miércoles, 22 de mayo de 2013

Acerca de la monumental "Stoner", de John Williams


 
Acostumbrados a ver desfilar ante nuestros ojos una sucesión de libros olvidables, pre-fabricados como cócteles de temas y asuntos variados capaces de “encontrar su público”, hay editoriales “modestas” que se toman la molestia de rescatar grandes novelas de la literatura contemporánea en las que uno (re)encuentra la sobriedad y la honestidad de la gran literatura. Es el caso de la editorial Baile del Sol y su apuesta por el Stoner de John Williams. Casi por fe en las informaciones de solapa debe uno creer que esta novela tan hipermoderna se publicara allá por 1965 en los Estados Unidos  y que John Williams (1922-1994) sea ya un autor fallecido. Algo semejante nos ocurre con la lectura de otro escritor clásico norteamericano, Bernard Malamud. Tal vez John Williams viviera como escribía, con humildad,  sin aparente ruido y sacando adelante obras grandiosas y monumentales como Stoner, en la que la esforzada y digna existencia de un profesor universitario de la Universidad de Missouri, un hombre procedente del campo, que progresa en la vida pero hace un mal matrimonio, es casi el único tema de la narración. Cuánto y de qué forma nos cuenta, sin embargo, John Williams desde ese microcosmos y a partir de una sólo aparente y engañosa sencillez. Inicialmente, los acontecimientos se van encadenando en la vida de Stoner casi dentro de la irrealidad y sin concurso de sus decisiones, o sólo con breves instantes de iluminación que parecen revelaciones. Una de ellas, en su tiempo de estudiante, coincidir con el profesor/mentor Archer Sloane. Un soneto de Shakespeare puede atravesar trescientos años y abrir las puertas de la percepción de quien fuera un humilde y reservado niño de granja, que trabajaba, literalmente, hasta caer rendido. El mundo ya no será, para él, el mismo. El gran tema de Stoner es la aceptación consciente y estoica del destino. Sorprende esa especie de “santidad” laica que hay en el personaje, su búsqueda de equilibrio a pesar de todos los reveses y contratiempos familiares y profesionales que padece. Conmueve también la fortaleza y la superación en el trance de alguien tan aparentemente frágil, especialmente cuando todo parece confabularse -en todo tiempo- para arrebatarle lo que más quiere (sus alumnos y clases, su hija Grace, la increíble profesora Katherine Driscoll –inmenso y definido personaje-). La crueldad de su esposa, Edith, o el odio implacable del jefe de departamento, Lomax, los horrores de la Primera y Segunda Guerra mundiales, el mismísimo infierno en el mundo y en casa… pero Stoner está hecho de una integridad personal mil veces puesta a prueba, y ni siquiera lamenta o protesta contra su mala fortuna, contra esa “enormidad” (p. 110) que cae sobre él en repetidas ocasiones. Naturalmente que William Stoner no es un superhéroe, sino sólo un hombre que puede romperse. De ahí que este sea también un libro acerca de cómo unas personas trastornan (y hacen infelices) a otras, de modo consciente o inconsciente. Stoner es, y no es, una dura roca. Los golpes que recibe y recibimos largo tiempo pueden volvernos ya sólo espectadores pasivos de las caídas propias y ajenas. El autor no elude la desesperanza y la pregunta acerca de la falta de fundamento. Pero la recompensa que nos brinda John Williams -sin moralejas ni moralinas que acompañen o edulcoren lo escrito-  es aproximarnos ante lo que es, o debería ser, un ser humano, o mejor: un Ser Humano.

martes, 14 de mayo de 2013

De bar en bar con nuestra música

El pasado domingo, en una entrevista de Luis Hidalgo en El País, Manu Chao contaba que ya no quería hacer más discos, ni saber de la industria discográfica, que prefería tocar de bar en bar con su guitarra. "De momento prefiero tocar en bares. Llego a menos gente pero se crean ambientes mágicos. La vida real es fabulosa". Ojalá que los escritores pudiéramos también ir de bar en bar con nuestros textos, estar en la vida real, sin necesidad de nuestras particulares "discográficas". A veces uno lee en público y la gente se emociona, y debe ser lo más cercano a la experiencia directa y mágica de Manu Chao. Pero la nuestra es otra música.

domingo, 5 de mayo de 2013

Una frase certera

Parece que, a veces, los libros nos hablan justo en el momento preciso. Hace pocos días perdimos a una buena amiga de los tiempos de la Facultad de Filosofía. Leo en una novela del argentino ALAN PAULS, un par de días después, esta frase, que conecta tan bien con la ausencia inexplicable y heladora de quienes nos dejan: "La posibilidad de la supresión, que un segundo antes nos parecía inimaginable. Porque era lo contrario mismo del mundo".

miércoles, 24 de abril de 2013

Resaca tras el Día del Libro

¿Y si la mejor novela que uno pueda leer en los últimos tiempos, la más intensa y repleta de hallazgos verbales fuera la reciente "La transmigración de los cuerpos" de Yuri Herrera (Ed. Periférica). De ella no he escuchado hablar ayer en los telediarios españoles, donde un marciano de paso creería que la literatura la hacen y representan un tal Zafón, un tal Falcones, una tal María Dueñas... Ya dijo Heidegger, al final de su vida, que sólo un dios puede salvarnos. Y en los últimos tiempos va siendo urgente. Ah... Los "grandes grupos". Pero de la corrupción análoga en muchas de las pequeñas editoriales. Oh sí... esas que "van de limpias" y son proclives a las lecciones morales, puedo hablar un ratito, pero otro día. Que uno va conociendo esos mundillos. Y arrestos -como a los logrados personajes de Yuri Herrera- no me faltan.

jueves, 11 de abril de 2013

Presentación de "29 cadáveres", de Pepe Cervera

Ayer presentamos (Fernando Valls y yo) en la librería Tres Rosas Amarillas el nuevo libro de Pepe Cervera. Pasaron por allí buenos amigos como Inés Mendoza, Ángel Zapata, Manu S. Vicente (Manu Espada), Juan Jacinto Muñoz Rengel, Oscar Esquivias, Miguel Ángel Zapata, Miguel Ángel Arcas, Marcelo Luján, Julio Jurado, mi hermano Alejandro...
Fernando Valls, Pepe Cervera y Ernesto Calabuig




 

miércoles, 10 de abril de 2013

Ciudad y objetos. Dos extrañezas en palabras de Chejfec

Leo y reseño para El Cultural de El Mundo la última novela del argentino SERGIO CHEJFEC ("La experiencia dramática" Candaya, 2013). Dejo reposar el libro y, al hojearlo ahora, descubro estas dos extrañezas entre mis subrayados. (La primera me hace pensar, no sé por qué, en la aurora de Nueva York de Lorca. La segunda, en seres queridos que ya se marcharon):

Acerca de LA CIUDAD:
"Pero en esta ocasión a Rose se le ocurre pensar que el ruido de la ciudad no parece un rumor sino un gemido. El gemido ambiguo de un individuo, humano o no, que ha enloquecido o está desesperado, pero que sabe disimular el canto, de advertencia o de arrepentimiento, o acaso los dos a la vez, que profiere" (p. 146)
Acerca de los OBJETOS de quienes ya fallecieron:
"Todos estos objetos son pruebas de lo sucedido, pero por algún motivo no testimonian ya la vida de la que provienen" (p. 115)

martes, 26 de marzo de 2013

Palabras que acompañan

Quedé finalista del Premio Ribera del Duero con mis Caminos Anfibios, aunque en última instancia no lo gané. Hay algunas citas que podría llamar "antisufrimiento". Es el consuelo de la literatura que acompaña, incluso, o especialmente, en momentos en que las cosas no salieron como tú esperabas. Palabras que acompañan como aquellas de "En casa", de Marilynne Robinson, donde el padre anciano, pastor religioso, le comenta a ese hijo pródigo que ha regresado a casa después de años y años: "Debes dejar a Dios la decisión de qué mereces. Piensas demasiado en ello, en qué mereces. Creo que una parte del problema está ahí... Nadie se merece nada, bueno o malo. Todo es gracia. Si aceptas eso, quizá puedas tranquilizarte un poco".

viernes, 15 de marzo de 2013

Los relatos de Javier Morales Ortiz: "LISBOA"

Me llega estos días la noticia de que pronto aparecerá un nuevo libro de JAVIER MORALES ORTIZ (Plasencia, 1968), será la novela Pequeñas biografías por encargo. Precisamente esta semana leía yo, con retraso, su colección de relatos Lisboa, publicada en 2011 por la Editora Regional de Extremadura. Se trata de una obra breve, que apenas llega a las cien páginas, compuesta por cinco narraciones:
"Todo lo que sé de William Faulkner", "Reiki", "Fecundación", "Queen" y "Lisboa".
La breve extensión, el ligero formato, podrían contribuir a la falsa impresión de que sea un libro menor, una especie de pincelada de autor para darnos el gusto o la muestra de sus cuentos. Como en este blog no estoy sujeto a las constricciones de mi tarea "oficial" de crítico, diré primero lo que tal vez reservaría, en otro espacio, para las conclusiones: Javier Morales Ortiz es un escritor que no busca ni necesita artificios o préstamos de escuela o taller. Es deliberadamente austero, conciso, pero, sobre todo, auténtico: posee la autenticidad de quien no está pendiente de su insaciable ego de autor, sino de aquello que de verdad es importante: contar historias que merezcan la pena y hacerlo desde el buen ángulo que cada una de ellas requiera.
 Arranca esta colección con la agilidad de género negro de las primeras frases de Todo lo que sé de William Faulkner. Notas de humor e ironía... y pronto estamos envueltos, seducidos, por esta historia de la periodista Laura y el fotógrafo que la acompaña, de nombre !William Faulkner! El autor muestra su talento para la peripecia. Un viaje que parece misión. Estamos en Oviedo, descendemos a las profundidades de unas minas, malestar social, retratos de la injusticia... Se cierne sobre la pareja el destello de un idilio fugaz que parece caer por su propio peso y que es también infidelidad matrimonial de Laura. Disfrutamos de la escritura cuidada, directa, de la eficacia narrativa de Javier Morales Ortiz, de una prosa veloz que casi bordea la precipitación sin que sepamos que quiere hacerlo saltar todo por los aires, porque a menudo en la vida todo salta por los aires y esta historia bien planteada, que empezaba a prometer como el amor de la pareja, ya no podrá ser novela sino relato breve y casi truncado, que ya concluye. Reiki es una historia de verdad hermosa y sabiamente planteada. Conocemos de inicio al protagonista, Jorge. O más bien su situación vital presente: abandonado por Sara y aquejado de vértigos que le hacen la vida bastante imposible. Apreciamos la soltura y la comodidad de un narrador que desgrana con gusto la peripecia. Jorge es una vida dañada, un hombre vacío y sin fuerzas, que busca sanarse: primero la medicina tradicional. Luego el Reiki: la profesora de Reiki con la intimidad que propicia y que el lector agradece: "Jorge pensó en su nuca como en una tierra cuarteada y seca, igual que su corazón, y se convenció de que el calor de las manos de ella atraía una lluvia ligera y constante". El autor nos permite transitar por un texto poético y hermoso, y al tiempo nos enfrenta, casi acostumbra, a la brusquedad de otro corte final, como la vida misma, al paso exacto de la propia vida.

Y hablábamos de vidas dañadas y no son otra cosa Ruth y Manuel, personajes de Fecundación, tercero de los cuentos, ella guionista, él publicista. Desabrida Ruth, con sus imprevisibles, insoportables, injustos, estados de ánimo. El deseo de ser padres como límite lejano que tal vez salve un matrimonio que hace aguas ("No estaban enfadados, pero parecía que cada uno viera en el otro la causa de la derrota"). Porque este es el análisis, la exposición sin adornos ni moralinas, de lo que puede separar a una pareja. Un paisaje nevado final que es metáfora y hiela el alma.
En Queen, una muchacha de servicio peruana y un portero de urbanización residencial, dan pie a que Morales Ortiz nos haga ver su talento para la buena observación sociológica y hasta qué punto es un narrador que quiere y sabe contar teniendo los pies bien asentados sobre la tierra y el mundo contemporáneo. Por eso nos parecerá aún más doloroso un final que deja en evidencia el destello sólo breve, provisional y casi inmerecido de la felicidad. Para algunos la alegría sólo parece posible de modo hilvanado, clandestino, amenazado. De nuevo un corte brusco, el de las vidas y los proyectos truncados. Ese será también el aire de la quinta y última pieza, Lisboa, con ese matrimonio alemán de Walter y Hannah afincados en Madrid y la necesidad de una escapada, la de ella, en auto-stop, buscando Lisboa o una idea de Lisboa, un resquicio de luz, un aire respirable. Como en los otros cuentos, se trata de parejas desgastadas, que ya no se entienden o que se malentienden. La velocidad de los automóviles en la autopista, la velocidad a la que transcurre la propia vida. Confidencias, proyectos. Otro corte seco. El último ya de estas cinco logradas historias.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Acerca de los libros propios como desafío


Ilmpark. Weimar

Sólo desde la conciencia de que puedes y debes superar tus libros anteriores es posible una evolución o un salto de calidad. Y, a la vez, es tan difícil desapegarse de lo ya hecho, abandonarlo. Escribí "Un mortal sin pirueta", luego "Expuestos", ahora "Caminos anfibios"...  Con perspectiva veo un progreso, una evolución que me hace mirar con ojos menos benevolentes mis comienzos. "Caminos anfibios" es lo mejor que he escrito y me apego a él pensando que no seré capaz de sacar de mí un futuro libro que lo deje atrás o sea más poderoso. Quizá sea sólo cuestión de tiempo y de un nuevo estado mental que me proporcione una nueva visión de conjunto. Es un paisaje de montañas y de cumbres que has ido lentamente conquistando y llegas arriba feliz, pero desfondado y vacío. Abrazas tu última conquista, te resguardas en ella, te proporciona calor y te cuesta creer que serás capaz de un nuevo y mayor reto. Feliz e infeliz, lleno y vacío, me siento precisamente ahora. Esto debería ser contradictorio o no caber en el mismo cuerpo.

lunes, 25 de febrero de 2013

El "lugar en el mundo" de los personajes de ficción

Se ha escrito mucho acerca del modo tan peculiar de existencia que tienen los personajes de ficción. Sin existencia real y, al mismo tiempo, cuando resultan logrados, hablamos de ellos y de sus peripecias, elecciones, errores trágicos, maneras de ver el mundo... como si estuviesen entre nosotros y hubieran "tomado cuerpo". Algunos se quedan, de hecho, con nosotros para siempre o pasan como herencia entre generaciones.  En el final del relato "El Ruletista", de Mircea Cartarescu, el autor sale por un momento de la historia que cuenta para considerar esta misma cuestión respecto de su protagonista. Cartarescu comenta:
"A pesar del hecho de que era imposible que él existiera, lo cierto es que ha existido. Hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura. Allí las leyes del cálculo de probabilidades pueden ser infringidas, allí puede aparecer un hombre más poderoso que el azar. El Ruletista no podía vivir en el mundo, lo cual es en cierto modo una forma de decir que el mundo en el que él vivía era ficticio, que era literatura (...) Los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es ´leído´. Aunque jamás consiga besar a su amada, el pastor pintado en una urna griega sabe al menos que la va a contemplar eternamente. Esta es mi apuesta y mi esperanza".

martes, 19 de febrero de 2013

Teólogos y escritores

Bruno Ganz en "El cielo sobre Berlín" de Wim Wenders, 1987
Los teólogos inventando ángeles y considerando sus jerarquías, su materia y su forma, su manera de estar-en-el mundo.
Los escritores inventando personajes de ficción. Considerando sus jerarquías, su materia y su forma, su manera de estar-en-el-mundo.

domingo, 17 de febrero de 2013

El recorrido de nuestras historias

De Mircea Cartarescu, "Nostalgia":
"Querrías sacudir el corazón del lector, pero, ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos". Desolador, y, a la vez, en cierta medida, justo. Salvo que te creas el centro del universo o pienses que tu "gran contar" no es una de las muchas maneras de decir.

viernes, 15 de febrero de 2013

De la presentación de "La vida interior de las plantas de interior", de Patricio Pron



 De la presentación que hice el pasado martes 12 de febrero del libro de relatos de Patricio Pron "La vida interior de las plantas de interior" en la librería Rafael Alberti, no me quedan palabras (y no porque faltasen), pero sí estas cuatro imágenes y la mezcla de timidez, cordialidad, seriedad y sabiduría que él transmite. Hablamos de sus libros, de la soledad contemporánea, del azar en nuestras vidas y proyectos, de la posibilidad de hacer justicia en literatura, del desarraigo, de las patrias, de  maneras de escribir... Cercano y distante, fugaz e inaprensible Patricio Pron.
Lola Larumbe, Ernesto Calabuig y Patricio Pron

Momentos del diálogo


martes, 12 de febrero de 2013

Diálogo con PATRICIO PRON

Esta tarde, a las 19: 30, tendré un diálogo con Patricio Pron en la librería Rafael Alberti de Argüelles (C/ Tutor, 57), aquí en Madrid.
http://www.libreriaalberti.com/libros/encuentros/patricio-pron-la-vida-interior-de-las-plantas-de-interior-mondadori/313/

domingo, 10 de febrero de 2013

Finalista del Premio Ribera del Duero 2013

Esta semana, no me acuerdo qué día, me había levantado con esta cara, como de resaca sin haber bebido. Y me sentía gris e invernizo como las canas y la chaqueta, pero llegó la sorpresa de que mi nuevo libro, "Caminos anfibios" estaba entre los seis finalistas del Ribera del Duero 2013 y ya no sé que pasará en adelante (una competencia tan difícil: Tizón, Padilla, Nielsen, Nettel y Peri Rossi), pero haber llegado tan lejos (entre casi 900 manuscritos) ya es para mí un premio, una quiebra en el hielo y en la espera en la que habitualmente vivimos los escritores.
 

lunes, 28 de enero de 2013

Caídas de nuestro tiempo. De Poe a Adrien Brody

Y yo, que no tenía a Adrien Brody por gran actor. Pero eso fue hasta ayer, hasta anoche, cuando vi "Detachment", película dura y tremenda, por lo que cuenta y por el modo absolutamente radical e hipermoderno de presentar la historia. De paso puedes saber hasta qué punto "La caída de la casa de Usher", de Poe, está escrita para hablarnos de las muchas caídas de nuestro propio tiempo. Si la ves en versión original (por favor)... No sé quien eres, pero si la ves en versión original, puede que la prodigiosa modulación de la voz de Brody te rompa en pedazos tanto como su mirada o la vida sin solución de algunos de los personajes. Es una obra de 2011, que aquí se tradujo (incomprensiblemente, como siempre en España) como "El profesor".
 
 

martes, 11 de diciembre de 2012

Entrevista en Frankfurt

http://corrientesdeaguayazahar.blogspot.com.es/
Este es el enlace que conecta con una entrevista que ha tenido la amabilidad de hacerme en estos días la profesora de Frankfurt Inma Ruiz, de la Universidad Justus Liebig de Giessen. Creo que es la primera vez que, gracias a ella, he sido capaz de explicar, entre otras cosas, el porqué de la aparición de Alemania en mis relatos y novelas.

Café Metropol, Frankfurt
 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Colaboraciones en Revista MERCURIO

 

Mis colaboraciones en la revista MERCURIO: Números de octubre y noviembre de 2011. Y números de septiembre y octubre de 2012. Pueden leerse también en la edición digital, de modo gratuito. Escribí, respectivamente sobre Manuel Longares ("Las cuatro esquinas"), sobre los Hijos y nietos del Boom hispanoamericano, sobre Jorge Franco ("Santa Suerte")  y sobre Rafael Chaparro ("El pájaro Speed"). Los próximos serán acerca de Edmundo Paz Soldán ("Billie Ruth") y Roberto Arlt "El criador de gorilas"
 
 







lunes, 19 de noviembre de 2012

Mosquitos en noviembre

"Mosquitos en noviembre" podría ser el título de un buen relato. Lo pensaba esta madrugada a las 6 y 11 cuando ese inoportuno e insaciable insecto me ha dejado sin noche y sin descanso. (¡en noviembre!, ya no hay respeto ni valores, los atesora todos Rouco Varela, los imanta). Antes los mosquitos sólo se cebaban con uno en sitios como Gandía o Cullera y a cambio, durante el día, eras bastante feliz entre la playa y el merendero, lo uno por lo otro. Pues "Mosquitos en noviembre" podría ser un bonito cuento que incluso pudiera hablar de cualquier otra cosa (recuerdo aquel "El otoño en Pekín" de Boris Vian, que no transcurría en otoño y mucho menos en Pekín). No soy, definitivamente, capaz de escribir ese relato, pero estoy convencido de que mi hijo y mi hija (o sus amiguitos del cole) le sacarían un gran partido a la propuesta en una redacción escolar, con asociaciones de ideas deslumbrantes. De Paul Theroux no hablemos, que construyó toda una Costa de los Mosquitos. O del ocurrente mexicano Ibargüengoitia). Los editores deberían ser una especie de dioses visionarios que, sin moverse de casa (todo lo ven),  premiaran al niño (o a Theroux, o a los amiguitos de Facebook) capaces de deslumbrar con una idea, y castigaran al torpe e insomne Ernesto, porque esta vez no, esta vez no... NO escribirás ese cuento. Aunque parece bastante castigo la infertilidad de uno, e incluso estas malas noches con o sin mosquitos.