





Supongo que es una suerte que la primavera no me traiga alergias ni tristezas. Por el momento, y ya son años -aunque dicen que nunca es tarde-, no he desarrollado reacciones al bombardeo de partículas que en estos días flota en el ambiente, y sigo pasando de largo frente a la sentencia eliotiana de que abril sea el mes más cruel. La verdad es que el invierno me sienta bastante peor (no puedo con el frío y la falta de luz). Contraviniendo a los poetas lánguidos y a una amiga que tiene un blog obstinadamente contrario al deporte (cierto que identifica deporte con futbolería y estupidez de masas ciegas enardecidas capaces de devorar a un literato a dentelladas), la primavera me da ganas de escribir y de hacer kilómetros por los parques a buen ritmo. Así que ni alergias ni melancolías, y este año además hay buenas noticias: no sólo salió hace unos días la antología "Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual", donde aparezco con un relato entre otros 35 autores, sino que acabo de corregir las pruebas de mi novela "Expuestos" y estará en pocos días en la calle. En principio para firmarla en la Feria del Retiro el sábado 12 de junio (caseta de Menoscuarto Ediciones, más o menos de 12 del mediodía a 2 de la tarde). Pronto saldrá también "La noche, las luces", de Clemens Meyer, libro de relatos que traduje del alemán el verano pasado. Si las cosas de palacio -como suele decirse- van despacio, a veces la lentitud desesperante y las dificultades del publicar terminan teniendo sus compensaciones. Como uno normalmente tiene frente a sí páramo, esperas y silencio, ¿cómo no celebrar qué los vientos sean favorables y que las cosas de cuando en cuando encajen?
(1)"Se humedecen barquitos de papel en la tinaja/ circo roto o la danza última en la arena/no hay violinista ni andén ni vaca al viento/ no hay cierres ni regresos en la infancia/sino una triste continuidad en los trapos del muñeco sin escena/todo lo que flota es un juguete desamparado:/¿dónde ha quedado la niña?"
Comprendo de golpe la estructura sin cortes de "Museo de postales", la vocación de su autora para que el sentido de sus palabras quede abierto, que incluso un verso sea al tiempo comodín de líneas anteriores y posteriores y en ambas funcione. Así ocurre por ejemplo entre las líneas 5, 6 y 7 de "Descanso de nadadores". La rebelión de María Malusardi se parece a aquella que también propugnaba el filósofo, ahora ministro, Ángel Gabilondo, en su libro "Menos que palabras", donde afirmaba contra los dogmatismos: "Hay palabras que parecen empeñadas en dejarlo todo dicho... en dar en el blanco papel lo que son y que ya no haya más que hablar". Entiendo la apertura y la lectura diversa que, en su modo de presentación, proponen y posibilitan los poemas de esta colección. Quien descifra el mapa cerrado, el bosque de María Malusardi, quien se toma el esfuerzo de transitar por la maraña de sus líneas, se siente pronto acogido y reconfortado, descubre hondura e intensidad. Se sale del texto impresionado por el homenaje final a la malograda violonchelista Jacqueline Du Pré a quien no perdonó la esclerosis múltiple cuando se encontraba en lo más alto ("Mi desesperación es la vigilia/ el cierre de mi voz/ una cajita sin hijos que me sucedan/ sin sueños que me madruguen... humedezco el labio en el dulzor de la madera y duermo"). Se reconoce en este libro la verdad y la autenticidad que escasea tanto en la miriada de poetas clónicos, intercambiables, que pueblan a menudo los concursos y las escuelas de letras. ¿Y qué oficio es este que en realidad no se aprende si no lo llevas tú, si no va de antemano contigo? Reviso mis subrayados en los poemas de María Malusardi y vuelco aquí algunos de ellos para que al cerrar esta entrada suene un poco su voz, o su grafía:
"pequeño infierno de paño y cinta al viento"
"No soy ninguna de esas damas de celaje en los sombreros/ ni esas niñas/ soy una mancha del mundo/ el ahogo/ el siglo enfermo"
"Llevo el peso del bosque en mis heridas"
"Un instante de gozo/ la desdicha/ una obra del tamaño de lo efímero"
"Es raro existir/ el otoño una travesía... oscurezco antes que la noche en la rama... tres vestidos apagándonos de a poco en el camino"
"Todo morir es ocre antiguo/ música en la madriguera/ el hijo, una araña que tiembla en el error del telar"
"No hay palabras para combatir el desencuentro"
"Nadie como yo le ha sacado idioma a las heridas"
Dado que mi artículo de ayer en El Cultural de "El Mundo" acerca del último libro de Patricio Pron aparecía recortado a poco más de 200 palabras (la tercera parte de su tamaño original), pongo aquí el texto completo por si os apetece leerlo.
Creo que, antes de ésta, han sido ya dos las ocasiones en las que he hablado en este blog del escritor Fernando Aramburu (entradas del 4 y 15 de diciembre). Qué culpa tengo yo si, aparte de ser un autor muy interesante, tiene en su poder el record mundial en la difícil y rara categoría de habla sensata, directa y clara (pan pan y vino vino) en medio de un gremio en el que estas virtudes escasean. Entrevistado esta semana por Nuria Azancot en El Cultural, con motivo de la publicación en Tusquets del nuevo y muy prometedor libro del autor, "Viaje con Clara por Alemania", tiene lugar el siguiente diálogo, que habla por sí solo (y como habla por si solo, ya me callo y me siento con vosotros a escuchar):
Se comprende que es duro sacar de la chistera un artículo instantáneo cuando muere un autor o se le otorga un importante premio y las redacciones de los periódicos te buscan y esperan que se te ocurra algo y a ser posible interesante. La muerte de Salinger (1919-2010) no nos ha ahorrado toda la retahila de tópicos y chismes acerca de su persona: un autor genial, de culto, sí, pero ¿y su carácter? huraño, agresivo, celoso de su intimidad, cuídate de hacerle una foto si sale del supermercado, ogro en su cueva donde devoraba y traicionaba esposa tras esposa, jovencita tras jovencita (algunos se han referido a "nínfulas", me pregunto si alguien se ha topado por ahí de verdad con una "nínfula", la denominación es cursi, pero no inocente: trata de reforzar la monstruosidad de un escritor que se permitió el lujo de no aparecer y no exhibirse en un tiempo en el que todo y todos aparecen y se exhiben). ¿Algún otro defecto reseñable que acreciente el lado oscuro? Sí: se le tiene por simpatizante de múltiples cultos budistas o cienciológicos, tan radical que incluso practicaba algunos rituales un tanto repugnantes. Como contrapunto heroico casi todos los comentaristas han mencionado la participación del escritor en el desembarco de Normandía y el sufrimiento que le dejó esta experiencia de por vida. Muñoz Molina, en El País, se ha referido a su silencio de años y ha concluido que, después de todo, está bien callarse cuando no hay nada que decir. Parece ignorar que los cuatro libros de Salinger nunca han callado (no sólo El guardián y sus 70 millones de ejemplares vendidos), pues el autor norteamericano ha sido desde los años cincuenta el magisterio insalvable de la narrativa americana contemporánea. Se le escapa también a M. Molina que la decisión de no publicar no equivale a la ausencia de nuevas ocurrencias: Salinger siempre ha continuado escribiendo y ahora asistiremos a la disputa por la gestión de sus manuscritos inéditos. ¿Debemos deducir, en cambio, que Muñoz Molina tiene mucho que decir, sólo por la circunstancia de que en su última novela ha hecho uso de 958 páginas? Podría recordar aquí cuánto me impresionaron algunos relatos de Salinger, como su clásico "Un día perfecto para el pez plátano", pero prefiero acordarme de la huella que me dejó "El guardián entre el centeno" en su momento. (Tengo que reconocer que no he leído su novela corta "Franny y Zooey" ni otra colección de relatos que no sea sus "Nueve cuentos"). Abro ahora mi edición de Alianza de "El guardián entre el centeno" en la traducción de Carmen Criado, pensando cuál sería en mi caso un buen homenaje. Veo mis notas antiguas, allí anoté a lápiz, en la tapa interior del libro, una retahila de observaciones como: "soledad, aislamiento, desvalimiento, inteligencia, lucidez, sentido del humor, imaginación, necesidad de un héroe-tutor, alteración nerviosa, sentido de la justicia y la injusticia, la muerte de su hermano mayor Allie como lo más injusto, la triste herencia de su guante de beisbol, necesidad de permanencia de las cosas, la historia de Jane Gallaher y el juego de damas, sinceridad y autenticidad como valores, el jazz, el poder consolador de la música, lo conmovedor, la figura de la hermana pequeña en el tiovivo con su abrigo azul, la protección de la inocencia como misión, como justificación de toda una vida, ¿hubiera sido posible una gran película como "Gente corriente", la relación del padre (Donald Sutherland) y su hijo, sin El guardián?..." Recuerdo bien el libro, veo mis muchos subrayados y pienso que podría citar ahora como homenaje alguno de ellos. Podría hacerlo, pero se me ocurre de golpe que sería como entrar a saco en un libro tan conmovedor, como tirarle una molesta foto por sorpresa, como robar un fragmento para mi provecho en la misma cara de Salinger, como sacar un pobre pedazo de un gran conjunto que merece la pena respetar y, sobre todo, volver a leer.





