¿Y si la mejor novela que uno pueda leer en los últimos tiempos, la más intensa y repleta de hallazgos verbales fuera la reciente "La transmigración de los cuerpos" de Yuri Herrera (Ed. Periférica). De ella no he escuchado hablar ayer en los telediarios españoles, donde un marciano de paso creería que la literatura la hacen y representan un tal Zafón, un tal Falcones, una tal María Dueñas... Ya dijo Heidegger, al final de su vida, que sólo un dios puede salvarnos. Y en los últimos tiempos va siendo urgente. Ah... Los "grandes grupos". Pero de la corrupción análoga en muchas de las pequeñas editoriales. Oh sí... esas que "van de limpias" y son proclives a las lecciones morales, puedo hablar un ratito, pero otro día. Que uno va conociendo esos mundillos. Y arrestos -como a los logrados personajes de Yuri Herrera- no me faltan.
miércoles, 24 de abril de 2013
jueves, 11 de abril de 2013
Presentación de "29 cadáveres", de Pepe Cervera
Ayer presentamos (Fernando Valls y yo) en la librería Tres Rosas Amarillas el nuevo libro de Pepe Cervera. Pasaron por allí buenos amigos como Inés Mendoza, Ángel Zapata, Manu S. Vicente (Manu Espada), Juan Jacinto Muñoz Rengel, Oscar Esquivias, Miguel Ángel Zapata, Miguel Ángel Arcas, Marcelo Luján, Julio Jurado, mi hermano Alejandro...
| Fernando Valls, Pepe Cervera y Ernesto Calabuig |
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miércoles, 10 de abril de 2013
Ciudad y objetos. Dos extrañezas en palabras de Chejfec
Leo y reseño para El Cultural de El Mundo la última novela del argentino SERGIO CHEJFEC ("La experiencia dramática" Candaya, 2013). Dejo reposar el libro y, al hojearlo ahora, descubro estas dos extrañezas entre mis subrayados. (La primera me hace pensar, no sé por qué, en la aurora de Nueva York de Lorca. La segunda, en seres queridos que ya se marcharon):
Acerca de LA CIUDAD:
"Pero en esta ocasión a Rose se le ocurre pensar que el ruido de la ciudad no parece un rumor sino un gemido. El gemido ambiguo de un individuo, humano o no, que ha enloquecido o está desesperado, pero que sabe disimular el canto, de advertencia o de arrepentimiento, o acaso los dos a la vez, que profiere" (p. 146)
Acerca de los OBJETOS de quienes ya fallecieron:
"Todos estos objetos son pruebas de lo sucedido, pero por algún motivo no testimonian ya la vida de la que provienen" (p. 115)
Acerca de LA CIUDAD:
"Pero en esta ocasión a Rose se le ocurre pensar que el ruido de la ciudad no parece un rumor sino un gemido. El gemido ambiguo de un individuo, humano o no, que ha enloquecido o está desesperado, pero que sabe disimular el canto, de advertencia o de arrepentimiento, o acaso los dos a la vez, que profiere" (p. 146)
Acerca de los OBJETOS de quienes ya fallecieron:
"Todos estos objetos son pruebas de lo sucedido, pero por algún motivo no testimonian ya la vida de la que provienen" (p. 115)
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martes, 26 de marzo de 2013
Palabras que acompañan
Quedé finalista del Premio Ribera del Duero con mis Caminos Anfibios, aunque en última instancia no lo gané. Hay algunas citas que podría llamar "antisufrimiento". Es el consuelo de la literatura que acompaña, incluso, o especialmente, en momentos en que las cosas no salieron como tú esperabas. Palabras que acompañan como aquellas de "En casa", de Marilynne Robinson, donde el padre anciano, pastor religioso, le comenta a ese hijo pródigo que ha regresado a casa después de años y años: "Debes dejar a Dios la decisión de qué mereces. Piensas demasiado en ello, en qué mereces. Creo que una parte del problema está ahí... Nadie se merece nada, bueno o malo. Todo es gracia. Si aceptas eso, quizá puedas tranquilizarte un poco".
viernes, 15 de marzo de 2013
Los relatos de Javier Morales Ortiz: "LISBOA"
Me llega estos días la noticia de que pronto aparecerá un nuevo libro de JAVIER MORALES ORTIZ (Plasencia, 1968), será la novela Pequeñas biografías por encargo. Precisamente esta semana leía yo, con retraso, su colección de relatos Lisboa, publicada en 2011 por la Editora Regional de Extremadura. Se trata de una obra breve, que apenas llega a las cien páginas, compuesta por cinco narraciones:
"Todo lo que sé de William Faulkner", "Reiki", "Fecundación", "Queen" y "Lisboa".
La breve extensión, el ligero formato, podrían contribuir a la falsa impresión de que sea un libro menor, una especie de pincelada de autor para darnos el gusto o la muestra de sus cuentos. Como en este blog no estoy sujeto a las constricciones de mi tarea "oficial" de crítico, diré primero lo que tal vez reservaría, en otro espacio, para las conclusiones: Javier Morales Ortiz es un escritor que no busca ni necesita artificios o préstamos de escuela o taller. Es deliberadamente austero, conciso, pero, sobre todo, auténtico: posee la autenticidad de quien no está pendiente de su insaciable ego de autor, sino de aquello que de verdad es importante: contar historias que merezcan la pena y hacerlo desde el buen ángulo que cada una de ellas requiera.
La breve extensión, el ligero formato, podrían contribuir a la falsa impresión de que sea un libro menor, una especie de pincelada de autor para darnos el gusto o la muestra de sus cuentos. Como en este blog no estoy sujeto a las constricciones de mi tarea "oficial" de crítico, diré primero lo que tal vez reservaría, en otro espacio, para las conclusiones: Javier Morales Ortiz es un escritor que no busca ni necesita artificios o préstamos de escuela o taller. Es deliberadamente austero, conciso, pero, sobre todo, auténtico: posee la autenticidad de quien no está pendiente de su insaciable ego de autor, sino de aquello que de verdad es importante: contar historias que merezcan la pena y hacerlo desde el buen ángulo que cada una de ellas requiera.
Arranca esta colección con la agilidad de género negro de las primeras frases de Todo lo que sé de William Faulkner. Notas de humor e ironía... y pronto estamos envueltos, seducidos, por esta historia de la periodista Laura y el fotógrafo que la acompaña, de nombre !William Faulkner! El autor muestra su talento para la peripecia. Un viaje que parece misión. Estamos en Oviedo, descendemos a las profundidades de unas minas, malestar social, retratos de la injusticia... Se cierne sobre la pareja el destello de un idilio fugaz que parece caer por su propio peso y que es también infidelidad matrimonial de Laura. Disfrutamos de la escritura cuidada, directa, de la eficacia narrativa de Javier Morales Ortiz, de una prosa veloz que casi bordea la precipitación sin que sepamos que quiere hacerlo saltar todo por los aires, porque a menudo en la vida todo salta por los aires y esta historia bien planteada, que empezaba a prometer como el amor de la pareja, ya no podrá ser novela sino relato breve y casi truncado, que ya concluye. Reiki es una historia de verdad hermosa y sabiamente planteada. Conocemos de inicio al protagonista, Jorge. O más bien su situación vital presente: abandonado por Sara y aquejado de vértigos que le hacen la vida bastante imposible. Apreciamos la soltura y la comodidad de un narrador que desgrana con gusto la peripecia. Jorge es una vida dañada, un hombre vacío y sin fuerzas, que busca sanarse: primero la medicina tradicional. Luego el Reiki: la profesora de Reiki con la intimidad que propicia y que el lector agradece: "Jorge pensó en su nuca como en una tierra cuarteada y seca, igual que su corazón, y se convenció de que el calor de las manos de ella atraía una lluvia ligera y constante". El autor nos permite transitar por un texto poético y hermoso, y al tiempo nos enfrenta, casi acostumbra, a la brusquedad de otro corte final, como la vida misma, al paso exacto de la propia vida.
Y hablábamos de vidas dañadas y no son otra cosa Ruth y Manuel, personajes de Fecundación, tercero de los cuentos, ella guionista, él publicista. Desabrida Ruth, con sus imprevisibles, insoportables, injustos, estados de ánimo. El deseo de ser padres como límite lejano que tal vez salve un matrimonio que hace aguas ("No estaban enfadados, pero parecía que cada uno viera en el otro la causa de la derrota"). Porque este es el análisis, la exposición sin adornos ni moralinas, de lo que puede separar a una pareja. Un paisaje nevado final que es metáfora y hiela el alma.
En Queen, una muchacha de servicio peruana y un portero de urbanización residencial, dan pie a que Morales Ortiz nos haga ver su talento para la buena observación sociológica y hasta qué punto es un narrador que quiere y sabe contar teniendo los pies bien asentados sobre la tierra y el mundo contemporáneo. Por eso nos parecerá aún más doloroso un final que deja en evidencia el destello sólo breve, provisional y casi inmerecido de la felicidad. Para algunos la alegría sólo parece posible de modo hilvanado, clandestino, amenazado. De nuevo un corte brusco, el de las vidas y los proyectos truncados. Ese será también el aire de la quinta y última pieza, Lisboa, con ese matrimonio alemán de Walter y Hannah afincados en Madrid y la necesidad de una escapada, la de ella, en auto-stop, buscando Lisboa o una idea de Lisboa, un resquicio de luz, un aire respirable. Como en los otros cuentos, se trata de parejas desgastadas, que ya no se entienden o que se malentienden. La velocidad de los automóviles en la autopista, la velocidad a la que transcurre la propia vida. Confidencias, proyectos. Otro corte seco. El último ya de estas cinco logradas historias.
En Queen, una muchacha de servicio peruana y un portero de urbanización residencial, dan pie a que Morales Ortiz nos haga ver su talento para la buena observación sociológica y hasta qué punto es un narrador que quiere y sabe contar teniendo los pies bien asentados sobre la tierra y el mundo contemporáneo. Por eso nos parecerá aún más doloroso un final que deja en evidencia el destello sólo breve, provisional y casi inmerecido de la felicidad. Para algunos la alegría sólo parece posible de modo hilvanado, clandestino, amenazado. De nuevo un corte brusco, el de las vidas y los proyectos truncados. Ese será también el aire de la quinta y última pieza, Lisboa, con ese matrimonio alemán de Walter y Hannah afincados en Madrid y la necesidad de una escapada, la de ella, en auto-stop, buscando Lisboa o una idea de Lisboa, un resquicio de luz, un aire respirable. Como en los otros cuentos, se trata de parejas desgastadas, que ya no se entienden o que se malentienden. La velocidad de los automóviles en la autopista, la velocidad a la que transcurre la propia vida. Confidencias, proyectos. Otro corte seco. El último ya de estas cinco logradas historias.
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miércoles, 6 de marzo de 2013
Acerca de los libros propios como desafío
| Ilmpark. Weimar |
Sólo desde la conciencia de que puedes y debes superar tus libros anteriores es posible una evolución o un salto de calidad. Y, a la vez, es tan difícil desapegarse de lo ya hecho, abandonarlo. Escribí "Un mortal sin pirueta", luego "Expuestos", ahora "Caminos anfibios"... Con perspectiva veo un progreso, una evolución que me hace mirar con ojos menos benevolentes mis comienzos. "Caminos anfibios" es lo mejor que he escrito y me apego a él pensando que no seré capaz de sacar de mí un futuro libro que lo deje atrás o sea más poderoso. Quizá sea sólo cuestión de tiempo y de un nuevo estado mental que me proporcione una nueva visión de conjunto. Es un paisaje de montañas y de cumbres que has ido lentamente conquistando y llegas arriba feliz, pero desfondado y vacío. Abrazas tu última conquista, te resguardas en ella, te proporciona calor y te cuesta creer que serás capaz de un nuevo y mayor reto. Feliz e infeliz, lleno y vacío, me siento precisamente ahora. Esto debería ser contradictorio o no caber en el mismo cuerpo.
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lunes, 25 de febrero de 2013
El "lugar en el mundo" de los personajes de ficción
Se ha escrito mucho acerca del modo tan peculiar de existencia que tienen los personajes de ficción. Sin existencia real y, al mismo tiempo, cuando resultan logrados, hablamos de ellos y de sus peripecias, elecciones, errores trágicos, maneras de ver el mundo... como si estuviesen entre nosotros y hubieran "tomado cuerpo". Algunos se quedan, de hecho, con nosotros para siempre o pasan como herencia entre generaciones. En el final del relato "El Ruletista", de Mircea Cartarescu, el autor sale por un momento de la historia que cuenta para considerar esta misma cuestión respecto de su protagonista. Cartarescu comenta:
"A pesar del hecho de que era imposible que él existiera, lo cierto es que ha existido. Hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura. Allí las leyes del cálculo de probabilidades pueden ser infringidas, allí puede aparecer un hombre más poderoso que el azar. El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura (...) Los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es ´leído´. Aunque jamás consiga besar a su amada, el pastor pintado en una urna griega sabe al menos que la va a contemplar eternamente. Esta es mi apuesta y mi esperanza".
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martes, 19 de febrero de 2013
Teólogos y escritores
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| Bruno Ganz en "El cielo sobre Berlín" de Wim Wenders, 1987 |
Los teólogos inventando ángeles y considerando sus jerarquías, su materia y su forma, su manera de estar-en-el mundo.
Los escritores inventando personajes de ficción. Considerando sus jerarquías, su materia y su forma, su manera de estar-en-el-mundo.
Los escritores inventando personajes de ficción. Considerando sus jerarquías, su materia y su forma, su manera de estar-en-el-mundo.
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domingo, 17 de febrero de 2013
El recorrido de nuestras historias
De Mircea Cartarescu, "Nostalgia":
"Querrías sacudir el corazón del lector, pero, ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos". Desolador, y, a la vez, en cierta medida, justo. Salvo que te creas el centro del universo o pienses que tu "gran contar" no es una de las muchas maneras de decir.
"Querrías sacudir el corazón del lector, pero, ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos". Desolador, y, a la vez, en cierta medida, justo. Salvo que te creas el centro del universo o pienses que tu "gran contar" no es una de las muchas maneras de decir.
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viernes, 15 de febrero de 2013
De la presentación de "La vida interior de las plantas de interior", de Patricio Pron

De la presentación que hice el pasado martes 12 de febrero del libro de relatos de Patricio Pron "La vida interior de las plantas de interior" en la librería Rafael Alberti, no me quedan palabras (y no porque faltasen), pero sí estas cuatro imágenes y la mezcla de timidez, cordialidad, seriedad y sabiduría que él transmite. Hablamos de sus libros, de la soledad contemporánea, del azar en nuestras vidas y proyectos, de la posibilidad de hacer justicia en literatura, del desarraigo, de las patrias, de maneras de escribir... Cercano y distante, fugaz e inaprensible Patricio Pron.
| Lola Larumbe, Ernesto Calabuig y Patricio Pron |
| Momentos del diálogo |
martes, 12 de febrero de 2013
Diálogo con PATRICIO PRON
Esta tarde, a las 19: 30, tendré un diálogo con Patricio Pron en la librería Rafael Alberti de Argüelles (C/ Tutor, 57), aquí en Madrid.
http://www.libreriaalberti.com/libros/encuentros/patricio-pron-la-vida-interior-de-las-plantas-de-interior-mondadori/313/
http://www.libreriaalberti.com/libros/encuentros/patricio-pron-la-vida-interior-de-las-plantas-de-interior-mondadori/313/
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domingo, 10 de febrero de 2013
Finalista del Premio Ribera del Duero 2013
Esta semana, no me acuerdo qué día, me había levantado con esta cara, como de resaca sin haber bebido. Y me sentía gris e invernizo como las canas y la chaqueta, pero llegó la sorpresa de que mi nuevo libro, "Caminos anfibios" estaba entre los seis finalistas del Ribera del Duero 2013 y ya no sé que pasará en adelante (una competencia tan difícil: Tizón, Padilla, Nielsen, Nettel y Peri Rossi), pero haber llegado tan lejos (entre casi 900 manuscritos) ya es para mí un premio, una quiebra en el hielo y en la espera en la que habitualmente vivimos los escritores.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Premio Ribera del Duero 2013
Una alegría de esta mañana: saber que estoy entre los seis finalistas del Premio Ribera del Duero 2013 con mi nuevo libro de relatos "Caminos anfibios".
http://paginasdeespuma.com/blog/finalistas-del-iii-premio-internacional-de-narrativa-breve-ribera-del-duero/
http://www.facebook.com/events/420599498027489/permalink/420749041345868/#!/photo.php?fbid=553592337993908&set=pb.213247012028444.-2207520000.1360154090&type=3&theater
La noticia en prensa:
http://castillayleondevinos.elnortedecastilla.es/actualidad/el-espa-ol-ernesto-calabuig-y-la-uruguaya-cristina-peri-rossi-entre-los-06022013.html
http://www.eluniversal.com.mx/notas/901217.html
![]() |
| De arriba a abajo y de izda a dcha: Peri Rossi, Padilla, Tizón, Calabuig, Nielsen y Nettel. |
http://paginasdeespuma.com/blog/finalistas-del-iii-premio-internacional-de-narrativa-breve-ribera-del-duero/
http://www.facebook.com/events/420599498027489/permalink/420749041345868/#!/photo.php?fbid=553592337993908&set=pb.213247012028444.-2207520000.1360154090&type=3&theater
La noticia en prensa:
http://castillayleondevinos.elnortedecastilla.es/actualidad/el-espa-ol-ernesto-calabuig-y-la-uruguaya-cristina-peri-rossi-entre-los-06022013.html
http://www.eluniversal.com.mx/notas/901217.html
lunes, 28 de enero de 2013
Caídas de nuestro tiempo. De Poe a Adrien Brody
Y yo, que no tenía a Adrien Brody por gran actor. Pero eso fue hasta ayer, hasta anoche, cuando vi "Detachment", película dura y tremenda, por lo que cuenta y por el modo absolutamente radical e hipermoderno de presentar la historia. De paso puedes saber hasta qué punto "La caída de la casa de Usher", de Poe, está escrita para hablarnos de las muchas caídas de nuestro propio tiempo. Si la ves en versión original (por favor)... No sé quien eres, pero si la ves en versión original, puede que la prodigiosa modulación de la voz de Brody te rompa en pedazos tanto como su mirada o la vida sin solución de algunos de los personajes. Es una obra de 2011, que aquí se tradujo (incomprensiblemente, como siempre en España) como "El profesor".
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martes, 11 de diciembre de 2012
Entrevista en Frankfurt
http://corrientesdeaguayazahar.blogspot.com.es/
Este es el enlace que conecta con una entrevista que ha tenido la amabilidad de hacerme en estos días la profesora de Frankfurt Inma Ruiz, de la Universidad Justus Liebig de Giessen. Creo que es la primera vez que, gracias a ella, he sido capaz de explicar, entre otras cosas, el porqué de la aparición de Alemania en mis relatos y novelas.
Este es el enlace que conecta con una entrevista que ha tenido la amabilidad de hacerme en estos días la profesora de Frankfurt Inma Ruiz, de la Universidad Justus Liebig de Giessen. Creo que es la primera vez que, gracias a ella, he sido capaz de explicar, entre otras cosas, el porqué de la aparición de Alemania en mis relatos y novelas.
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| Café Metropol, Frankfurt |
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Inma Ruiz
sábado, 8 de diciembre de 2012
Colaboraciones en Revista MERCURIO
Mis colaboraciones en la revista MERCURIO: Números de octubre y noviembre de 2011. Y números de septiembre y octubre de 2012. Pueden leerse también en la edición digital, de modo gratuito. Escribí, respectivamente sobre Manuel Longares ("Las cuatro esquinas"), sobre los Hijos y nietos del Boom hispanoamericano, sobre Jorge Franco ("Santa Suerte") y sobre Rafael Chaparro ("El pájaro Speed"). Los próximos serán acerca de Edmundo Paz Soldán ("Billie Ruth") y Roberto Arlt "El criador de gorilas"

lunes, 19 de noviembre de 2012
Mosquitos en noviembre
"Mosquitos en noviembre" podría ser el título de un buen relato. Lo pensaba esta madrugada a las 6 y 11 cuando ese inoportuno e insaciable insecto me ha dejado sin noche y sin descanso. (¡en noviembre!, ya no hay respeto ni valores, los atesora todos Rouco Varela, los imanta). Antes los mosquitos sólo se cebaban con uno en sitios como Gandía o Cullera y a cambio, durante el día, eras bastante feliz entre la playa y el merendero, lo uno por lo otro. Pues "Mosquitos en noviembre" podría ser un bonito cuento que incluso pudiera hablar de cualquier otra cosa (recuerdo aquel "El otoño en Pekín" de Boris Vian, que no transcurría en otoño y mucho menos en Pekín). No soy, definitivamente, capaz de escribir ese relato, pero estoy convencido de que mi hijo y mi hija (o sus amiguitos del cole) le sacarían un gran partido a la propuesta en una redacción escolar, con asociaciones de ideas deslumbrantes. De Paul Theroux no hablemos, que construyó toda una Costa de los Mosquitos. O del ocurrente mexicano Ibargüengoitia). Los editores deberían ser una especie de dioses visionarios que, sin moverse de casa (todo lo ven), premiaran al niño (o a Theroux, o a los amiguitos de Facebook) capaces de deslumbrar con una idea, y castigaran al torpe e insomne Ernesto, porque esta vez no, esta vez no... NO escribirás ese cuento. Aunque parece bastante castigo la infertilidad de uno, e incluso estas malas noches con o sin mosquitos.
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miércoles, 14 de noviembre de 2012
Ensimismado Paul Viejo
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| Paul Viejo |
No conocía a PAUL VIEJO. Sabía sólo que era un tipo delgado, peinado hacia atrás y con pinta de duro, que vivía en Milán desde hace años en una especie de valiente exilio buscado. Las palabras "francotirador" y "guardaespaldas" (por supuesto, literarios) aumentaban su leyenda. También la palabra "jungla". Lo poco que sabía de él -o él de mí- me llegaba por esa condición tan intangible de "amigos de Facebook". Estos meses de octubre y noviembre en Madrid han estado para mí llenos de casualidades. Estaba yo terminando de leer LOS ENSIMISMADOS, de Paul Viejo y recibí una invitación para asistir a la presentación de Billie Ruth, de Edmundo Paz Soldán, en la librería Tipos Infames. El acto iba a presentarlo, precisamente, Paul Viejo. Al mismo tiempo, en esas mismas horas, la revista Mercurio me encargaba una reseña larga para el libro de Paz Soldán. Acudí a la librería y en el metro había terminado el último relato de Viejo, al que me encontré en un corrillo ante la puerta de la librería, donde por fin nos saludamos con un abrazo. No siempre el libro de un autor está todavía caliente en la pequeña maleta marrón que uno transporta. Parecía un revolver capaz de delatarte ante el propio escritor. A mí me delató enseguida, yo mismo confesé mi culpa: "Oye, Paul, acabo de terminar tu colección, aquí la llevo, ¿luego me la firmas?". No con un libro o con un revólver, pero sí con una escopeta que apunta en unas manos nerviosas y confusas ("Una autobiografía confusa", es el subtítulo del libro), comienza esta obra de Paul Viejo, que divide sus relatos en dos grupos: "Los descreídos" y "Los ensimismados". No fue ese primer relato de la escopeta que apunta en alto ("No temas, Jack") el que me atrapó, pero sí aprecié en él su interés en la dosificación de elementos -fragmentos rotos- y, sobre todo, su capacidad para implicar al lector en el juego de sus textos: los mimbres del cuento se fabrican, sin trampa ni cartón, ante el propio lector. Uno puede escribir como quien amaga una jugada prometedora en el campo para luego ralentizarla, cortarla, cambiar el juego, o reiniciarla. Así funcionan los impulsos narrativos de Paul Viejo. Fue con la segunda pieza, "Robert y Geena", donde me sumergí de lleno, y con gusto, en el imaginario que propone el autor, que se permite iniciar el texto como todo un Deus ex machina: "Robert quiere decirle algo a Geena, y sólo está en mi mano que finalmente se lo diga". Qué intenso relato va surgiendo desde una primera amenaza difusa, una persecución sólo sugerida y cómo vamos entrando en un road movie al uso (que se declara además típico y convencional) con atracos a mano armada a drugstore, pareja que sólo puede ser chica rubia y desesperada fuga en automóvil donde asombran ciertos detalles: "no le obliga a apartarse de la alfombra sucia de la carretera y corre todo lo que puede, mientras Geena flexiona las piernas y coloca sobre el salpicadero el abanico rojo en que se han convertido sus dedos y las uñas de los pies". Viejo propone un juego fértil con todos los ingredientes clásicos (autodeclarados) del género: "Es la historia de siempre, las noticias corren. Y más si es la pasma quien las envía. Probablemente la policía que los sigue haya dado la alarma a las autoridades de todo el condado y las autoridades de todo el condado hayan tenido que dejar a medias sus donuts para apostarse al lado inútil de la carretera esperando ver algo raro y detener un coche con una pareja y arrancarse a tiros cuando cualquier movimiento sospechoso bajase del coche y misión cumplida. Pero esta vez no sucede. Nada es distinto, pero no sucede". Y la camarera asaltada por la pareja en una cafetería solitaria mueve al duro milanés Paul Viejo al inesperado giro compasivo de ponerse a pensar y a considerar unos instantes las pocas propinas que esta mujer recibe, tan exiguas que no llegaran para la universidad de sus niñas. Se acelera el ritmo conforme el relato avanza con potentes imágenes y analogías: "Y los billetes, las carteras, los secretos, los relojes de todos los que estaban dentro, van cayendo a la bolsa que sostiene Robert como si fuera la recolecta de navidad de la parroquia". Me pregunto por el secreto de la atmósfera de este cuento y pienso en otro secreto, que no cayó en la bolsa, sino en la mente del lector: todo el texto está dominado por la visión inicial, la premonición trágica e insalvable de Robert. Qué gran final, en el que se apela al propio lector, directamente a su mirada y a su juicio, como testigo desenmascarado en su curiosidad malsana. "Septiembre", tercero de los cuentos, es para mí la joya del libro, uno de esos textos entonados, certeros y en estado de gracia. Jimmy Dodge conduciendo su furgoneta gris y... de nuevo hay que citar la primera frase: "Va a ser una noche tranquila y una historia tranquila". Dos hermanos, sus parejas respectivas, el deseo de escapar, la cabeza quebradiza, desbordada por las responsabilidades de la edad adulta, los viejos coches teledirigibles con los que jugaba de niño, el barranco que es abismo espacio-temporal, esa gran figura "Cabeza de papel", Paul, Samantha, sus diez años de relación, su aparente confort e instalación en la vida, Jimmy y su lucha contra la seriedad que nos vuelve troncos secos, el mal compartido... Es una historia que impacta ya desde su planteamiento y que te entrega en minutos todo un micromundo en el que, sin darte cuenta, estás inmerso, e interrogado. De nuevo Paul Viejo se vuelve maestro del amago y de lo sugerido entre la realidad y la ficción en "Mi regalo para Ronald. Empapada en Whisky". Esos lobos iniciales, difusos e innombrados pero reales, su amenaza sobre unas Sylvia y Maureen que salieron a practicar jogging, o tal vez no. El texto con sus fértiles cambios de ritmo, sus conversaciones posibles, sólo imaginadas, mundos que podrían ser o haber sido, canallas de la vida, inocencia vulnerada, inocentes que saben también morder, jugar sus bazas y ser verdugo o tener la mejor carta, el garito-club de Ronald... Una de las mejores armas narrativas de Paul Viejo es su acierto en la insinuación, una insinuación que sabe decir y apuntar certeramente, pero sin resolver del todo o rematar, dejando espacio para diferentes lecturas. En "Derrapar", con esas clases de conducir en Italia, sabemos de la Rubia, de un accidente, y el relato proviene sólo de un esbozo, de los fragmentos que nos llegan desde una conversación de barra de bar. Hay definiciones que estremecen: " Todo accidente es un fantasma que termina por aparecer. Una época feliz que se acaba". En "Ocho piernas", con el escribir firme y nada edulcorado o elusivo de Viejo, asistimos a la extrañeza y desmemoria de un homosexual, desconcertado en la mañana. Es la perplejidad de Ron Sheppard ante un par de piernas de hombre que asoman bajo la manta al despertar, y su reconstrucción de los hechos: posibilidades que, como en el relato del atraco, pueden incluirte a ti, a tus deseos o a tu vergüenza por ser sorprendido y reconocido en ese trance. Y podría Paul Viejo haberse limitado a contar historias, pero, en ese juego de realidad-ficción, apuesta por una poética del cuento, no es extraño que el siguiente texto lleve por título "Mis problemas con la ficción" (brillante juego que da, de paso, la medida de la capacidad inventiva e iniciadora de historias de Paul Viejo). Contar, arrancarse a contar, es el dilema que preside "Cada noche", con esa mujer desnuda que le pide desde la cama "Cuéntame un cuento". Una petición que martiriza: "Y pienso que no te va a gustar que te cuente uno de mis cuentos... cuentos sin apenas historia, tan quietos... Como si el mundo no pudiese estar en silencio de cuando en cuando..." Hay toda una honesta y esclarecedora declaración de principios (literarios) en el relato: "pero más difícil es contar un cuento como los míos, que casi son ventanas rotas, fotos rotas, juegos incompletos, rompecabezas a los que a veces les faltan fichas y donde tan importante es lo que se cuenta en el cuento, como lo que no se quiere o no se sabe o no se debe contar". Ahí continúa, con su petición no atendida, la amante desnuda, "porque cómo explicarle que hay cuentos que ni siquiera tienen un final, igual que hay puñetazos que no dejan marca, un desenlace". Escribir es una tarea tan difícil que provocará combustiones internas en ese hombre de éxito, pero negado a la escritura, de "Una mirada irlandesa" ("Para él la vida ya no es más que una Hispano-Olivetti que no arranca"). "Correcciones" permite la aparición del autor y galerías hacia otros cuentos ("a la altura de aquella sucursal bancaria donde dice Paul Viejo que acribillaron a Geena), con una nieve prodigiosa para Ted Parker que es a la vez página y folio desbordado. Sabremos también que en la nieve hay cicatrices que son pisadas y que existen real o/y ficticiamente "unos ojos de color Alemania en primavera". El escritor puede ser ahí juez implacable, sentirse incluso culpable por su tremenda capacidad de decisión sobre la vida de sus frágiles personajes. Juez, e incluso aprendiz de mago en "Sin salir de Marta", que es la creación o el empuje, el soplido sobre una perturbadora Marta de ficción para que sea posible que, en la realidad, aparezca. Marta entre dos amores. Uno puede sufrir incluso celos de una mujer de ficción: "que follen también, Viejo, no puedes hacer nada, pero eso sí, no lo imagines, no los metas en tu cabeza porque entonces te la revientan". Un personaje de ficción puede ser insaciable: "Cuánto pide. Marta lo pide todo, y yo no me tengo ni a mí". Los límites del cuento y del perfilar personajes los recorre Paul Viejo en "Un cuento es un cuento es" y de paso celebra, como en todo el libro, la capacidad de inventar, de disparatar y mezclar. Dentro de una narración se reparten golpes, se disparan armas, o se va de puntillas, para no tener "la impresión de haber interrumpido el mayor acontecimiento de la historia". El libro termina con esa atmósfera londinense de "Divinos detalles", repleto de sonoridad, poesía e invención, de posibilidades que sólo se apuntan o quedan en germen: el hombre que ha salido del British con una bolsa de papel, o el encuentro, desnudo, con la hija de la casera en un pasillo. El autor vive en su texto y tal vez quiera irse de allí, "salir de esta historia" tras haber llamado zorra a su pareja. Todo cuento queda, finalmente sugerido, prometido y "ensimismado en sus propios misterios".
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sábado, 10 de noviembre de 2012
"Trasfondo", de Patricia Ratto
Como mi reseña del pasado viernes (9-11-2012) en El Cultural de El Mundo, apareció tan tremendamente recortada que parecía sólo una visión somera de una novela tan interesante como TRASFONDO, de la argentina Patricia Ratto, me decido a colgar aquí el texto completo.
Trasfondo
PATRICIA RATTO
Adriana Hidalgo
Editora. Madrid, 2012
146 páginas, 14 euros
ERNESTO CALABUIG
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miércoles, 7 de noviembre de 2012
De unas palabras de Edmundo Paz Soldán
Ayer, durante la presentación en Madrid de su libro de relatos "Billie Ruth", Edmundo Paz Soldán dijo algo que me pareció de verdad interesante. Creo que son veintitrés los años que lleva viviendo en Estados Unidos, y comentó algo así como: "Yo pensaba que con los años me iría sintiendo cada vez más integrado en Estados Unidos y me siento, sin embargo, cada vez más extrañado. Ese extrañamiento, ese distanciamiento, es malo para la vida cotidiana, pero muy bueno para crear ficción"
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