluso para la lectura final de un par de relatos cortos. Gracias a los que vinísteis y también a los ausentes que deseaban estar.





viernes, 23 de enero de 2009

Texto de Care Santos en El Cultural (El Mundo) acerca de "Un mortal sin pirueta"









Hoy viernes 23 de enero de 2009, Care Santos ha escrito esta bonita reseña acerca de mi libro de relatos. Espero que os guste. Si queréis verlo completo, este es el enlace: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/24634/Un_mortal_sin_pirueta

Un mortal sin pirueta
Ernesto Calabuig
Menoscuarto, 2008. 180 páginas, 14,50 euros
( 23/01/2009 )
La memoria tiene muchas caras y, sin duda, la nostalgia es una de ellas. Incluso nostalgia por lo que no se ha vivido. En ese sentido, la narrativa española más reciente está llorando hace varias décadas su propio pasado y, en lo referente a los escritores más jóvenes, lamiéndose unas heridas que no sufrió en propias carnes, sino a través de la tristeza, la memoria, la nostalgia de sus mayores. En ese terreno de lo realista y lo nostálgico cabe situar este primer libro de relatos de Ernesto Calabuig (Madrid, 1966), editor vinculado al mundo de la enseñanza y crítico literario. Podría decir que, en conjunto, el sentimiento que más planea sobre estos quince relatos es la tristeza. Pero eso sería quedarse corto. Son historias protagonizadas por hombres y mujeres que perdieron sus últimas oportunidades; que tal vez nunca las tuvieron y por eso se aferran a un detalle nimio, un minúsculo momento de gloria vivido hace mucho tiempo (como el protagonista del relato “El momento estelar de alguien poco importante”); o que dedican un esfuerzo innecesario a convencer a un mundo que ya no les escucha de que las cosas no fueron como otros explicaron (como el personaje central del relato que da título al libro) o que viven en las palabras o las imágenes que otros retuvieron (como los protagonistas de “Fotocomposición del señor Gattinara” y “La pinada”). Me parece significativo que haya tantos maestros en estas páginas. Maestros comprendidos, incomprendidos, recordados al cabo de los años. Sin embargo, puede que el único protagonista de estos magníficos relatos sea el tiempo. El tiempo en relativo, porque de todo “hace tanto y no hace tanto, según la idea que cada uno tenga” (pág. 139). En realidad, no hace nada: todos viven aún, porque las palabras, como la foto del señor Gattinara “detienen, congelan heroicamente, cualquier después”. Sobre todo si calan hondo, como éstas.
Care SANTOS

miércoles, 14 de enero de 2009

De críticos y Virginia Woolf


Hay críticos que permiten ver a través de ellos (entran en el texto pero dejan al libro y al autor ser) y otros que opacan, entorpecen, no muestran nada, no rozan el libro -ni al autor-salvo para maltratarlo o malentenderlo, o tal vez utilizan la obra para hablar de sí mismos y lucir sus abstrusos e inquietantes conceptos de narratología (dicen "actante" en lugar de personaje, o "analepsis" en vez de salto atrás etc.) Me gustaría pensar que pertenezco al primer grupo y que muestro o ilumino algo. Puedo asegurar que, al menos, me esfuerzo cada vez en ello.
En cualquier caso, nos queda siempre una "deformación profesional". No puedo leer ya un sólo texto sin la compañía de un lápiz y un cuaderno de notas. ¡Ey, pero si esta novela te la regalaron por Reyes (te la trajeron los propios Reyes), no tienes que reseñarla! ¡No la llenes de apuntes y subrayados! Qué le vamos a hacer. Uno subraya y marca hasta libros que no son suyos.
Todo esto es sólo para hablar de una lectura reciente que me recomendó María: un ensayito de Virginia Woolf titulado Estar enfermo, publicado por la universidad Nacional Autónoma de México. (Aunque decir "ensayito" en el caso de Woolf es siempre injusto, como sabe bien quien haya leído esa breve y poderosa obra que es Un cuarto propio. ¿Y quién llamaría "novelita" a la cumbre de La señora Dalloway? Que no engañe la extensión). Bien, pues los críticos a menudo opacan y entorpecen (u opacamos y entorpecemos), y en ese ensayo está hablando Virginia Woolf del modo tan diferente de leer y de relacionarnos con los libros cuando estamos enfermos, a solas con los textos, y yo quiero citar ahora sus palabras: "Precisamente imprudencia es lo que necesitamos para leer a Shakespeare. No es que debamos dormitar al leerlo, sino que cuando estamos conscientes y alertas, su fama intimida y aburre, y todas las opiniones de todos los críticos nublan en nosotros ese trueno de convicción, que, si es una ilusión, sigue siendo una ilusión muy útil, un placer prodigioso, un estímulo muy penetrante al leer a los grandes (...) Con el zumbar de la crítica por todas partes, uno puede aventurar las conjeturas propias en forma privada, hacer anotaciones al margen. Pero saber que alguien ya lo ha dicho antes, o lo ha dicho mejor, le resta entusiasmo. En su majestuosa sublimidad, la enfermedad hace todo eso a un lado y no deja más que a Shakespeare y a uno mismo. Con su petulante poder y nuestra petulante arrogancia, las barreras se derrumban, los nudos se alisan, el cerebro repica y retumba con El rey Lear y Macbeth..."

miércoles, 7 de enero de 2009

De literaturas menores y mayores




Anoche el fallo del último Nadal. No da uno crédito: Maruja Torres. Todos los respetos para ella, pero no para su "literatura". Estatuilla en mano, perorando largo y tendido de "mi Terenci" y "mi Manolo" en alusión a Moix y a Vázquez Montalbán, personajes fantasmales, al parecer, de su novela. Afortunadamente existen buenos antídotos, estos sí, literarios: acabo de terminar "Chesil Beach", de Ian McEwan. Una vez más, asombroso y sobrehumano, como en "Expiación" o "Sábado" o "En las nubes"... Se comprende por qué ha sido elegido mejor libro del año 2008 en Babelia/ El País. Se comprende por qué es para muchos críticos el mejor escritor vivo en lengua inglesa. Ojalá se nos pegara algo de su prodigiosa manera de escribir.

lunes, 15 de diciembre de 2008

domingo, 14 de diciembre de 2008

El privilegio de ser leído




No sé cómo se llegará al estado mental de algunos escritores consagrados que dicen no necesitar de sus lectores o que consideran una carga comentar sus obras, hacer lecturas, participar en coloquios, dedicar libros, etc. Por un lado, es obvio que no hay supervivencia del escritor sin lectores, por otro, ¿se puede perder de vista que uno escribe para compartir su mundo y comunicarse con otros? ¿Qué otra cosa sino sentirse conmovido y agradecido porque alguien se desplace en un día de lluvia hasta una librería para encargar o comprar tu libro (precisamente tu libro entre cientos de ellos)? ¿O que te dedique buena parte de su fin de semana, las idas y venidas al trabajo, en metro o autobús, sólo para leerte a ti, pequeño mortal... sin pirueta?

domingo, 7 de diciembre de 2008

Cuando la verdad reaparece...


El pasado jueves 4 de diciembre de 2008 tuve la suerte de asistir al acto de presentación del libro del Dr. Óscar Soto El último día de Salvador Allende, que se celebró en la Casa de América de Madrid. Nunca mejor dicho "celebrar", pues escuchar las palabras del doctor Soto (médico de Salvador Allende), del embajador -y gran orador- Osvaldo Puccio (ambos estaban en el Palacio de la Moneda aquel nefasto 11-S-1973 mientras la aviación del golpista Pinochet realizaba su macabra tarea), de la hija de Isabel Allende, de Ernesto Ekaizer... fue una auténtica celebración de esa verdad que Allende predijo que reaparecería con el tiempo. Un acto de justicia, no un acto justiciero. Palabras calmadas, certeras, bien elegidas, la voluntariosa precisión del recuerdo 35 años después, los homenajes debidos. De ahí la emoción, la gran emoción.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Colaboración de Ernesto Calabuig en otro libro


Hace unos días ha aparecido en Editorial Ariel el libro "Cien escritores del siglo XX" (2 volúmenes coordinados por Domingo Ródenas). En el volumen de literatura extranjera he escrito tres ensayos acerca de:
Alfred Döblin

Max Frisch

Ingeborg Bachmann

Artículo de Álvaro Pombo en El País acerca de "Un mortal sin pirueta" y artículo de Guillermo Arróniz en "ellibrepensador"

http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Instantaneas/poeticas/elpepuculbab/20081206elpbabnar_4/Tes Este es el link que lleva al artículo que hoy, 6 de diciembre de 2008, ha escrito Álvaro Pombo acerca de mi "Un mortal sin pirueta". Ojalá os guste tanto como a mí.

Artículo del escritor y crítico literario Guillermo Arróniz publicado en http://www.ellibrepensador.com/ El enlace es este: http://www.ellibrepensador.com/2008/12/09/un-mortal-sin-pirueta-ernesto-calabuig-menos-cuarto-noviembre-2008/

lunes, 1 de diciembre de 2008

Blog Ernesto Calabuig




Empezar un blog, ¿para qué? No puede obedecer sólo a un arrebato vanidoso o egocéntrico. ¿A quién puede interesarle verme en una foto poniendo cara de escritor interesante, como aquí, entre los árboles del jardín, o que deje cada día una pincelada de impresiones pasajeras, pensamientos de ida y venida en autobús, ocurrencias light. En principio sólo quiero poner un poco de orden entre mis cosas: proporcionar, p. ej, direcciones de artículos o reseñas que he ido publicando, hablar quizá de cómo le está yendo ahí afuera -a la intemperie- a mi primer libro de relatos publicado, "Un mortal sin pirueta": si gusta, si atrapa, si es capaz, ojalá, de emocionar... Si tiene lugar el sueño del escritor: que, más allá de estrategias comerciales, "funcione el boca a boca" ¿O era el boca-oreja?