martes, 31 de marzo de 2015
miércoles, 14 de enero de 2015
POR SI ACASO
No sé si el nuestro es un país extremista, pero sí extremo. No sólo por exagerado o pasional, sino también por las filias y fobias que despierta un personaje cuando pasa a ser demasiado público. El caso es que allá por los noventa, mi profesor de Metafísica en la Autónoma de Madrid, Filosofía, era Ángel Gabilondo. Recuerdo de él grandes clases, civilizadas, compartidas, estimulantes, sugerentes. Recuerdo también su extrema corrección con todos nosotros, su saber escuchar(nos) alejado del simple impartir un guión fijo. Más tarde, como español exagerado, le "perdí la devoción" durante su etapa de Ministro de Educación: de pronto era un político, y quizá su inclinación a entenderlo todo y contentar a todos anulaba en ese ámbito su capacidad ejecutiva, su acción real, su toma de decisiones. Puede ser, o puede ser que yo no entendiese nada. El caso es que anoche me encontraba leyendo su último libro, "Por si acaso" (Espasa), y de repente me sentí de nuevo reconfortado por él, por su agudeza, por su manera afinada de sentir y de pensar. No acierta por igual en todos los "aforismos", pero, cuando lo hace (y lo hace a menudo), te habla precisamente a ti. Y como él dice, en p. 114: "Si alguien ME habla, no simplemente habla" Tengo la filosofía bastante abandonada, pero ella parece que, a la mínima, vuelve a acogerme y no me lo tiene en cuenta.
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miércoles, 7 de enero de 2015
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Lenz
Leyendo a un clásico de la literatura alemana que, por desgracia, falleció hace unos meses, Siegfried Lenz, encuentro una breve frase que resume a la perfección lo mejor y lo peor (la grandeza y la desgracia históricas) del pueblo alemán y de la manera de ser alemana: hablando del padre del protagonista, un hombre que repetía cada día a la perfección, y sin excepciones, sus rutinas, escribe: "Nie vergass er seinen Auftrag" (Nunca olvidaba su misión). Así de grandes son los grandes escritores: cinco palabras y toda una nación.
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domingo, 30 de noviembre de 2014
Teatro. "Periodo de reflexión"
El jueves pasado me acerqué a la calle de la Palma, aquí en Madrid, a una pequeña sala, el "espacio Labruc", para ver una obra en la que actuaba una de las mejores actrices jóvenes del momento, mi sobrina, FABIA CASTRO, habitual ya del teatro, cortometrajes y anuncios televisivos. Era una obra con fondo duro, en torno al círculo sin salida en el que están atrapadas tres prostitutas jóvenes (una española, una mexicana y una congoleña). Los otros dos personajes son la rumana qu...e regenta el club y una agente joven de la Policía Nacional. La obra se llama "PERIODO DE REFLEXIÓN", aludiendo con este título al estado al que pasan las prostitutas detenidas por la policía una vez que se ingresan en un centro de "restablecimiento". Pero reflexión es también la del propio espectador, conmovido por el desolador micromundo que se esconde siempre tras las coloridas luces de neón de un club de carretera. Todas las actrices brillan a gran altura. Sus nombres: Fabia Castro, Carolina Clemente, Marta Malone, Viridiana Moreno, Mikeka N'Shimbi. Idea y dirección Camilo Vásquez. Autor: Sergio Martínez Vila). El éxito de esta representación ha hecho que se prorrogue respecto a las fechas que aparecen en el cartel original. Sin grandes promociones ni mucho presupuesto, esta obra es un ejemplo de cómo pueden ponerse en pie proyectos cuando un grupo cuenta con verdadero talento.
http://www.somosmalasana.com/teatro-periodo-de-reflexion-en-espacio-labruc/
http://www.analopezactores.com/#!fabiacastro/c111e
http://www.somosmalasana.com/teatro-periodo-de-reflexion-en-espacio-labruc/
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miércoles, 26 de noviembre de 2014
Mis Caminos anfibios en LA TORMENTA EN UN VASO
Hoy, Miguel Sanfeliú, publica en LA TORMENTA EN UN VASO esta reseña de mis últimos relatos:
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2014/11/caminos-anfibios-ernesto-calabuig.HTML
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domingo, 23 de noviembre de 2014
"CAMINOS ANFIBIOS" reseñado en Diario Córdoba
Ayer me animó la tarde esta reseña en Diario Córdoba escrita por Pedro Martínez Domene, a quien vuelvo a agradecer desde aquí su análisis de mis relatos y de mi manera de escribir
http://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/todo-tiempo-pasado_922092.HTML
http://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/todo-tiempo-pasado_922092.HTML
jueves, 13 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
Conversando sobre "Caminos anfibios"
![]() |
| Fotografía: archivo de la librería R. Alberti |
Fue un placer charlar sobre mis relatos de "Caminos anfibios" el pasado viernes, 7 de noviembre, en el taller del escritor Javier Morales de la librería Rafael Alberti. Que lean tus cosas y las comenten con tanto entusiasmo, detalle y profundidad, es un gran regalo. Tal vez en esto consista la verdadera vida literaria. Gracias.
viernes, 31 de octubre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
domingo, 5 de octubre de 2014
"Caminos anfibios" en Revista Mercurio
Alejandro Luque escribe esta breve pero hermosa pincelada sobre mis "Caminos anfibios" en el número de octubre de Mercurio:
http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/fotografias-movidas/
http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/fotografias-movidas/
martes, 30 de septiembre de 2014
Una buena presentación
Creo que el diálogo con Javier Morales el jueves pasado en la librería Rafael Alberti, en la presentación de sus "Ocho cuentos y medio", mereció de verdad la pena. No siempre las presentaciones salen como uno quiere, pero en ésta hubo un ambiente cálido, natural, y una conversación que -pienso- dio bastante juego. Cuelgo aquí unas pocas fotos:


martes, 16 de septiembre de 2014
Mis "Caminos anfibios" recorridos por Miguel Ángel Muñoz
Esta es la profunda y fina reflexión de Miguel Ángel Muñoz en El Síndrome Chejov acerca de mis relatos de "Caminos anfibios":
http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2014/09/caminos-anfibios-ernesto-calabuig.html
http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2014/09/caminos-anfibios-ernesto-calabuig.html
lunes, 15 de septiembre de 2014
viernes, 15 de agosto de 2014
BOLAÑO y su "Estrella distante"
Me gustaría decir que “releo” la Estrella distante de Bolaño, pero en realidad esta es mi primera -y
muy tardía- lectura. Por mucho que uno lea, siempre llega tarde a la cita con
libros importantes. La suerte es que este tipo de obras saben esperarnos y no
nos reprochan la demora, siguen intactas, disponibles, dispuestas para
recibirnos. En el caso de Estrella distante, queriendo brillar para hacernos
partícipes, desde las primeras páginas, del emerger de la figura diabólica del
supuesto poeta autodidacta Ruiz-Tagle (Carlos Wieder) en tiempos de pre-golpe
chileno, de los destellos crecientes del monstruo, del torturador disfrazado en
aquel entonces aún de joven artista. No tarda en llegar la densidad narrativa
que siempre logra Bolaño (sí, sigue logrando, no cabe aquí el pretérito imperfecto),
su misterioso talento sobreabundante que desborda los límites de sus historias
como si le faltara espacio y, sobre todo, tiempo. Porque la de Bolaño –después
supimos- era una carrera veloz, agónica, para darlo todo, para expresar pronto,
como si lo volcara, lo mucho que tenía dentro. Pero estamos en medio de unos talleres de poesía. Es
1973. Y en medio del grupo –entre gente libre y llena de sueños, gente capaz de
amar- crece entre palabras la sombra del teniente-aviador Carlos Wieder, de la
Fuerza Aérea Chilena. El supuesto aviador-poeta. Pronto llegará el Golpe. Años
después, la búsqueda emprendida por el amigo Bibiano, su seguir las pistas de
Juan Stein y de Soto en el exilio (poetas profesores de aquellos talleres),
recuerda en la lejanía a otra desesperada búsqueda, la del
escurridizo/fantasmal Archimboldi en 2666.
Cómo explicar todo lo que Roberto Bolaño va abriendo frente a tus ojos, y en tu
mente, mientras lo lees, ese despliegue a la vez humano y sobrehumano, contingente
y necesario. A veces los monstruos son capaces de inquietar y superar a sus propios hermanos de armas y sangre. Así Wieder –tras la exhibición aérea por el cielo de
Santiago entre nubes de tormenta- con su macabra exposición fotográfica en una
pequeña sala donde se entra en fila de uno: el puro horror fotografiado, la
constancia seriada de lo inhumano. Y Bolaño encaminándonos hacia el giro final:
dar con el paradero del criminal Carlos Wieder una vez que aparece esa figura
necesaria, Romero, el sagaz ex policía en otro tiempo condecorado por Allende. Cuando
ya piensas que Bolaño se ha perdido por digresiones acerca del submundo del
cine porno y una profusa relación de revistas literarias de la extrema derecha…
de nuevo te ves en la persecución del macabro Wieder y ya nada va a distraerte.
Han pasado veinte años de la barbarie, pero los verdugos siguen teniendo sus
horas de tomar café por mucho que se encuentren bien lejos. Y todo tenía y
tiene, pues, sentido en la narración, y ya no parece haber una palabra de más ni de menos: nada
falta, nada sobra, porque ese tramo final es simplemente adecuado, justo,
perfecto.
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lunes, 4 de agosto de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
Teoría de la supercompensación
Cuando yo era un joven atleta, corredor de mediofondo, tuve un entrenador, Antonio Postigo, que estaba absolutamente obsesionado por la "teoría de la supercompensación". Básicamente significa no conformarse con entrenar suave, sino, al contrario, sobrecargar el cuerpo, exigirse. La teoría es: el que entrena lento se queda lento. El que entrena a ritmo duro recibe, en cambio, la recompensa de un cuerpo veloz, preparado para sorpresas de cambios de ritmo en la competición, etc. Con aquellos entrenamientos salvajes, progresábamos deprisa, pero también muchos se quedaban, o nos quedábamos, por el camino (o llegabas a fin de temporada roto). Me pregunto qué será en literatura algo parecido a la supercompensación. Es obvio que no se trata de escribir una novela o dos al año por una suerte de inercia de "escritor profesional" (eso ya lo hacen Pombo, Reverte, Luis Mateo Díez... y tantos otros grafómanos que cumplen su contrato editorial incluso sin tener mucho o nada nuevo por decir). Como dijo Eliot, One can write too much. Creo que la supercompensación literaria tiene más que ver con no soltar el hueso de la creación, con ser un instrumento abierto y afinado, y un lector voraz, casi enfermo, como lo era Bolaño.
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miércoles, 16 de julio de 2014
"Caminos anfibios" reseñado por Guillermo Busutil en la prensa de Málaga
Guillermo Busutil escribió el pasado sábado un poético artículo en La opinión de Málaga sobre mis "Caminos anfibios". Y si yo fuese un hombre tecnológico como Dios manda, sabría subir un PDF aquí para compartirlo en condiciones. Gracias de corazón, Guillermo.
(Este es el texto, publicado con el título Ángeles de Wenders):
"Muchos libros se abren con una cita. Una frase rotunda que viene a ser la atmósfera de lo que el lector va a encontrarse dentro. El espíritu de las historias que desarrollan esa cita. ¿Como se escoge una cita? ¿Es primero la poética o el escritor es el que determina la búsqueda de una frase? Hay veces que una cita es suficiente. En cambio, otras, se puede contraponer otra idea diferente, la opción de otra poética. Y también es razonable que sean varias citas las que se complementen, igual que si fuesen los versos de un poema. El listado de aquello que el autor no va a traicionar dentro. No le he preguntado a Ernesto Calabuig qué opina al respecto. Tampoco por qué no ha colocado citas en el porche de su tercer libro de relatos Caminos anfibios, finalista del Premio Ribera de Duero. Tal vez ha sido su habitual timidez la que le ha empujado a poetizar el alma de su libro en el tercer relato (igual que el corredor de medio fondo que suele esconderse las primeras vueltas) abierto por estas citas. “El pasado nunca deja de moverse aunque parezca inmóvil. Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.” Rodrigo Fresán. “Porque lo que está nos habla y lo que no está nos interroga”. Claudia Piñerio. La poesía de sus espléndidas narraciones perfectamente descritas. Sus personajes latiendo como una sombra bajo el agua. La vida en unas líneas. Dos hermosas maneras de sintetizar el alma de las trece historias acerca del pasado, del recuerdo, de la literatura, protagonizadas por unas criaturas que son ángeles de Wenders que no saben del camino sobre el hielo. Los únicos capaces de hacerlo con éxito son Herzog y Kinski. Dos caras de la misma locura con la que un personaje de Calabuig no puede competir cuando una llamada de teléfono reactiva su pasado. Ángeles de Wenders que también observan lo que están a punto de perder, la identidad que se perturba o resbala en el aire. Y también el amor de cerca y a distancia, tentados o cayendo en su vértigo, sin saber si el amor es un secreto hasta que se descifra su publicidad engañosa, hasta que se reduce a una mínima pulsera azul de cuentas árabes o a un esquema pausado, amistoso y tranquilo hasta que irrumpe el deporte.
(Este es el texto, publicado con el título Ángeles de Wenders):
"Muchos libros se abren con una cita. Una frase rotunda que viene a ser la atmósfera de lo que el lector va a encontrarse dentro. El espíritu de las historias que desarrollan esa cita. ¿Como se escoge una cita? ¿Es primero la poética o el escritor es el que determina la búsqueda de una frase? Hay veces que una cita es suficiente. En cambio, otras, se puede contraponer otra idea diferente, la opción de otra poética. Y también es razonable que sean varias citas las que se complementen, igual que si fuesen los versos de un poema. El listado de aquello que el autor no va a traicionar dentro. No le he preguntado a Ernesto Calabuig qué opina al respecto. Tampoco por qué no ha colocado citas en el porche de su tercer libro de relatos Caminos anfibios, finalista del Premio Ribera de Duero. Tal vez ha sido su habitual timidez la que le ha empujado a poetizar el alma de su libro en el tercer relato (igual que el corredor de medio fondo que suele esconderse las primeras vueltas) abierto por estas citas. “El pasado nunca deja de moverse aunque parezca inmóvil. Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.” Rodrigo Fresán. “Porque lo que está nos habla y lo que no está nos interroga”. Claudia Piñerio. La poesía de sus espléndidas narraciones perfectamente descritas. Sus personajes latiendo como una sombra bajo el agua. La vida en unas líneas. Dos hermosas maneras de sintetizar el alma de las trece historias acerca del pasado, del recuerdo, de la literatura, protagonizadas por unas criaturas que son ángeles de Wenders que no saben del camino sobre el hielo. Los únicos capaces de hacerlo con éxito son Herzog y Kinski. Dos caras de la misma locura con la que un personaje de Calabuig no puede competir cuando una llamada de teléfono reactiva su pasado. Ángeles de Wenders que también observan lo que están a punto de perder, la identidad que se perturba o resbala en el aire. Y también el amor de cerca y a distancia, tentados o cayendo en su vértigo, sin saber si el amor es un secreto hasta que se descifra su publicidad engañosa, hasta que se reduce a una mínima pulsera azul de cuentas árabes o a un esquema pausado, amistoso y tranquilo hasta que irrumpe el deporte.
EL CINE, LA TELEVISIÓN, los mundos postizos y los confortables, los que a pesar de su rutina un día inquietan -como aprendió de Handke- o se convierten en una canción de Hilario Camacho susurrando recuerdos en segundo plano a los que los personajes tienen que enfrentarse, son las atmósferas de estas piezas en las que cada protagonista y su envés abordan la angustia de enfrentarse a las rachas de viento del destino, al alarido Sternezeinchen de un mago iluminando zonas oscuras dentro de un sueño, dentro también de la vida que uno esconde, como si hubiese olvidado que somos responsables de nuestra identidad, de sus defectos y frustraciones, de la vida de la que una vez huimos. Lo aprendió Calabuig de Max Frisch. Lo mismo que sabe las razones que asolan actualmente al mundo de los escritores, de los editores, de los artistas incapaces de reinventarse, de hacer que vuelva a importar la calidad y el trabajo bien hecho. Que de vez en cuando hace falta que un tipo duro, consecuente y honesto, como Lou Grant o Ed Asner, atrone la voz e imponga un basta de lo mediático y lo comercial para regresar a lo educativo y cultural. No se esconde Calabuig en sus cuentos. Puede que alguno de sus personajes no sea consciente del todo de los efectos secundarios del coqueteo, que ignore que la memoria es una tienda de campaña a la que escaparse de vez en cuando a solas en medio de cualquier parte. Son gente austera, sienten la culpa, saben que a veces la imaginación es como una trinchera en medio de la guerra. Son humanos ángeles de Wenders. Por eso Calabuig los quiere y los salva, y cuando se sienten más perdidos, entre el barro de la orilla, la tormenta turbia del agua y el gris grueso del viento, la voz suave de la memoria les cosquillea al oído: regresa, aún te queda por hacer".
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